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En su informe anual sobre la “Estrategia para el Control Internacional de Narcóticos”, el Departamento de Estado indicó que Afganistán es el origen del 93 por ciento del opio y la heroína que se consume en el mundo.
El cultivo se concentra en cinco provincias del sur de Afganistán, cerca de las fronteras con Pakistán e Irán.
Prácticamente todo el cultivo se produce en zonas donde la insurgencia está activa, lo que pone en evidencia, según el informe, “la conexión entre el cultivo, el tráfico de narcóticos y la financiación de los grupos insurgentes”.
Tan solo la provincia de Helmand, donde se han producido algunos de los peores enfrentamientos entre las fuerzas internacionales y el movimiento talibán, acaparó el cultivo del 66 por ciento del opio del país.
El cultivo de la amapola cayó de 193.000 hectáreas en 2007 a 157.300 en 2008, debido a una combinación de climatología adversa, una caída de los precios del opio y una mejor seguridad en provincias clave, explicó el Departamento de Estado.
Afganistán produjo 7.700 toneladas métricas de opio bruto en 2008, un descenso del 6 por ciento con respecto al año anterior. Esto representa un valor de 3.400 millones de dólares, un 20 por ciento del Producto Interior Bruto de Afganistán, de 16.300 millones de dólares.
Según el informe, la industria del narcotráfico en Afganistán “continúa amenazando los esfuerzos para establecer una economía lícita, seguridad y Gobierno en el país”.
Aunque el Gobierno afgano coopera en general con la comunidad internacional para erradicar la lacra del narcotráfico, “es necesaria una mayor voluntad y un esfuerzo políticos, a niveles centrales y provinciales, para reducir el cultivo en el sur, mantener los recortes del cultivo en el resto del país y combatir el tráfico en los años venideros”, matizó el informe.