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A 5 años del tsunami, Tailandia aún intenta recuperarse

Este 26 de diciembre se conmemora el primer lustro de la tragedia que dejó 226.000 personas muertas.

24 de diciembre de 2009 – 07:42 a. m.

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Suvadee Sukkasem sigue buscando a su hijo, que desapareció cuando el tsunami del Océano Indico convirtió su paraíso tropical en una gran sepultura para miles de tailandeses y turistas extranjeros, hace casi cinco años. Aunque ahora el mar la asusta, ella se niega a abandonar su pueblo costero en el sur de Tailandia, reteniendo la esperanza del regreso de su hijo, que tenía cuatro años cuando una inmensa ola se estrelló contra la tierra sin mayores advertencias el 26 de diciembre del 2004.

Mientras el mundo se prepara para conmemorar el quinto aniversario del tsunami que dejó 226.000 muertos en 13 países asiáticos y africanos, las cicatrices aún deben sanar pese a que las casas han sido reconstruidas, los turistas han vuelto y la ayuda extranjera terminó. Ban Nam Khem, un pequeño pueblo de pescadores en la costa del Mar Andaman de Tailandia, perdió casi la mitad de sus 5.000 habitantes. Hoy en día es una cáscara de lo que fue, pese a un brote de ayuda en uno de las mayores ejecuciones de recolección de fondos extranjeros en la historia.

Su alguna vez floreciente y denso muelle, centro de tiendas, restaurantes y casas de madera, desapareció, reemplazado con tiendas de recuerdos, un monumento con la forma de una ola y un pequeño edificio repleto de fotografías de las labores de recuperación tras el tsunami.   “Tantas personas aquí siguen buscando a sus familias”, dijo Suvadee, una pequeña mujer de 43 años con una sonrisa fácil y manos ajadas, aferrando las fotografías de su hijo que porta consigo.

“El pueblo está asustado del mar, pero no sabemos dónde ir. Vivimos en casas nuevas, pero es difícil. No pienso que me pueda ir de aquí sabiendo que mi hijo nunca fue encontrado”, sostuvo. Además, ella encuentra consuelo con sus vecinos que perdieron familiares. Cuando ocurrió el desastre, detonado por un sismo submarino frente a la isla indonesia de Sumatra, las olas arrastraron a Suvadee al mar. Ella flotó por varias horas, sosteniendo a su hija de un año con un brazo y trepándose a los restos de un bote destrozado con el otro. Eventualmente, pescadores rescataron a ambas.

En Tailandia, 8.212 personas murieron en la catástrofe o siguen desaparecidas. El total incluye cerca de 2.200 turistas extranjeros, cuya mayoría estaba de vacaciones en o cerca de la isla sureña de Phuket, una región que contribuye con hasta el 40 por ciento de los ingresos turísticos anuales de Tailandia. Para inicios del 2008, el turismo se recuperó tanto que funcionarios locales predijeron confiadamente que tomaría sólo un año regresar a los niveles anteriores al tsunami, trayendo esperanza a una industria que representa el 6 por ciento de la economía tailandesa. Sin embargo, la crisis financiera mundial y la incertidumbre política en Tailandia intervinieron, mermando la afluencia de turistas al mismo tiempo en que fue retirada la ayuda extranjera para las víctimas del tsunami.

Casas y trabajos

La mayoría de las labores de ayuda de tsunami terminaron, dijo Patrick Fuller, coordinador de Comunicaciones de Tsunami de la Cruz Roja. “Hay algunos proyectos viales, proyectos de largo plazo. Pero todos los proyectos inmobiliarios están bastante terminados”, señaló. Residentes dijeron que lo que necesitaban más que los nuevos edificios, caminos y otra infraestructura, eran medios de vida. “El turismo no ha vuelto. No hay suficientes visitantes, por lo que la economía no se ha recuperado”, dijo Rotjana Phraesrithong, a

cargo del Orfanato de Baan Tharn Namchai, abierto el 2006 para 35 niños que perdieron a sus padres en el tsunami. De ellos, veinte huérfanos todavía tiene que encontrar padres nuevos. Una corrida de bicicletas de caridad, organizada para enero por la ONG británico australiana Hands Across the Water, recaudará fondos para un nuevo centro de guardería, luego de un alza de embarazos entre las adolescentes sin trabajo.

Bajando la calle del orfanato, Tasanee Sirisook, de 38 años, lucha por ganar el sustento en un negocio familiar de abarrotes en un nuevo poblado de pescadores, construido a varios kilómetros del mar.   “La mayoría de las personas aquí no son felices”, dijo Sirisook respecto a las hileras de casas hechas por el Gobierno, construidas en tierras más altas y pintadas de blanco. “Está lejos del trabajo para la mayoría de las personas. Y no es fácil encontrar un trabajo como antes”, indicó.

Decenas de pequeños hoteles y centros vacacionales están a la venta en la provincia Phann Nga de Tailandia, al norte de Phuket, cuya boscoso borde costero incluye Ban Nam Khem y la serena plata de Khao Lak, de 19 kilómetros, dos de las áreas de Tailandia peor golpeadas por el tsunami. “Más de 100 de estos pequeños hoteles y operadores de tours minoristas están buscando vender sus operaciones porque no pueden obtener préstamos de los bancos para seguir con el negocio”, dijo Krit Srifa, presidente de la Asociación de Turismo de Phang Nga. “Varios operadores pequeños siguen en deuda tras las renovaciones desde el tsunami, y varios simplemente no se han recuperado financieramente”, señaló Srifa.

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