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Ninguno de los 70 ocupantes del avión, un Boeing 737 que cubría la ruta Nagoya-Chongquing, vía Shanghai, resultó herido.
La amenaza de bomba fue enviada en un correo electrónico a la sede japonesa de la principal compañía aérea china y, según el Ministerio japonés de Transporte, tenía como objetivo interferir en la inauguración de los Juegos.
Como consecuencia, Air China inspeccionó todos sus aviones en los aeropuertos de Fukuoka y Narita, y posteriormente permitió que operasen, según Kyodo.
En un primer momento se había informado de que Air China suspendió algunos vuelos, pero finalmente la amenaza sólo causó, además del incidente del Boeing, un retraso en la salida de cuatro de sus aviones desde Japón, según el Ministerio nipón de Transportes.
El correo electrónico recibido por la sede japonesa de la primera aerolínea china amenazaba con hacer estallar un avión a menos de que la compañía suspendiese sus vuelos.
El email, enviado a las 12:50 de la mañana, hora local, señalaba que esta amenaza tenía como objetivo interferir en las Olimpiadas de Pekín.
El avión que se dirigía a la localidad china de Chongqing, vía Shanghai, dio la vuelta en pleno vuelto y regresó a Nagoya sobre las 4 de la tarde hora local, apenas una hora después de partir.