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Europa tiene frío

El continente sufre las consecuencias de la pelea entre Ucrania y Rusia por el gas natural. La Unión Europea toma cartas en el asunto.

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Los antiguos aliados escogieron una pésima fecha para pelear. La disputa entre Rusia y Ucrania por el gas natural tiene en jaque a toda Europa, que diseña planes de contingencia debido al corte en el suministro del combustible y a la escasez de las reservas.

La situación se hizo tan insoportable en Croacia y Rumania, que declararon miércoles el estado de crisis seguido por una serie de medidas para paliar la situación: aumento en las importaciones del combustible y cortes a los usuarios.

En Bulgaria la situación es crítica. El país, que afronta temperaturas de -19° C, anunció que sus reservas de gas natural sólo alcanzan para los próximos seis meses. El gobierno búlgaro prepara desde ya planes de contingencia, como la reapertura de una planta de energía nuclear. Tan sólo miércoles el consumo energético cayó 70%.

El problema obligó a la Unión Europea a tomar cartas en el asunto. Mientras los países balcánicos se declaraban en emergencia y sus principales socios, como Francia y Alemania, denunciaban cortes, los altos estamentos del grupo hicieron un llamado al diálogo.

Y la respuesta fue positiva. José Manuel Durao Barroso, presidente de la Comisión europea, anunció ayer que tanto rusos como ucranianos aceptaron monitores de ambos países para encontrar una solución; una tarea  bastante difícil: la disputa entre Moscú y Kiev es por celos.

El acercamiento de Ucrania y su posible candidatura a la Unión Europea prendieron las alarmas en Moscú. En enero de 2006, los rusos subieron el precio del gas que vendían a su antiguo aliado soviético.

Esa pelea se resolvió en tres días bajo el auspicio de la UE, que intervino cuando Rusia disminuyó la presión de bombeo. Pero el miércoles el suministro fue cortado completamente porque Kiev no accede a pagar un nuevo valor: US$450 por mil metros cúbicos (precio de mercado) y no US$250 (precio “amigo”).

Esta nueva crisis también supone un nuevo interrogante para la UE: ¿qué tan dependiente es del gas ruso? Gazprom, la estatal rusa, le vende a la Unión el 42% de las importaciones del combustible, y cerca de la mitad del continente depende directamente de su suministro.

El segundo proveedor, Noruega, dijo este miércoles que no tiene la capacidad suficiente para aumentar su producción; el 90% de la misma es comprada por Europa.

Mientras se mueren de frío, ecologistas hicieron un llamado para fomentar energías renovables en el continente.

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