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En 2011 había 14 campamentos en Antofagasta. Hoy son más de 20. Cada mes, nuevas familias se incorporan a estos asentamientos irregulares y los principales nuevos habitantes son migrantes colombianos.
La causa principal es el alto costo de la vivienda. El arriendo de una casa de dos dormitorios en un barrio humilde de la ciudad supera los 600 dólares. Para los colombianos, cuyo sueldo no supera los 500 dólares, la única opción es construir ranchos en tomas o invasiones, pese a que algunos sufren discriminación y terminan siendo expulsados.
Los dos campamentos con mayor número de colombianos son el Mujeres Unidas y el Víctor Jara. Cada uno de ellos tiene alrededor de 50 familias y el 70 por ciento de ellas son extranjeras.
Eliana Martínez es vicepresidenta del campamento Mujeres Unidas y jefa de hogar de una de las cinco familias chilenas que quedan en esta villa. Hace nueve años construyó su rancho y sin proponérselo se convirtió en fundadora de esa barriada.
La dirigente explica que desde el año pasado el número de casas casi se duplicó. Pasó de 23 a 43. La mayoría de los nuevos vecinos son colombianos. “Ahora somos tanta gente que es difícil mantener la armonía, así que hay que tener paciencia y tolerancia. De los colombianos no tengo nada que decir. Se portan bien, aunque entre comillas: cuando se les pide que limpien, ayudan, pero lo que molesta es la bulla”.
Berta Arboleda es colombiana y vecina de Eliana. Llegó de Buenaventura hace cuatro años en busca de trabajo. La razón por la que vive en el campamento es el alto costo del arriendo. “Estuve tres años arrendando pieza, pero preferimos venirnos porque era muy caro. Lo más difícil de vivir acá es el tema de los baños”, simplemente no hay. Son orificios improvisados como pozos sépticos en los solares que quedan.
La pobladora sostiene que la situación económica está más “apretada” que cuando llegó. “Hay menos puestos de trabajo y se está pagando poco” comenta con resignación al referirse a los 406 dólares que recibe.
La mayoría de los colombianos que viven en campamentos aseguran que tenían mejores condiciones de vivienda en su país que en Antofagasta, o que incluso eran propietarios. Pero la falta de trabajo los empujó a buscar otro país. “Uno no se puede comer la casa”, dice Jenny Márquez, originaria de Cali.
Jenny explica que es asistente social, pero la empresa en que trabajaba en Colombia cerró. En Chile no ejerce su profesión porque no ha validado su título. “Trabajo como administradora en una buena empresa, me ha ido bien. Pero cuando me traje a mis hijas y nieta, me fue muy complicado seguir pagando la pieza”. Sus ingresos no le alcanzaban para cubrir los 610 dólares que le cobraban por dos piezas y por eso no encontró más opción que moverse a un campamento.
El campamento está formado por un grupo de familias que vive en una situación irregular de terreno. Pueden ocupar o tierras del Estado o privadas. Es prácticamente imposible encontrar alguno que goce de los tres servicios básicos luz, agua potable o alcantarillado.
Buen porcentaje de las casetas o mediaguas tiene piso de tierra y el baño es un pozo negro. No tienen agua potable, aunque algunas veces se “cuelgan” de matrices de agua -como en el caso del campamento Mujeres Unidas-. También se “cuelgan” de la luz eléctrica.
Diego Alcalde es director regional de la organización de la sociedad civil Techo, que trabaja con familias que viven en campamentos. Para Alcalde, es preocupante que en la ciudad con mayor Producto Interno Bruto de Latinoamérica el número de personas sin vivienda esté aumentando dramáticamente y que la población extranjera esté creciendo en los campamentos. Dice, “es un círculo vicioso. La región requiere de mano de obra, pero no hay dónde acomodarla. Lo único que les queda es llegar a vivir directamente en una toma. Es eso o vivir en una pieza con la familia”.
El director de Techo explica que los migrantes se están transformando en los nuevos pobres de Chile. Vulnerables entre los vulnerables. “En Antofagasta se ve agravada la situación por el alto costo del terreno y porque hace muchos años no se construyen viviendas sociales”.
* Para este reportaje un equipo liderado por el diario El Mercurio de Antofagasta, de Chile y la plataforma de periodismo latinoamericano CONNECTAS, en alianza con el portal colombiano Agenda Propia, el peruano Útero.Pe y VICE Colombia, se sumergió en una realidad que aún está ausente en los ampliamente anunciados esfuerzos de integración latinoamericanos.
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