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La puerta principal del Palacio de la Moncloa, la sede del Gobierno y residencia del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, es también, desde hace 37 días, el hogar de Segundo Quiñones, un colombiano que permanece en huelga de hambre al no recibir soluciones a sus demandas, gual que sucede en cualquier país del tercer mundo.
Quiñones, vicepresidente de la Asociación de Familias Hipotecadas, Embargadas y Abusos Bancarios de Elche (Alicante) , duerme en una tienda de campaña que despliega cada noche ante el Palacio de la Moncloa, la sede gubernamental, junto a un puente que le sirve para guarecerse y al lado de un transformador eléctrico que muestra un aviso de "Peligro, alto voltaje".
En abril pasado, el colombiano caminó los cuatrocientos kilómetros que separan a Elche de Madrid para "exigir al Gobierno unas hipotecas justas para todos", la paralización de los embargos y, sobre todo, que "no sigan masacrando a los padres de familia" que, como él, sufren el desempleo y, por ende, la falta de dinero para pagar su cuota mensual.
"Es el caso mío y el de muchos españoles, inmigrantes y de todos en general. Ya es hora de que empiecen a hacer algo", dijo Quiñones.
La pérdida de empleo, a la que se puede unir la de su hogar, causa estragos no solamente en su vida en España, donde vive hace nueve años, sino también en Colombia, donde tiene tres hijos.
"Estoy luchando como puedo. Siento mucha tristeza cuando mi hijo me pregunta: ‘Papi, ¿por qué no vienes a casa?’. Le digo: ‘Porque un banco me la está quitando’", relató Quiñones.
Desde su actual "residencia" ha sido testigo del paso de diversas personalidades, entre ellas el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, e incluso el de su país natal, Álvaro Uribe.
"Hay gente que pasa por aquí y nos da muestras de apoyo, pero también hay gente que me grita: ‘Lárgate a tu país’ o ‘ponte a trabajar’, pero esta gente no entiende que no sólo es mi lucha", añade Segundo Quiñones, de 41 años y oriundo de la ciudad colombiana de Cali.
Para él, la única manera de conseguir justicia es la huelga de hambre y por ello está "dispuesto a morir".
"Estoy dispuesto a llegar hasta el final" , lo cual "no me parece irresponsable porque yo, antes de ser esclavo de un banco, prefiero morir" , sentenció.
El día a día de Quiñones comienza antes de las nueve de la mañana, cuando los guardias palaciegos se acercan para pedirle que recoja su casa de campaña.
Entre olores fétidos, automóviles, visitas espontáneas, libros y falta de higiene transcurren los días de este hombre que ya ha perdido más de 17 kilos.
"Te levantas de aquí, recoges todo, vas y te cepillas los dientes, te lavas la cara con una manguera que hay por allá amarrada y de ahí te vienes aquí a ver los coches. Así va pasando el día. Leo un libro o escribo mi diario personal", explica el huelguista.
Un total de 467 miembros integran ahora la Asociación de Familias Hipotecadas, Embargadas y Abusos Bancarios que encabezan él y su esposa, la española Toñi Cano, y que nació a principios de 2009, cuando se dieron cuenta de que su situación era parecida a la de muchos otros ciudadanos.
De momento, Quiñones ha salvado su vivienda tras la paralización de su subasta el pasado día 22. "Puede venir otra (subasta), así que soluciones verdaderas no tengo" y "lo único que podemos hacer es unirnos y luchar y tener mucha fe en Dios", añadió.
Cuando Quiñones se instaló a las puertas del Palacio de la Moncloa ya había otro "inquilino", el español José Sánchez, que hace 77 días llegó andando desde Manresa (Barcelona), ya no por recuperar su vivienda, sino en protesta por la crisis en general.
Este hombre, al que el colombiano llama "el catalán", también espera frente a la verja del Palacio. Allí, al lado del transformador de alta tensión, aguardan sentados con la esperanza de que no llueva.