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En Italia, como suele suceder, el silogismo implica matices. Ganó el Pueblo de la Libertad, de Silvio Berlusconi, pero por 10 puntos menos de lo esperado. Y perdió el Partido Democrático (PD) que en la derrota ha encontrado una alegría que muchos temen, la indiscutible victoria personal de Debora Serracchiani, su candidata de Udine.
La abogada romana, de 38 años, que en marzo se convirtió en la estrella emergente del PD gracias al revuelo que formó su potente discurso ante los círculos regionales, superó en votos en la región de Friuli Venezia Giulia a los demás candidatos, ya fueran amigos o adversarios. En su blog , que ha sido su principal arma de campaña, la candidata saludó su victoria con este comentario escueto: “¡Le he ganado a Papi!”.
La novedad del fenómeno Serracchiani, dejando aparte su imagen de jovencita ingenua y con flequillo, tiene elementos de fábula obamiana: surgiendo de la periferia y el anonimato, logró combatir la parálisis de su propio partido y se impuso en la muy machista y televisiva campaña italiana usando sobre todo el arma de la internet.
Los candidatos del propio Partido Democrático salieron también malparados respecto a ella, pues no le apostaban a su triunfo.
Ahora muchos esperan, y algunos dentro del partido temen que Serracchiani sea más que una simple eurodiputada. Con el congreso del partido, previsto para otoño, se dice que Debora podría crear una corriente joven que aspire a mucho más. ‘Papi’ todavía no se recupera de la derrota, más aún viniendo de manos de una ‘antivelina’.