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Un error, pues luego de anunciar tal fin, Al Qaeda y sus filiales demostraron que están más fuertes que nunca. Tanto, que Estados Unidos ordenó el cierre de sus embajadas en los países árabes, ante el riesgo de un gran atentado, y alertó a sus nacionales para que abandonaran países como Yemen, la madriguera terrorista más temida por los servicios de inteligencia occidentales.
Al Qaeda, creada hace 25 años por Osama bin Laden, sigue viva y se extiende en países como Somalia, Malí, Libia, Túnez, Irak y Siria. Tratando de controlar ese renacimiento, Washington ordenó lanzar una operación de asalto y captura de destacados miembros del terrorismo islámico refugiados en Libia y Somalia. “Nunca es demasiado tarde”, dijo John Kerry, secretario de Estado norteamericano, quien se encuentra en Indonesia asistiendo a la cumbre de los países del Asia y Pacífico (Asean). Obama canceló su participación por la crisis interna que vive tras el cierre de la administración por el pulso con el Partido Republicano. Al Qaeda “puede correr, pero no se puede esconder”, puntualizó el jefe de la diplomacia.
La operación llevada a cabo en Libia por tropas norteamericanas con apoyo del FBI y la CIA se saldó con la captura en Trípoli de Nazih al Ragye, de 49 años, conocido por el alias de Anas Al Libi y buscado por Washington por ser el cerebro de los atentados en 1998 contra las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania, donde murieron 224 personas, entre ellas 12 norteamericanos. Con la captura de Al Libi se pone fin a una orden de búsqueda y captura que ya cumplía 15 años y ofrecía cinco millones de dólares por su entrega “vivo o muerto”.