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En rueda de prensa tras su encuentro con el presidente electo, Gustavo Petro, Jean-Luc Mélenchon dijo que, mientras para la mayoría de líderes de izquierda latinoamericanos el medio ambiente es un tema accesorio en sus agendas, Petro es el único que pone ese asunto en el centro y por eso podría tener liderazgo regional.
Mélenchon, quien quedó tercero en las elecciones presidenciales francesas, asegura que ver que el giro a la izquierda de América Latina fue para él un alivio psicológico. Afirmó, además, que Petro le dio muchas ideas que quiere aplicar en Francia y que viene de gira por América Latina a aprender de los ganadores. El líder de la que él denomina “izquierda de ruptura” y ha sido un duro opositor de Emmanuel Macron, logró 131 asientos en el Legislativo.
En entrevista con El Espectador, habla contra el neoliberalismo y de cómo lo influyó el populismo latinoamericano.
Usted logró reunir a la izquierda en Francia en torno a su figura. ¿Cómo lo hizo?
No fue alrededor mío, fue una estrategia larga. Primero definimos una línea y un programa concreto de medidas de ruptura controlada con el sistema, no solamente en su forma capitalista antisocial, sino también en su forma productivista antiambiental.
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Nos inspiramos en el llamado “populismo latinoamericano”, al que se refería Ernesto Laclau, el teórico político posmarxista argentino. Buscamos renovar el pensamiento de izquierda en términos de métodos y llegar a algo distinto de lo que promueve la izquierda clásica, que se encerró en el pensamiento del siglo XIX e inicios del XX. Existe la tesis de que si la máquina capitalista avanza va a quedar algo bueno para los trabajadores y vamos a tener beneficios. Pero esta estrategia es totalmente inaplicable en un contexto en donde el capitalismo financiero no hace acuerdos con los trabajadores. El capitalismo tiene la fuerza para superar todos los marcos de negociación si lo liberan de toda regulación. Poco a poco se pasó de la socialdemocracia, negociando ventajas para los trabajadores, al social liberalismo y al final al liberalismo casi puro con una forma un poco más amable que el neoliberalismo feroz, pero ignorando los valores que tenía antes la izquierda, como la fraternidad y las buenas intenciones.
Hasta hace poco en Francia pensaban que el movimiento Francia Insumisa estaba muerto, que no teníamos más para hablar y que la radicalidad que yo encarnaba no era un hecho social, sino que era una característica psicológica mía. Hasta que descubren que la radicalidad que yo expreso está en la sociedad y esto dio como resultado la fuerza que tomamos en las elecciones pasadas. Se confirmó que es alrededor de la izquierda de ruptura, supuestamente llamada izquierda radical, que se puede reconquistar la confianza del pueblo, de las personas más humildes del país y formar una fuerza capaz de ser mayoría. En doce días construimos un acuerdo con las otras fuerzas políticas, que tenían pocos días para elegir si seguían con nosotros o si quedaban aisladas y, probablemente, no obtendrían ni una curul. Se hizo un acuerdo no solo electoral, sino programático con 600 medidas. Algunos querían medidas simbólicas. A eso le dijimos que no: o nos íbamos con un programa o nada.
Afirma que se inspiró en el concepto de populismo que plantea Ernesto Laclau. Para él, el fenómeno de populismo se presenta cuando hay crisis de hegemonía; es decir, cuando se rompe la unidad del poder que domina las instituciones. En América Latina se suele percibir a las instituciones europeas como un referente. ¿Están deterioradas las instituciones en Francia?
Muy deterioradas. Tuvimos una ola de abstención del 28 % en la elección presidencial. En Francia, el presidente reúne de manera secreta al Consejo de Defensa para tomar decisiones sobre muchos aspectos de la política nacional; una práctica antidemocrática. Tras las elecciones legislativas, La República en Marcha, el partido del gobierno electo un mes antes, perdió cien asientos y pasó a ser minoría. En los países democráticos, cuando se pierden las elecciones legislativas el presidente se va, pero en Francia el presidente habló ante la Asamblea Nacional y dijo que quienes no quieren entenderse con él están bloqueando todo. ¡No! Nosotros fuimos electos con un programa y vinimos a defender ese programa democráticamente.
El populismo no es un dogma, es un momento, es una manera de actuar en un contexto donde se desprecian masivamente las instituciones democráticas. El objetivo es renovar estas instituciones. Por esto, de Ecuador y de Venezuela llevamos la consigna de Constituyente a Francia como método revolucionario para renovar la democracia de nuestro país. No estamos por un régimen de la barricada permanente.
Creo que hay un momento populista en Francia que se refleja en la Nueva Unión Popular Ecologista y Social (NUPES). Antes, la única forma de expresar la inconformidad era votando por la ultraderecha. Estamos al inicio de un gran cambio que se viene para Francia. Ya se ve una forma de movilización popular que está rechazando al poder, no por razones ideológicas, sino por cosas concretas. No hay agua, salud ni empleo. Entonces tomamos la consigna del populismo argentino que dice: “¡Que se vayan todos!”. Nosotros lo cambiamos por: “¡Váyanse ustedes!”.
En los territorios de ultramar, donde usted ganaba en primera vuelta, Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha, ganó en la segunda vuelta. ¿Cómo explica ese fenómeno?
Marine Le Pen representaba en este caso la mejor manera a sus ojos de echarlos a todos. Ahora será un poco diferente porque su partido votó en la Asamblea Nacional contra el aumento del salario mínimo y eso no la beneficiará en los entornos populares. Sin embargo, ella se presentó como una alternativa más odiada que las clases dirigentes. La gente, más que todo en las clases populares, quiere echar a los neoliberales, sean del Partido Socialista o de derecha.
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¿Qué representa la izquierda en Europa?
Ahora casi nada. Quedan los franceses con la NUPES y los insumisos; los españoles con Podemos y el gobierno de Sánchez y en Portugal que el Bloco y el Partido Comunista, pero fueron derrotados. Y bueno, estoy hablando la izquierda supuestamente radical, pero tenemos que en Italia no queda ninguna forma de izquierda, solo pequeños grupos.
En Alemania la socialdemocracia, los verdes hicieron una alianza con los derechistas liberales. La izquierda supuestamente radical, Die Linke, es muy débil y muestra incapacidad de ganar una audiencia de masa como hicimos nosotros en los barrios populares. Porque, disculpe que lo diga así, pero quedan muchos burócratas en Alemania que tienen un nivel de imaginación política muy bajo y pasan su tiempo esperando que los acepten en la coalición preocupados por verse “presentables”. Yo soy muy orgulloso de no ser presentable. Me critican porque soy mal vestido. Pienso que esto es una forma de odio de clase muy visible que nos enseña que es inútil esperar ser considerado por cierta gente. Me duele decir que no queda izquierda. No queda izquierda en Hungría ni en Polonia ni en Eslovenia. En Eslovenia tenemos un grupo de amigos que nos tienen como referencia y nos preguntan cómo subimos a donde llegamos en Francia. Asumen que es la unión, pero yo les digo que no, que es la ruptura. La unión fue posible porque había ruptura.
Usted elogia al gobierno de Petro y critica al neoliberalismo, pero Petro ha pactado con partidos tradicionales que hicieron parte del montaje del modelo neoliberal en Colombia. ¿Cómo ve usted esas alianzas?
Primero hay que darle tiempo para respirar y gobernar un poco antes de criticar y echar piedras, como lo hacen todos los izquierdistas del mundo. Hay que apoyar e intentar comprender. Una izquierda con un programa como el de Petro, que es antiliberal y busca reconstruir el Estado en una época de capitalismo financiero que lo dejó destruido, es algo revolucionario y también lo es ampliar la democracia ciudadana.
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Creo que el surgimiento de Petro es tan fuerte que por eso el campo político se organiza alrededor de él. Si no hay apoyo y la ultraderecha y los sectores irresponsables aíslan a Petro fracasará la política… Creo que Petro va a tener éxito y a reorganizar la vida política de su país. De los líderes de izquierda latinoamericanos, es el único que pone en el centro la agenda ambiental.
Si en Francia yo tuviera la posibilidad de pactar con la derecha un acuerdo para reconstruir el Estado, rebajar el nivel de poder de las más grandes empresas y hacerles pagar impuestos, creo que lo haría. Ayudemos a construir una alternativa popular suficientemente poderosa capaz de hacer sentir a los adversarios que es mejor acordar con Petro.
Petro también logró reunir a los partidos de izquierda y el apoyo de varios líderes de centro, pero no pudo conseguir el apoyo de Sergio Fajardo, a pesar de que este compartía cosas de su programa. ¿Cuál es su pensamiento sobre el denominado centro político?
En América Latina existe la idea de que no se puede ganar sin el centro y entonces la izquierda debe ser de centro-izquierda, es decir, rebajar el nivel de las propuestas y hacer un buen acuerdo con los medios de comunicación que son, en su mayoría, de los ricos. El centro siempre es sinónimo de la derecha, el centro no existe en ninguna parte del mundo. El cambio climático nos pone contra la pared con una pregunta: ¿cómo salimos? ¿Todos juntos o cada uno por sí mismo? Esas son las dos alas del pensamiento político.
Tras su visita a México, usted dijo que con López Obrador ese país podría impulsar un diálogo real sobre Ucrania. ¿Por qué?
Porque México es un país bastante grande y poderoso, y necesitamos un liderazgo no alineado. El no alineamiento no quiere decir neutralidad. No podemos aceptar que haya invasores y guerras de frontera en Europa. Conocemos toda la provocación que hicieron los estadounidenses, pero quién pasó la frontera no fue la OTAN, sino los rusos y esto empieza un nuevo ciclo de violencia que puede ser total. Aquí tampoco hay centro: o guerra total o diplomacia.
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Si yo hubiera sido electo en Francia, mi propuesta habría sido salir de la OTAN y hacer parte de una liga no alineada. Habría asumido una postura diplomática con contenido altermundialista; es decir, con una propuesta como la que hicieron los bolivianos de garantizar el derecho al agua como universal y establecer un tribunal climático contra los ecocidas. Tenemos muchos temas en los cuales somos capaces de formar una nueva coalición y lo digo porque es una necesidad. Occidente tiene que tomar en cuenta que cuando se votó para condenar a Rusia, la mayoría de la población mundial representada por sus Estados no votaron. No es porque a esos Estados les guste la guerra, sino porque no parece una opción seria alinearse con los Estados Unidos y apoyarlo en cada una de sus guerras. Los rusos tienen que parar la guerra y salir de Ucrania. Andrés Manuel López Obrador podría ejercer el liderazgo de una coalición así, pero no está interesado. Él quiere demostrar que es posible tener un poder social y ambientalmente adelantado y sin el fracaso total con los Estados Unidos. Para los colombianos hay un buen escenario para el no alineamiento: los Estados Unidos están en declive y China muy presente; entonces, algunas veces pueden elegir a los norteamericanos y otras a los chinos.
En rueda de prensa usted afirmó que la democracia es anticapitalista. ¿Qué quiere decir eso?
La democracia es anticapitalista porque el capital no es hoy día una forma nacional, como era en el siglo XX, es una forma globalizada en la era financiera. Entonces el objetivo es ser libre, desregular y cuando hay conflicto arreglarlo entre ellos pasando por encima de la ley y desafiando los parlamentos. Necesariamente, esta forma de capital va a ser más y más autoritaria. Eso no es una sorpresa. El neoliberalismo nació en el Chile de Pinochet y hoy vemos que los países que adaptaron ese modelo son los que maltratan más duro al pueblo. Francia fue el último país de Europa en hacer un cambio fundamental al neoliberalismo y miren la violencia de la Policía francesa.
El presidente Macron dice que en Francia hay empleo y que conseguirlo es tan fácil como cruzar la calle. Pero hay seis millones de desempleados y no es porque no quieran cruzar la calle, es porque no hay seis millones de empleos. Se piensa que una pandemia es culpa del enfermo y no de la transición de la viruela de los animales salvajes a los domésticos con la agricultura intensiva. Esto está ocurriendo en Francia, el país de la revolución que se construyó alrededor del hilo rojo de la igualdad. Es una muestra clara de la fórmula brutal del neoliberalismo, que responsabiliza de manera individual los problemas sociales.