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Sin embargo, su exigencia ya no viene acompañada del condicionamiento expresado por el mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, quien advirtió que si no viene el gobierno castrista, el Alba tampoco asistiría.
Los países del Alba salieron de una reunión extraordinaria en La Habana ratificando su demanda para que EE. UU. ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba hace medio siglo. También designaron al líder social y político venezolano Rodolfo Sanz como nuevo secretario ejecutivo de la Alianza.
Además, ratificaron su respaldo a la presencia de la isla en la Cumbre que se realizará en Cartagena. Pero, dijo el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, “los países del Alba conversaremos cuando (Cuba) no sea invitada (…) no queremos aparecer amenazando con no asistir”. El canciller venezolano, Nicolás Maduro, descartó la posibilidad de un boicot a la Cumbre. “La palabra boicot ha sido utilizada de manera errónea. Si se puede hablar de boicot es el boicot al pueblo cubano con el bloqueo. Rechazamos cualquier política de boicot contra pueblos, reuniones, cumbres”, dijo.
Aunque la posición del Alba es ahora menos radical, la encrucijada en la que se encuentra el gobierno colombiano se mantiene: férreo en sus relaciones con EE. UU., ahora la gestión conciliadora que viene construyendo con Ecuador y Venezuela (ambos declarados antiestadounidenses) se pone a prueba. Contentar al Alba parece imposible si el gobierno norteamericano, creador de la cumbre, no cede en su posición.
La canciller colombiana, María Ángela Holguín, que ya visitó Cuba para enterarse de que al gobierno de Raúl Castro le interesa ir a Cartagena, ha optado por hacer consultas a los países del Alba, en busca de salidas diplomáticas para evitar que estas naciones se marginen de asistir al cónclave.