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Durante el fin de semana, soldados israelíes dispararon contra palestinos cerca de un centro de ayuda respaldado por Israel y de un convoy de la ONU. Ambos episodios pusieron de manifiesto la negativa de Israel a permitir que surjan nuevas estructuras de gobierno.
Durante un año y medio, los expertos han advertido que el hecho de que Israel no planificara una transición del poder en Gaza conduciría a la anarquía, dificultaría la entrega de ayuda y obstaculizaría los esfuerzos para derrotar a Hamás.
Una serie de tiroteos en Gaza durante el fin de semana —uno cerca de la frontera sur de Gaza, otro en su extremo norte— ha demostrado la exactitud de esas predicciones.
El sábado, soldados israelíes abrieron fuego contra civiles cerca de un centro de distribución de alimentos gestionado por contratistas privados respaldados por Israel. El domingo, soldados israelíes abrieron fuego contra civiles cuando una multitud se congregaba cerca de un convoy de camiones de alimentos enviados por las Naciones Unidas hacia zonas controladas por Hamás. El ejército israelí dijo que sus soldados habían efectuado “disparos de advertencia” para disuadir a quien representara una “amenaza”.
Los partidarios del sistema respaldado por Israel utilizaron el episodio del domingo para poner de relieve los fallos del sistema dirigido por la ONU. Los partidarios del sistema de la ONU dijeron que las matanzas del sábado ilustraban los fracasos del enfoque de Israel.
Israel afirma que es necesario situar los lugares de distribución de alimentos en zonas fuera del control de Hamás para dificultar el robo de suministros tanto a los combatientes del grupo militante como a los saqueadores civiles. Los detractores de este planteamiento afirman que obliga a los civiles hambrientos a cruzar las líneas militares israelíes, con el consiguiente riesgo.
Pero estas críticas eluden un problema más amplio. Ambos sistemas de ayuda son respuestas fragmentarias a la inacción de Israel a la hora de elaborar planes detallados para una transición del poder en Gaza, según analistas y expertos en distribución de ayuda.
Israel ha devastado gran parte del territorio, ha destruido buena parte de su infraestructura, ha diezmado a la dirigencia de Hamás y ha obstaculizado su capacidad para proporcionar servicios sociales y hacer cumplir la ley en la mayor parte del territorio.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, también se ha opuesto en repetidas oportunidades a la creación de un sistema de gobierno de transición, ya sea mediante la ocupación militar formal o la potenciación de alternativas palestinas a Hamás. En particular, ha impedido el regreso de la Autoridad Palestina, que gobernó el territorio hasta que Hamás tomó el poder en 2007.
El resultado es que, tras casi dos años de guerra, gran parte de Gaza carece de un sistema de gobierno funcional. Esto ha desencadenado el caos en gran parte del territorio, tanto en el camino hacia los centros de ayuda respaldados por Israel como a lo largo de las rutas utilizadas por los convoyes de la ONU.
Para agravar la situación, los soldados israelíes utilizan repetidamente fuego real para contener los disturbios, en vez de emplear formas no letales de control de multitudes. Y en medio de la escasez generalizada de alimentos tras el bloqueo de la ayuda israelí entre marzo y mayo, los civiles también están dispuestos a arriesgarse a morir por disparos israelíes para evitar morir de inanición.
“Hay un juego de acusaciones, y todo el mundo se fija en los detalles técnicos y en cómo se distribuye la ayuda”, dijo Shira Efron, experta en sistemas de ayuda en Gaza del Israel Policy Forum, un grupo de investigación de Nueva York.
“Pero la cuestión más importante es la anarquía y el desmoronamiento de la gobernanza”, añadió. “Tras 22 meses de guerra, en Gaza reina la anarquía. Y si no se aborda la cuestión central de lo que debe suceder a continuación en Gaza, no habrá solución”.
Esa incapacidad para encontrar una solución ha provocado el creciente aislamiento diplomático de Israel. El lunes, 25 países, entre ellos el Reino Unido, Francia y Japón, calificaron de “inaceptable” la conducta de Israel y le exigieron que pusiera fin a la guerra de inmediato.
Netanyahu ha dicho que Hamás debe ser completamente derrotado antes de que puedan comenzar los planes detallados para la posguerra. Pero sus críticos, incluidos muchos en Israel, dicen que es más difícil derrotar a Hamás sin planificar su sustitución.
Los riesgos de no planificar la posguerra de Gaza quedaron claros para Netanyahu y sus colegas en las primeras semanas de la guerra, a finales de 2023, cuando funcionarios estadounidenses y generales israelíes lo presionaron para que definiera el final de la guerra.
Bajo la presión de los aliados de extrema derecha, que pretenden restablecer el control israelí a largo plazo sobre Gaza, Netanyahu evitó concretar cualquier plan que implicara darle poder a la Autoridad Palestina.
En marzo de 2024, las consecuencias de esa decisión quedaron claras cuando, en medio de la anarquía y el hambre crecientes, soldados israelíes dispararon y mataron a palestinos que intentaban apoderarse de alimentos de un convoy de ayuda en el norte de Gaza, en un incidente que también provocó una estampida.
En ese momento, analistas israelíes y palestinos advirtieron que el vacío de poder en Gaza aumentaba la probabilidad de que se produjeran episodios de ese tipo, puesto que ya estaba resultando difícil coordinar la distribución de alimentos y proteger los convoyes de comida. También advirtieron que, sin una transición de poder, el vacío sería ocupado por saqueadores y bandas, o por un Hamás reconstituido.
Casi exactamente un año después, mientras persistía el vacío de gobernanza, Israel agravó la situación bloqueando todas las entregas de alimentos y combustible al enclave. Esto provocó una escasez de alimentos aún mayor, llevando a Gaza al borde de la hambruna.
Cuando Israel restableció las entregas de alimentos a finales de mayo, lo hizo con un mecanismo que creó un nuevo tipo de caos. Israel permitió que la Fundación Humanitaria de Gaza, un nuevo grupo dirigido por estadounidenses y concebido por israelíes, distribuyera alimentos desde una serie de lugares. La fundación sustituyó en gran medida a un sistema dirigido por la ONU que repartía alimentos desde cientos de zonas cercanas a los hogares de la población.
Para llegar a los nuevos lugares, los palestinos a menudo tienen que caminar kilómetros, lo que provoca escenas desesperadas por el camino, ya que se empujan unos a otros para conseguir los alimentos antes de que se agoten las provisiones del día. Para sofocar estos disturbios, los soldados israelíes han disparado contra las multitudes, en lugar de utilizar métodos no letales.
“Esto se ha convertido en mi aterradora rutina diaria”, dijo Luay Abu Oda, palestino de 24 años, quien relató haber sobrevivido a la violencia del sábado.
Incluso en Israel, la naturaleza interminable de la campaña del país ha llevado a los críticos a preguntarse si el caos es intencionado, en lugar de ser el subproducto de una mala planificación.
“Nosotros controlamos Gaza”, dijo Ehud Olmert, ex primer ministro de Israel, quien se ha mostrado cada vez más crítico con la conducta del país en la guerra.
“Nos incumbe asegurarnos de que se toman las medidas adecuadas”, dijo Olmert en una entrevista telefónica. “Si no se hacen, es porque el gobierno israelí no quiere que se hagan”.
*Patrick Kingsley es el jefe de la corresponsalía del Times en Jerusalén y dirige la cobertura de Israel, Gaza y Cisjordania.
**Bilal Shbair colaboró con la reportería desde Khan Younis, Gaza; Myra Noveck desde Jerusalén; Gabby Sobelman desde Rejovot, Israel; y Johnatan Reiss desde Tel Aviv.
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