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Si François Fillon se retira de la competencia por la Presidencia en Francia, sus votantes tal vez extrañarán uno de sus atributos más certeros: el hecho de que, a pesar de la presión supina que busca domeñarlo por todo costado, se ha mantenido firme y se niega a renunciar sin antes haber entregado cuanto tiene. “No cederé, no me rendiré, no me retiraré, iré hasta el final”, dijo el miércoles. Y lo dice, con ese dejo característico de su francés diplomático, justo cuando 60 de sus aliados le han dado la espalda y dos semanas antes de que acuda a la Fiscalía para que lo inculpen por un escándalo de corrupción que lo forzó a transitar del prestigio y la promesa a la completa soledad.
La justicia francesa investiga a Fillon, de 71 años y un político desdeñado por Nicolás Sarkozy cuando fue su primer ministro, por haber contratado a su esposa, Penelope, y a dos de sus hijos como asistentes parlamentarios aunque, en realidad, no fungían como tales. Ganaron sus sueldos sin haber cumplido ningún trabajo. Fillon se ha declarado inocente y se ha declarado en abierta guerra contra los “ataques políticos”. Su ánimo, sin embargo, parece disminuir cada semana, puesto que desde que comenzó aquella pesquisa su campaña se ha dedicado sin espera a la reafirmación de su honestidad y su decencia. Hoy, el 25 % de los franceses, según una encuesta reciente, consideran que Fillon debe retirar su candidatura.
Todo empezó muy bien. Demasiado bien. En las primarias de Los Republicanos, Fillon tuvo la potencia de una avalancha: entró como un candidato menor y al salir victorioso en las dos vueltas del balotaje había derrotado, sin un centímetro de duda, a un expresidente (Nicolás Sarkozy) y a un ex primer ministro (Alain Juppé). Entonces Fillon se trocó en la promesa esencial de una nueva derecha francesa: alguien que tendría la capacidad entera para convertir en un fracaso exquisito la candidatura de su principal rival, Marine Le Pen, líder del Frente Nacional.
Semanas después, por la investigación del tabloide Le Canard Enchaîné, el apellido Fillon comenzó a figurar con más frecuencia en los medios y por motivos que él mismo, en su fuero interior, de seguro despreció: tuvo que entregarse a la prensa para responder por los supuestos sueldos ficticios de su esposa (y también de un primo) y hubo quien lo señaló de nepotista. Día a día la avalancha ríspida del inicio se fue convirtiendo en una lluvia sin vigor, fatigada. Las encuestas, que lo ponían en primer lugar por encima de Le Pen, lo degradaron al tercer lugar y entonces su campaña tuvo que aceptar, obligada también por las presiones que llegaban de sus aliados y de los comentaristas políticos, que Fillon estaba deshecho.
Las presiones son evidentes. Este jueves, la policía parisina allanó su hogar en busca de pruebas. Desde hace una semana corre el rumor de que Alain Juppé lo reemplazaría como candidato en caso de que él se resignara al desencanto. Juppé, experto en retórica política, ha dicho que respalda la candidatura de Fillon hasta el final, que es un leal sin mácula, pero no se “escabullirá” si lo requieren como batería de primera línea. Los constantes pedidos por su retiro apuntarían a levantar la candidatura de Juppé, aunque éste sólo hubiera recibido poco más del 30 % de los votos, frente al 66,5 % que eligió a Fillon. El conservador y ex primer ministro Dominique de Villepin dijo: “No puede ser candidato porque ya no puede hacer una campaña de fondo para defender ideas y un ideal republicano y democrático”.
La decisión, pese a toda la lealtad política que pueda existir, tienen que tomarla en los próximos días. Cada candidato debe conseguir el apoyo de al menos 500 representantes locales para validar su candidatura, y la primera vuelta de las elecciones es el 23 de abril. Fillon deberá tener en cuenta también que Emmanuel Macron, exministro de Economía del presidente François Hollande, ha avanzado sin cesar con la perspectiva de ocupar el espacio precioso que deja el candidato malogrado.
Macron, cuyo programa de gobierno está apenas esbozado (ha dicho, por ejemplo: “Francia es un país irreformable. Pero no proponemos reformarlo. Proponemos una transformación completa”), se ha unido a distintas fuerzas políticas de centroderecha para vigorizar su ansia de ser presidente. Es un candidato joven, que tiene el voto joven y cuya carrera estrella durante la presidencia de Hollande le da cierto respaldo en su hoja de vida. De los tres primeros candidatos, es el único que no tiene investigaciones pendientes. Fillon, entre tanto, tratará de dar un último golpe de gracia este domingo, con un mitin en su defensa.