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Juan Pablo II besó el suelo mexicano en cinco ocasiones, suficientes para que lo llegaran a apodar el “papa mexicano”. Después de siete años de pontificado, su sucesor, Benedicto XVI, inicia el viernes en este país, concretamente en el estado de Guanajuato, su primera visita a la América hispánica, pero su presencia no parece despertar el fervor que conseguía su antecesor. El pontífice alemán, que después se dirigirá a Cuba, aterriza además en medio del comienzo de la campaña presidencial, y su visita se ve marcada por la violencia que azota a México, la controversia política por el momento que escogió la Santa Sede y los escándalos de pederastia que intentará obviar.
De entrada, la llegada del Papa se vio enrarecida por el ambiente que ha generado la ofensiva del presidente Felipe Calderón contra el ‘narco’, que ya ha generado cerca de 50.000 muertos. En enero, el arzobispo de León, José Guadalupe Martín Rábago, instó al crimen organizado a una tregua durante la visita.
Desde entonces, Los Caballeros Templarios, un cartel de reciente creación, ha desplegado en varios municipios de Guanajuato mensajes en los que promete un “cese de actividades” e insta a sus rivales a abandonar ese estado y evitar enfrentamientos durante la estancia de Benedicto XVI. Las autoridades han confirmado por lo menos 16 ‘narcomantas’ y varias remataban con un “Bienvenido misionero de paz”.
Se prevé un mensaje papal para superar la violencia y refundar México con base en los valores cristianos, que incluyen la defensa de la vida desde la gestación y el matrimonio exclusivo entre hombres y mujeres, según adelantó el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone.
Pero otros factores han salpicado de controversia la visita, que se presta para distintas interpretaciones. Algunos aluden a motivos estrictamente pastorales, pero muchos le apuntan a una estrategia electoral del PAN, el partido conservador de Calderón, cuya candidata aparece rezagada en las encuestas. Varios observadores recuerdan que Benedicto XVI llega precisamente a Guanajuato, un estado de tradición cristera, bastión del PAN y de donde es el expresidente Vicente Fox, cuya elección en el 2000 puso fin a 71 años de gobiernos del PRI.
“La Santa Sede no da paso sin guarachas, como decimos en México. Cada acto tiene un simbolismo específico, y ellos sabían y saben muy bien que vienen en medio de un proceso electoral. Y el gobierno mexicano también sabía que la invitación estaba gestándose en medio de un ambiente electoral”, dijo a El Espectador Roberto Blancarte, director del Centro de Estudios sociológicos del Colegio de México y quien fue consejero en la Embajada de México ante el Vaticano entre 1995 y 1998.
“El Vaticano tiene su propia agenda política y la está viniendo a impulsar en un momento en que la clase política mexicana está muy débil, está muy frágil y ciertamente es muy fácilmente manipulable”, añade el experto. En cualquier caso, los tres principales candidatos, el favorito Enrique Peña Nieto del PRI, Josefina Vázquez Mota del PAN y Andrés Manuel López Obrador de las llamadas “izquierdas”, confirmaron que asistirán a la ceremonia religiosa que encabezará el Pontífice el domingo en el parque Guanajuato Bicentenario.
Todo apunta a que Benedicto XVI intentará pasar por alto a Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo que abusó sexualmente de seminaristas durante años. “El tema de la pederastia desapareció de la agenda cuando tendría que haber sido central en México, sobre todo a partir del caso de Marcial”, señala Blancarte. “El silencio en este caso va a ser un silencio muy pesado”.