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Al menos 49 personas murieron este viernes en Irak en varios ataques cometidos contra sunitas después de que los chiitas vivieran dos jornadas especialmente mortíferas, lo que generó un clima de creciente tensión entre las dos comunidades.
Estos atentados resucitan el espectro de la violencia interconfesional, que dejó decenas de miles de muertos tras la invasión estadounidense de 2003. En Baquba, a 60 km al nordeste de Bagdad, se perpetraron dos atentados consecutivos contra fieles sunitas después de la oración semanal del viernes, informaron fuentes policiales y médicas. Una primera bomba explotó cerca de la mezquita de Saria en el momento en que los fieles salían de ella.
A continuación, un segundo artefacto estalló y alcanzó a los curiosos que se habían acercado hasta el lugar del primer ataque, precisaron estas fuentes. Además, en Madain, a 25 km al sur de la capital, una bomba explotó durante el funeral de un sunita, dejando ocho muertos y al menos 25 heridos, según fuentes de seguridad y médicas.
Estas últimas semanas, numerosos lugares de culto sunitas y chiitas fueron objeto de ataques, mientras la tensión aumenta entre el gobierno de Nuri al Maliki, de confesión chiita, y los sunitas, una minoría en el país.
Los atentados de este viernes se producen tras dos días de ataques que dejaron decenas de chiitas muertos. El jueves, un kamikaze mató a 12 personas a la entrada de una mezquita chiita en Kirkuk (norte), donde los familiares de las víctimas de la violencia del miércoles recibían las condolencias.
En Bagdad, también el jueves, varios coches bomba estallaron en tres barrios de mayoría chiita y dejaron 10 muertos. El miércoles, otras 21 personas fallecieron por una serie de explosiones registradas en zonas chiitas de la capital.
El primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, consideró el jueves que «el derramamiento de sangre es el resultado del odio interconfesional». «Esos crímenes son el resultado de la mentalidad sectaria«, añadió.
Desde finales de diciembre, se registran regularmente manifestaciones contra el primer ministro en varias zonas de mayoría sunita. Los participantes acusan a las autoridades de estigmatizar a su comunidad con arrestos y acusaciones de «terrorismo» injustificados.
Frente a estas manifestaciones, el gobierno realizó varias concesiones como la liberación de prisioneros y el aumento de los salarios a los sunitas que combaten contra Al Qaeda, pero los asuntos causantes del problema no fueron solucionados.
A finales de abril, la intervención de las fuerzas de seguridad contra los manifestantes desencadenó enfrentamientos armados. En total 240 personas murieron en una semana, la mayoría en ataques y combates entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes sunitas.
Desde principios de año, la violencia dejó más de 200 fallecidos al mes, con un máximo de más de 460 víctimas mortales en abril, según un balance de la AFP, lo que hizo temer una vuelta a los años negros de 2006-2007, aunque por aquel entonces las cifras superaban los 1.000 muertos por mes.