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Gabo en Londres

Un grupo de destacados británicos le rindió un homenaje a Gabriel García Márquez el Día de la Independencia nacional.

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Es un viernes, mediodía en Londres, hace sol, aunque hace poco cayó una leve llovizna. La calle Pall Mall, en el sureste de la capital británica, está particularmente tranquila. Decenas de personas caminan, unas de afán, otras son turistas. Esta calle es muy famosa porque hay una serie de clubes privados construidos en el siglo XIX. Uno de ellos es el Royal Automobile Club, que fue fundado en 1897 por Frederick Richard Simms con el objetivo de impulsar el desarrollo automovilístico en el Reino Unido. Hoy en día es uno de los más exclusivos de la ciudad.

Ubicado en el número 89, el club es un edificio inspirado en la arquitectura francesa del siglo XVIII. Una bandera azul es lo único que indica su nombre. Al pasar la puerta lo primero que se ve son unas escaleras y una inmensa lámpara que cuelga del techo. En el segundo piso, en el salón Mountabben, las mesas están listas para recibir a los 200 invitados del almuerzo organizado por la Embajada de Colombia, la Anglo Colombian Society y la Cámara de Comercio Británica Colombiana para celebrar la independencia de Colombia. En esta oportunidad decidieron rendirle, además, un homenaje a los 30 años de la entrega del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez.

El embajador de Colombia en el Reino Unido, Mauricio Rodríguez, sorprendió al auditorio al leer una carta redactada por el mismo escritor, de quien se ha hablado tanto en los últimos días. Gabo envío una felicitación especial a los colombianos por la conmemoración de los 202 años de la Independencia y agradeció profundamente el homenaje a su obra literaria en la capital británica. “Sé que se reunieron para hablar de mis libros e incluso leer unos fragmentos de mis obras. Me hubiera encantado estar allí y leer yo mismo algunas líneas”. La carta, escrita en español por el Nobel y traducida al inglés por la embajada colombiana, llegó a sus destinatarios a través de José Gabriel Ortiz, embajador en México, país en el que reside el escritor.

En la misiva García Márquez recuerda el día que grabó el primer capítulo de Cien años de soledad por sugerencia de su amigo Álvaro Castaño, de la emisora HJCK. “Al oír la grabación, resultado del tortuoso ejercicio, descubrí que escuchar una novela es diferente a leerla, por el énfasis en la pronunciación, las altas y las bajas en el tono de la voz del lector oral y las pausas, esos momentos de reflexión cuando el lector para de leer y permite a los que escuchan pensar”.

El Nobel también resaltó la presencia de británicos en el evento como Malcom Deas, “quien conoce muy bien que poder y gramática han trabajado, paralelamente, por décadas a lo largo de nuestra historia”. Luego, el embajador alzó su copa para realizar tres brindis: uno por la reina Isabel II, otro por Colombia y el siguiente por Gabriel García Márquez.

Cuando los invitados estaban terminado el postre, un helado con sabor a guayaba, seis personalidades británicas leyeron un fragmento de su obra favorita del Nobel colombiano. El primero en pasar al atril fue el joven Edward Davey, quien actualmente trabaja en la fundación del Príncipe Carlos y anteriormente trabajó en Acción Social, en Colombia. Davey escogió un fragmento de El amor en los tiempos del cólera y destacó su fascinación por esta historia de amor.

Luego, el reconocido historiador Malcom Deas, nacionalizado como colombiano y experto en política latinoamericana, decidió tomar tres cortos extractos de la autobiografía Vivir para contarla y fue el único que decidió leerlos en español. El primer párrafo narraba cuando Gabriel García Márquez era tan sólo un niño de seis años y vio al belga, un amigo de su abuelo, muerto en la sala de su casa, una experiencia que jamás olvidaría y lo marcaría para siempre. El segundo explicaba los detalles de su primera visita a la capital, Bogotá, y el tercero, contaba su primer viaje a Nueva York.

El poeta y columnista del diario Financial Times Harry Eyres también optó por elegir El amor en los tiempos del cólera y afirmó que era grandiosa la manera en que esta obra refleja la celebración de un amor tardío. Eyres leyó un fragmento sobre los inicios del amor entre los dos protagonistas, Fermina Daza y Florentino Ariza.

“Voy a leer el libro más conocido de Gabo en el mundo”, aseguró el escritor Michael Jacobs, autor del libro Los Andes, quien leyó un fragmento de Cien años de soledad. Jacobs afirmó que este libro lo impresionó en su adolescencia y le inyectó la pasión por escribir sobre sus viajes. El escritor eligió el momento en que José Arcadio Buendía funda Macondo.

Maya Jaggi, periodista cultural para publicaciones como The Guardian y The Independent, contó que en 2006 asistió al Hay Festival en Colombia y su compañía en el vuelo fue Vivir para contarla. Por eso escogió el fragmento que habla de la ciudad de Cartagena.

Por último, la escritora de Hablando sobre Jane Austen en Bagdad y periodista de la BBC, Bee Rowlatt, contó que su primer viaje a Colombia lo realizó en enero de 1994, y se llevó consigo El amor en los tiempos del cólera. Luego de más de una década aún conserva consigo el libro, que ese día llevaba, para leer de una manera muy apasionada, el fragmento en que Florentino Ariza viaja por el Magdalena tratando de olvidar a su gran amor y pierde su virginidad.

Al evento asistieron personalidades colombianas, como la curadora de mariposas del Museo de Historia Natural de Londres, Blanca Huertas, quien afirmó que “esta es una acertada celebración de la Embajada de Colombia en Londres, en sus bien conocidos y exitosos esfuerzos de promover lo mejor de nuestro país en el exterior”, y británicos como Lady Gabriella Windsor, hija del príncipe Michael de Kent.

La celebración terminó con una frase del escritor, leída por el embajador, en la que resalta que la educación es la principal herramienta para el progreso. A la salida se repartieron ejemplares en inglés de Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, con un separador de páginas negro adornado con una mariposa amarilla, una imagen evocadora del creador del realismo mágico.

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