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La carrera electoral arrancó con los referendos de Bolivia y Venezuela para ampliar sus períodos presidenciales. La victoria de Rafael Correa en las próximas votaciones de Ecuador favorecería un tercer mandato de Álvaro Uribe.
El poder de las urnas ha tenido ya y tendrá mucho más que ver en 2009 para configurar la América Latina que encare 2010, el año de la auspiciada consolidación del gran proyecto continental brasileño. Durante el año se celebrarán siete elecciones presidenciales, tres elecciones legislativas, y ya han tenido lugar dos referendos, que constituían sendas ratificaciones de sus presidentes respectivos.
Los dos referendos han sido el de la aprobación de la nueva Constitución boliviana el pasado 25 de enero, en el que el presidente Evo Morales obtenía el derecho a presentarse a la reelección en diciembre de este mismo año, con lo que, de ganar, podría seguir en el poder hasta 2013; y el del 15 de febrero por el que Hugo Chávez, después de un par de relativos reveses en las urnas, conseguía también el derecho a postularse en 2012, pero, en su caso, indefinidamente. Lo holgado de ambas victorias, en especial el 60% y pico del líder indígena junto a la inexistencia de un claro candidato de la oposición —¿el periodista y ex presidente Carlos Meza?— subrayan la consolidación del núcleo y eje de países fundadores del ‘socialismo del siglo XXI’.
La segunda elección presidencial del año —tras El Salvador— pero primera en trascendencia, será la de Ecuador el 28 de abril. El éxito del presidente Rafael Correa en el referéndum del 28 de septiembre de 2008, con el que se hacía también con una Constitución a su medida, y, aún más, por el desarreglo de la oposición que no parece tener otro candidato que el veteranísimo alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, le da todas las ventajas al primer mandatario, que permanecería, así, en el poder hasta 2014.
Y, por añadidura, los triunfos de Morales y Chávez, más el que es más que presumible de Correa, deberían favorecer, como decía Rafael Santos en un reciente encuentro en Santiago de Compostela, la postulación de Álvaro Uribe a un tercer período
en mayo de 2010. Si la izquierda y, además, aquella de quien Bogotá sospecha de connivencia con las Farc, se atrinchera, el presidente colombiano bien puede creerse con derecho a hacer otro tanto.
Las presidenciales en América Central son tres: El Salvador, el 15 de abril; Panamá, el 3 de mayo; y Honduras, el 29 de noviembre. Y de ellas, la más significativa es la primera porque después de gobiernos de derecha y aún ultraderecha desde 1989, el Frente Farabundo Martí, que ya ganó las legislativas el 18 de enero pasado, puede llevar a su candidato, el ex guerrillero Mauricio Funes, a la presidencia, frente al postulante de casi todo el resto del espectro político, Rodrigo Ávila.
En los casos de Panamá y Honduras la victoria del oficialismo o de la oposición no ‘amenazaría’ con alterar básicamente el equilibrio geopolítico centroamericano, pero la de Funes podría dar una segunda cabeza de puente a Chávez, tras la que representa su corifeo nicaragüense, Daniel Ortega, en la región.
En las presidenciales de Uruguay, el 25 de octubre, el candidato del Frente Amplio, probablemente José Mujica, defenderá la obra social demócrata del presidente Tabaré Vázquez, contra otra gran concentración de la oposición conservadora, y aunque la victoria del primero sería bien acogida por Caracas, no hay que confundirse de meridiano. Montevideo, al igual que Buenos Aires y Santiago de Chile sienten un afecto limitado por el chavismo, por mucho que hagan cumbres, se visiten, y se feliciten con frecuencia.
Pero donde cabe un retroceso de la izquierda es en Chile, donde en noviembre se dirime la última presidencia del año. La derecha ya tiene un formidable candidato: el multimillonario ex demócrata cristiano Sebastián Piñera, al que la concertación, que está en el poder desde hace 20 años, aún no sabe a quién va a oponer, aunque gana enteros Eduardo Frei de la DC. Una derrota del agrupamiento de centro izquierda que sostiene a la presidenta saliente, la socialista Michelle Bachelet, satisfaría a Uribe y molestaría a Chávez, no tanto porque Frei u otro candidato incluso socialista fuera a mirar con especial ternura al líder bolivariano, sino porque Piñera lo aborrecería positivamente.
Y quedan dos legislativas. En México, el 5 de julio para renovar la cámara y seis gobernaciones de Estados, con un PRI que vuelve a favor de los problemas del PRD, que no se ha repuesto de la extravagante insurrección civil de Andrés Manuel López Obrador contra el presidente derechista (PAN) Felipe Calderón; y en Argentina, en octubre, para elegir la mitad de la Cámara y un tercio del Senado, con otra gran coalición que pugna por armarse contra la presidencia del matrimonio Kirchner.
En ambos casos serán elecciones que servirán para medir la temperatura política de cara a las presidenciales en 2010 y 2012, respectivamente. En México, el PRI podría convertirse en el partido mayoritario, lo que en su necesidad de reverdecer posturas de izquierda, sobre todo ante la caída en las encuestas del PRD, no sería mala noticia para Caracas, pero el grave retroceso que muchos vaticinan del peronismo en versión de la pareja presidencial Cristina y Néstor Kirchner no podría ser
de su agrado, aunque de nuevo no tanto por el amor que el matrimonio sienta por Chávez, que es puro oportunismo, como porque su derrota daría entrada a una coalición arco iris que no ha gozado del apoyo económico del petro-presidente, y como el crudo cae aún más vertiginosamente que el crédito de la pareja, no parece posible que se mantuvieran las relaciones privilegiadas de estos años.
Este 2009 será, por tanto, de transición, sin que el fiel de la balanza se decante por una de las varias versiones en pugna de América Latina, aunque, si acaso, se va hacia una consolidación del bloque chavista, que puede retroceder donde no duele tanto —Chile y Argentina— para adquirir, a cambio, sólidos compañeros de viaje como El Salvador.
Si Uribe se vuelve a presentar, el mundo que encuentre puede resultarle, sobre todo con Obama en Washington, sensiblemente menos grato que si hubiera fecha de caducidad para las presidencias de Chávez, Morales y Correa. Porque, al igual que el propio líder colombiano, quien se prolonga una vez el mandato, puede cogerle gusto y seguir haciéndolo indefinidamente.
Y para el Brasil de Lula ese escenario es el mejor posible: el de un relativo equilibrio entre derechas e izquierdas, amén de la división de origen entre esas izquierdas, según sean del ‘socialismo del siglo XXI’ o las de toda la vida —Felipe González, François Mitterrand y compañía—, porque sobre un escenario sin líder posible es como la mediación y síntesis que imagina Brasilia podría medrar en 2010.
Año en que, no se olvide, está prevista la entrada en funcionamiento del foro creado en diciembre pasado en Bahía, sobre el que Lula aspira a arbitrar en el mundo iberoamericano: la Unión de América Latina y el Caribe; una unión de Río Bravo a la Tierra del Fuego, en la que no pudieran inmiscuirse Estados Unidos ni España.
* Editorialista del diario ‘El País’,de Madrid.
La contienda electoral en Ecuador
Esta semana, el presidente ecuatoriano Rafael Correa asistió a la asamblea general del movimiento País, con el que aspira a vencer en las presidenciales del próximo 26 de abril, para definir su estrategia en las urnas.
Los asistentes concluyeron que los recientes escándalos de corrupción en el Ministerio de Deportes y las implicaciones del Caso Chauvín, serán un escollo para la reelección de Correa.
Sin embargo, el movimiento se trazó como estrategia intensificar los recorridos por todas las provincias del país para afianzar la imagen del presidente.
Los ecuatorianos elegirán entre el propio Corrrea, el millonario Álvaro Noboa y el ex presidente Lucio Gutiérrez, el gobernante del país hasta 2013.
DMG, presente en elecciones de Panamá
El escándalo propiciado por el colombiano David Murcia Guzmán, acusado de captar ilegalmente dinero de 200.000 personas, se trasladó a la campaña electoral panameña.
El candidato opositor a la Alcaldía de Ciudad de Panamá, Bosco Vallarino, les pidió a las autoridades de ese país investigar la campaña de su contendor, el oficialista Roberto Bobby Velásquez, después de que Murcia declarara que varios candidatos, entre los que se encuentra Balbina Herrera, aspirante a la Presidencia, lo buscaron en su oficina para que apoyara sus respectivas aspiraciones.
Los aludidos negaron cualquier vínculo con el colombiano; en rueda de prensa, Velásquez aseguró que el 90% de sus vallas publicitarias fueron donadas. El candidato oficialista consideró el pedido de Valarrino como un intento desesperado por atraer la atención de los votantes ante la mala posición que registra en las encuestas.
Murcia acusó a los candidatos en una entrevista con el Canal 2 de Panamá.