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En España parece haberse puesto de moda, por desgracia, los tratos de favor, los supuestos plagios y las mentiras en el currículo formativo de algunas primeras espadas de la política española.
A las dimisiones de la expresidenta de la Comunidad de Madrid –que en sentido estricto no dimitió por mentir en su currículo– y de la exministra de Sanidad, hay que añadir las exageraciones y supuestas irregularidades en la hoja de vida del líder del Partido Popular, Pablo Casado, la falsa condición de candidato a doctor del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, o las dudas sobre la tesis doctoral del actual presidente de España, Pedro Sánchez.
No obstante, ni están todos los que son, ni son todos los que están.
La mayor sombra de la duda recae sobre una universidad pública madrileña como es la Universidad Rey Juan Carlos. Una universidad que por las redes clientelares de una elite académica minoritaria que entiende el trabajo universitario con parte de una suerte de reparto de favores políticos, inmerecidamente, pagan sus consecuencias miles de estudiantes, egresados y trabajadores que encuentran desvirtuados sus esfuerzos académicos, económicos y personales.
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Al respecto, aún están por resolverse las dudas sobre Pablo Casado, líder del Partido Popular que alardeaba de una formación postgradual en Harvard que se realizó en una semana desde Madrid, y quien obtuvo una maestría cursando un pírrico número de asignaturas gracias al trato de favor de un director de programa.
Más sencillo es lo de Albert Rivera, quien hoy era desdicho por la Universidad Autónoma de Barcelona en la medida en que dejó de ser candidato a doctor en 2004, aun a pesar de que en 2015 seguía haciendo uso de tal atributo académico y que en algunos perfiles acepta el atributo de un máster que nunca existió.
Finalmente, esta semana, las mayores dudas recayeron sobre Pedro Sánchez. El actual mandatario español mantuvo durante años su tesis doctoral con un acceso restringido que únicamente permitía ser consultada de manera física en la universidad privada en la que se defendió: la Universidad Camilo José Cela.Toda la oposición política estaba deseosa por ver la tesis de Sánchez –pues el oscurantismo del propio presidente alimentó dudas y sospechas sobre su originalidad–. Sin embargo, a tenor de los resultados, la tesis doctoral parece original, propia y honesta a todas luces –tres elementos imprescindibles en todo camino doctoral–, a pesar de que hoy resulten cuestionados por parte de la sociedad española, a tenor del escándalo mediático generado.
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Lo más sorprendente de todo, nuevamente, es la hipocresía del Partido Popular y de Ciudadanos en relación a la pulcritud académica del presidente. En una semana en la que se intentó hacer desmoronar la figura de Sánchez, la realidad torna 180° y resulta que la tesis doctoral es original y no está plagiada, y los que le han señalado de falta de originalidad esta semana, ni asumirán las responsabilidades de la falsa acusación ni someterán a evaluación las irregularidades de su supuesta trayectoria académica.
Ya saben, “mirar la paja en el ojo ajeno” es un atributo muy español. Al final va a resultar que a los políticos de turno en España va a tocar declararles personas non gratas, si de evitar que la universidad pública sea expuesta a debates, cuestionamientos y sospechas que no se merece.
Doctor (de verdad) en Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid