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Pocos saben que Rusia y China casi van a la guerra. “Los chinos estaban desesperados. Estaban bajo una enorme presión militar”, dijo Frederick Starr, presidente fundador del Instituto Asia-Central Cáucaso de la Universidad John Hopkins. “Yo recuerdo haber visto justo después del colapso de la Unión Soviética 4.000 tanques parqueados en Uzbekistán. Estaban allí (desde hacía años) para una acción futura contra China”.
La ruptura sino-soviética se originó a mediados del siglo XX por las diferencias ideológicas entre las dos potencias comunistas. Mientras que Nikita Kruschev optaba por la coexistencia pacífica, el gobierno maoísta aún creía en el valor de la revolución mundial y no aceptaba la falta de compromiso de su vecino del norte.
Sin embargo, quizás más que las diferencias políticas, el alejamiento lo produjeron numerosas disputas territoriales. La década de los 60 fue particularmente tensa: “Al otro lado de la frontera con Kirguistán y Tayikistán, todas las carreteras que conducen a la provincia china de Xinjiang son muy gruesas”, dijo Starr. “Rusia las hizo así para poder aterrizar grandes aviones militares. Había mallas eléctricas, sensores, y los rusos estaban enviando miles de pasaportes a la región, con la esperanza de que la gente huyera, el lugar se debilitara y al final pudieran conquistarlo”. El historiador americano cuenta que como respuesta, “China trajo a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) para hacer monitoreo a toda esta situación, y tuvieron una cooperación muy cercana en ese entonces”.
Todavía hoy se vive una tensión invisible entre los países liderados por Xi Jinping y Vladimir Putin, así no sea igual de crítica. China no es indiferente a las situaciones que puedan oler a expansionismo por parte de Rusia, en especial porque ambos consideran a una misma región como su patio trasero: Asia Central
Alexei Bayer, analista político ruso y columnista de The Moscow Times, considera que “China probablemente está muy preocupada con lo que pasó hace unos días cuando Putin anunció que Kazajistán nunca ha sido un estado soberano”. Explicó a El Espectador que ahora los rusos están haciendo ejercicios militares en la frontera con Kazajistán.
Asia Central integra al norte de India y Pakistán la provincia occidental china de Xinjiang y los países de Afganistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Kazajistán. Allí, Rusia tiene intereses de seguridad y China mantiene una hegemonía económica. Casey Michel, analista político kazajo de la Universidad de Columbia, considera que “China está dispuesta a mantener este acuerdo (tácito con Rusia) mientras sus intereses estén protegidos. Sin embargo, en el momento en que la estabilidad se vea alterada, especialmente si la seguridad de China se ve amenazada, es claro que veremos movimientos por parte de Beijing”.
Pero China y Rusia son aliados económicos y la crisis de Ucrania no ha hecho sino profundizar sus lazos. Se ha dicho que el gran ganador de la crisis de Ucrania ha sido China, por el giro hacia oriente con que Putin ha contrarrestado las sanciones de Estados Unidos y la UE. Durante la última semana, Rusia ha anunciado proyectos energéticos con China o la ha invitado a ser partícipe de ellos.
El gasoducto de Gazprom “Poder de Siberia”, que contó con una inversión de 70 mil millones de dólares financiados entre China y Rusia, ya es una realidad y comenzará a enviar gas desde Siberia en 2019. Por otro lado, el campo de petróleo y gas de Vankor, perteneciente al gigante ruso Rosneft, la compañía estatal de petróleo, es el tercero más grande de Rusia en altamar. Esta semana Igor Sechin, el presidente de Rosneft, invitó a China a participar comprando acciones de Venkor, un gesto muy inusual para Rusia, que es adversa a que extranjeros tengan parte de la propiedad de sus pozos.
La maniobra fue avalada por Putin: “El nuevo proyecto fortalecerá significativamente la cooperación económica con los países de Asia-Pacífico y, sobre todo, con China, nuestro socio clave”, dijo el presidente de Rusia durante una ceremonia en la que estuvo presente Zhang Gaoli, viceprimer ministro de China. El campo tiene reservas aproximadas de 520 toneladas métricas de crudo y 95 mil millones de metros cúbicos de gas.
Vistos desde fuera, los últimos acercamientos entre Rusia y China podrían interpretarse como el alineamiento de ambas potencias frente a Estados Unidos y la UE, pero quienes conocen la situación en detalle suelen ser mucho más cuidadosos ante la tentación de incluir a Rusia y a China, por decirlo coloquialmente, en el mismo paquete: “China es sin duda la que más se ha beneficiado de la situación en Ucrania”, dijo a El Espectador Alexei Bayer, analista político ruso y columnista de The Moscow Times, pero “tiene grandes proyectos de inversión en los recursos de Asia Central y no está interesada en que Rusia haga de Kazajistán otra Ucrania”.
Frederick Starr comparte las mismas sospechas: “Vladimir Putin está observando a Asia Central como una potencial Ucrania. Sin duda su gran estrategia es crear una ‘Unión Euroasiática’ que rivalizaría con la Unión Europea”. Por eso el terreno sigue siendo fértil para que haya tensiones.
“Los Estados Unidos y la UE no aprecian en las dimensiones que merece la relación entre lo que sucedió en 2008 en Georgia, lo que está sucediendo ahora en Ucrania y lo que sucedió en 2010 en Kirguistán. No ven las relaciones entre estos eventos y lo que podría potencialmente suceder durante los próximos años en Asia Central”.
En 2008 se libró la llamada Guerra de Osetia del Sur en Georgia, cuando el entonces presidente Mijail Saakashvili lanzó una operación militar para restablecer el orden constitucional en dicha región separatista. Rusia lanzó su “operación para imponer la paz”, venció con poco esfuerzo y tanto Osetia del Sur como Abjasia obtuvieron su reconocimiento como regiones independientes por parte de Moscú.
Dos años después se dieron revueltas civiles en otro país exsoviético. La revolución kirguiza logró la destitución y el exilio del entonces presidente Kurmanbek Bakíev y la instauración del gobierno de Roza Otunbayeva. Putin, entonces primer ministro ruso, no mostró descontento y aceptó el poder en manos del gobierno provisional. Sin embargo, quedan dudas sobre si hubo o no una participación desde Moscú, pues lo que sí se sabe es que Bakíev le incumplió a Rusia la promesa de cerrar la base militar de Manas, operada por EE.UU.
Tanto en Georgia como en Ucrania los argumentos de Rusia han sido que actuó a favor de defender los intereses y la seguridad de los rusos que se encuentran en dichas regiones. Ahora, con las declaraciones de Putin sobre Kazajistán, otro estado exsoviético podría verse amenazado desde el Kremlin. Está afirmando lo mismo, que la población rusa allí está amenazada. Para Michel, “Moscú ya no representa una garantía en términos de seguridad, y con los estadounidenses partiendo de Afganistán, la seguridad de Asia Central se ve afectada con las acciones de Rusia”.
En público, China mantiene su característico llamado a la calma y a la solución política de los conflictos. “Los chinos no están interesados en grandes declaraciones, ese no es su estilo”, concluyó Bayer, “pero lo que planeen hacer tras bambalinas, eso realmente no lo sabemos”.
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Tregua en riesgo
El cese el fuego decretado el 6 de septiembre en el este de Ucrania corre el riesgo quebrarse por los constantes choques armados entre las fuerzas ucranianas y los militantes prorrusos en la ciudad de Mariupol y en las regiones de Donetsk y Lugansk.
La tregua es uno de los 12 puntos que componen el Protocolo de Minsk, que prevé además el control internacional del cese de hostilidades y la frontera ruso-ucraniana, el canje de prisioneros y la apertura de corredores humanitarios. Dicho acuerdo tiene apartes que causan polémica por la interpretación que le dan las partes. El más grave es el que compromete a Ucrania a aprobar una ley “sobre el régimen temporal de autogobierno en determinadas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk”. El jefe de la república popular de Lugansk, Ígor Plotnitski, dijo que los rebeldes no renuncian a su independencia y pretenden obtener de Kiev competencias que se extienden al ámbito de las relaciones con otros países (Rusia) o la seguridad.
En cifras
2.600 muertos ha dejado el conflicto que estalló en Ucrania a mediados de abril, según denunció Naciones Unidas, que alertó que el número puede seguir subiendo. Los refugiados y desplazados llegan a medio millón.
30.000 combatientes, quince mil por cada bando (ejército ucraniano y militantes prorrusos), han estado luchando en el este del país. De ellos, cinco mil son rusos, según estimaciones del periódico ruso ‘Nóvaya Gazeta’.