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El ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, viene advirtiendo desde el año pasado su nueva política migratoria: no dejará entrar a nadie que haya sido rescatado sin que antes exista un acuerdo de redistribución con otros países de la Unión Europea. El objetivo es reducir el flujo de migración ilegal en Italia, medida que ha sido duramente cuestionada por la comunidad internacional y por organizaciones defensoras de derechos humanos.
«Autorizaré el desembarco en las próximas horas», declaró en Facebook el ministro italiano de Interior y hombre fuerte del gobierno de coalición en este país de la Unión Europea (UE), haciendo referencia al centenar de migrantes que fueron rescatados hace una semana en aguas del Mediterráneo, situación frecuente durante el verano en Europa.
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El caso del ‘Gregoretti’ es el último pulso con el resto del continente, que se mantiene reacio a recibir a los migrantes que lleguen por Italia. Los guardacostas italianos socorrieron el jueves a unos 140 migrantes, que partieron de Libia a bordo de dos embarcaciones, el mismo día que otros 110 desaparecieron en un naufragio.
Entonces, el ministro italiano del Interior aseguró que no autorizaría el desembarco de los migrantes sin un plan para repartirlos entre varios países europeos, una maniobra destinada a poner a prueba la resolución de Francia.
El presidente galo, el liberal Emmanuel Macron, anunció la semana pasada un acuerdo entre 14 países europeos para implementar un «mecanismo de solidaridad», que parte del principio de que primero deben desembarcar en Italia.
Mientras tanto, Italia permitió determinados desembarcos con cuentagotas: seis evacuaciones por motivos médicos desde el 25 de julio, una mujer embarazada y su familia el 27 de julio y 15 menores el lunes.
Alemania, Portugal, Francia, Luxemburgo e Irlanda, así como estructuras de la Iglesia italiana, acordaron finalmente repartirse el resto de migrantes presentes en la embarcación, anunció un portavoz de la Comisión Europea y el ministro italiano.
«Se halló una solución europea para las mujeres y los hombres bloqueados en el barco ‘Gregoretti’», celebró Macron, cuyo país se comprometió a acoger a treinta «refugiados», según el ministerio del Interior.
Del ‘Gregoretti’ al ‘Alan Kurdi’ Aunque se desconoce el resto del reparto, según una fuente en Bruselas, la Iglesia católica en Italia se hará cargo de más de la mitad de los migrantes socorridos, como ya ocurrió en 2018 con el caso del ‘Diciotti’.
Prácticamente la mayoría de los migrantes afectados por esta decisión desaparecieron días después, tras poner rumbo por sus propios medios a otros países europeos.
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Cuando la crisis del ‘Gregoretti’ parece llegar a su fin, una nueva aparece tras el anuncio de la oenegé alemana Sea-Eye del rescate de 40 migrantes este miércoles frente a las costas de Libia por su embarcación ‘Alan Kurdi’.
La firmeza de Salvini con los migrantes socorridos por oenegés o incluso por las autoridades italianas no frena las llegadas a Italia. Según su ministerio, más de 3.700 personas llegaron a sus costas en 2019.
Como antes del inicio de los primeros rescates a finales de 2013, la mayoría de migrantes llega directamente a las costas, a menudo tras varios días en alta mar a bordo de veleros procedentes de Turquía o de barcas, desde Libia o Túnez.