Berlusconi está de regreso, esta vez, como el «abuelo» de Italia

Aunque tiene prohibido ocupar el cargo de primer ministro por una condena por fraude, el exmandatario italiano podría mover los hilos del poder desde las sombras.

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Silvio Berlusconi revisó qué tan acolchonado estaba el cojín de su asiento cuando se acomodó para una agradable entrevista más en otro de los canales de televisión italiana que posee. En los segundos finales de silencio antes de que las cámaras empezaran a grabar, un brillo travieso le cruzó por los ojos cuando utilizó un juego de palabras en italiano para recordar que, en sus viejos tiempos en la televisión, la gente solía tener sexo en el piso del estudio.

Así es, Berlusconi, a sus 81 años, está de regreso. De nueva cuenta. Su sonrisa es más brillante, tiene mejillas del color de las de las muñecas y están tensas, luce una figura delgada y el pelo se ha regenerado hasta convertirse en un casco de muñeco Ken. Sin embargo, a pesar de su apariencia de museo de cera, de su afición preweinsteiniana por las insinuaciones fálicas y los juicios penales prolongados, Berlusconi, exprimer ministro de Italia, ya no es la burla de la política europea.

En cambio, los analistas políticos coinciden en que la única apuesta segura en las próximas y críticas elecciones que se celebrarán el 4 de marzo es que Berlusconi regresará como una gran fuerza en la política italiana, y tal vez en la de Europa. Aunque no será primer ministro de inmediato (lo tiene prohibido hasta el próximo año tras una condena por fraude), lo más probable es que sea un poder en la sombra.

Su resurrección es tan extraordinaria como totalmente esperada, si se considera que durante décadas Berlusconi ha condicionado e insensibilizado al electorado que lo escogió tres veces para ser primer ministro, a pesar de… todo.

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Ha estado bajo investigación por acusaciones de nexos con la mafia. Entró en la política en parte para proteger sus vastos intereses empresariales y después, como dueño de la mayoría de las estaciones de televisión comercial de Italia, utilizó su extenso imperio mediático para permanecer en el poder. Recibía a mujeres menores de edad en las que llamaba “cenas elegantes”, aunque todo el mundo sabía que se trataba de bacanales sexuales “bunga bunga”. Se le hizo un hábito avergonzar a Italia a nivel mundial.

Sin embargo, como muestra de lo impredecible que se ha vuelto la política mundial, las cosas han mejorado para la personificación en carne viva de los conflictos de intereses, de los apetitos desmedidos y de la política de la victimización y la demonización de la prensa de la era “pretrumpiana”. En los días del presidente Donald Trump —con quien Berlusconi no soporta ser comparado—, el magnate italiano se ha reinventado con éxito como el abuelo, o “nonno”, de la nación.

Las elecciones italianas, frecuentes y reñidas, suelen ser menospreciadas porque se les percibe como ofrendas de ópera bufa de un país que nunca cambia. Este año no es el caso. Después de que Francia y Alemania le dieran un respiro al sistema tradicional europeo al vencer a los movimientos de la extrema derecha, lo que les preocupa es el impredecible e iracundo Movimiento 5 Estrellas. En contraste, de pronto Berlusconi no se ve tan mal. Y el maestro de las ventas, tan astuto como el que más, está siempre atento para interpretar el papel de estadista sensato y moderado.

“Cree que puede reinventarse al infinito, como lo demuestra en su rostro”, afirmó Sofia Ventura, una politóloga de la Universidad de Boloña. Berlusconi, un comunicador experimentado, según Ventura, se presenta como un creador de consensos mientras sus objetivos son las personas mayores que ven sus canales de televisión.

En tiempos de incertidumbre, los italianos podrían escoger al diablo que conocen. “Transmite tranquilidad”, explicó Ventura.

No obstante, la gente cercana a Berlusconi asegura que debajo de su nueva y tiesa superficie fluye una profunda corriente de venganza. Quiere dejar el juego como ganador y desquitarse de todos los que disfrutaron de su caída de forma prematura.

En 2011, una devastadora crisis de deuda mundial forzó la renuncia de Berlusconi. En aquel entonces estaba distraído con las acusaciones de haber pagado a una mujer menor de edad llamada Karima el-Mahroug —alias Ruby, la roba corazones—, para sostener relaciones sexuales en fiestas salvajes llenas de cabareteras en ciernes (posteriormente, un tribunal anuló la condena del pago por sexo, aunque aún está esperando juicio por acusaciones relacionadas con el soborno de testigos, incluido el pianista de una de las fiestas).

Después, en 2013, una corte italiana lo condenó por un fraude fiscal relacionado con facturas infladas de su imperio televisivo Mediaset. Debido a su edad, cambiaron su sentencia penal a servicio comunitario en un hogar de ancianos. Ese mismo año, pero tiempo después, los legisladores italianos lo expulsaron del parlamento y le prohibieron ocupar un cargo público hasta 2019.

Los reveses lo derribaron hasta llegar al punto más bajo de la política. Cuando se quejó de que era víctima de un ataque político (finalmente apeló, hasta ahora en vano, ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos),

los miembros de su partido desertaron y, en 2015, Matteo Renzi, el audaz nuevo primer ministro del Partido Democrático, a quien Berlusconi había admirado como su heredero, frustró sus sueños de regreso con una eficacia maquiavélica. En 2016, Berlusconi se sometió a una delicada cirugía de corazón.

No obstante, parece que todo eso sucedió hace mucho tiempo.

Con la ayuda de la natación, la gimnasia y las visitas a una granja de belleza en Trentino-Alto Adige, Berlusconi recuperó su salud. Ha vuelto a emerger como el abuelo amable de Italia, aunque con una novia de 32 años, medios ilimitados y un imperio televisivo que le sirvió para volver a cautivar a los fundamentales votantes ancianos. La mancha de “bunga bunga” parece haber desaparecido.

“Este país ha prestado un poco de atención al amor”, señaló Emilio Fede, quien desde su lugar privilegiado de presentador en uno de los canales de televisión propiedad de Berlusconi ha sido el vocero del magnate durante más de un cuarto de siglo (sus detractores lo llaman “perro faldero”).

A pesar de que sigue acusado en un caso relacionado con las fiestas “bunga bunga”, Fede ha insistido en que los italianos han empezado a decir: “Qué aburridas son estas historias del ‘bunga bunga’. ¿Y luego dicen que Ruby es una menor? Santo cielo”.

Fede mencionó que, aunque toda la atención de los políticos italianos se concentra en las redes sociales, Berlusconi creía en el poder de la televisión. El mismo Berlusconi no ha aceptado dar una entrevista, a pesar de que se le ha solicitado durante meses.

Sus asesores reconocen que ha sido muy astuto al nutrir a un electorado de amantes ancianos de los animales —y votantes en potencia— apareciendo de manera frecuente en un programa de una de sus cadenas en la cual acaricia a sus perros blancos y esponjosos y a corderos que alimenta con biberones.

Mientras tanto, pareciera que la política de Italia y el mundo han regresado a sus manos.

Berlusconi se vengó de Renzi al hacer campaña en contra de un referendo que defendía el primer ministro; el fracaso del sufragio lo obligó a renunciar. La ansiedad respecto del crecimiento económico mediocre y de la inmigración ilegal sirvió directamente al juego de Berlusconi, quien ya estaba muy preparado cuando llegó el momento de cooptar a la derecha antinmigrante.

De nueva cuenta, Berlusconi, quien nunca preparó a un sucesor, tuvo el peso de ser el pegamento centrista para las fuerzas antiinmigrantes y posfascistas motivadas por el racismo.

Sin embargo, el partido de Berlusconi tan solo tiene el 17 por ciento de apoyo en las encuestas y aún debe enfrentarse a socios amotinados y euroescépticos. En contraste, Berlusconi parece una fuerza mitigante.

En el caso remoto de una victoria electoral absoluta, Berlusconi ha mencionado que actuaría como un director de cine que guía a un “supercandidato” escogido a mano o tal vez él mismo, para cuando se le permita participar políticamente en 2019. En este momento, cualquier cosa es posible, incluida una gran coalición con Renzi que escoja a un primer ministro producto del consenso.

No obstante, por ahora, Berlusconi va a la delantera. Este verano, su coalición ganó por mucho en las elecciones municipales. Hace poco tiempo, un juez dictaminó que ya no debía pagar 1,4 millones de euros al mes de pensión conyugal a su exesposa, Veronica Lario, quien lo llamó alguna vez “basura descarada” después de que Berlusconi asistió a la fiesta de cumpleaños de una mujer de 18 años.

Ha habido otras relaciones que han resultado mejor. A inicios de este año, Berlusconi obsequió un regalo de cumpleaños a su buen amigo, el presidente de Rusia, Vladimir Putin: una funda de edredón con la imagen de los dos amigos mientras se estrechan la mano.

Los confidentes de Berlusconi aseguran que el italiano se ve como un puente potencial entre Putin, quien cada vez goza de mayor popularidad en Italia, y Trump, el caso contrario. Berlusconi ha sido muy reacio a discutir sobre Trump.

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Alan Friedman, el autor de “My Way”, una biografía autorizada de Berlusconi, señaló que había sacado el tema de las incesantes comparaciones con Trump. “Soy más moderado que Trump”, dijo Berlusconi de forma gruñona, según Friedman.

Sin embargo, hay puntos importantes en los que hay similitudes, y no solo en sus antecedentes en los bienes raíces, la televisión y los cuidados del pelo. Como destaca Friedman, la deshumanización de las mujeres y el lenguaje grosero de Berlusconi “con el paso del tiempo rebajaron de forma constante la cultura italiana”.

También, como Trump, en esencia Berlusconi manejó a los dementes de la oposición política durante el total de sus nueve años en el poder.

El jueves, mientras Berlusconi salía del estudio de televisión, Rita Monaco, integrante de la audiencia y de 59 años, comentó que, aunque Berlusconi pudo “no haber hecho” el chiste vulgar en el estudio, lo encontraba “positivo y optimista, a pesar de todo”. Había ganado su voto.

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