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Acompañado por el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, y su presidente, Simon Peres, Bush dijo en el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv que regresará para participar en la celebración del aniversario número 60 de la creación del país.
Israel declaró su independencia el 14 de mayo de 1948, lo que provocó el ataque inmediato de los países árabes de la zona, que fueron derrotados.
Fue la primera de las guerras que han marcado el conflicto árabe-israelí desde entonces y que Bush quiere acabar con un acuerdo de paz antes del final de su mandato, en enero de 2009.
El presidente reiteró su compromiso de apoyar a los israelíes y palestinos “para traer la paz”, antes de partir con destino a Kuwait.
Allí el presidente iniciará la segunda parte de su gira por Oriente Medio, que también le llevará a Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto.
Bush ha pedido a los países árabes que “tiendan la mano” a Israel, un paso que considera que “debían haber hecho hace tiempo”.
También les solicitará que den ayuda económica al gobierno palestino, dirigido por Mahmud Abás, y que apoyen las negociaciones de un acuerdo de paz que debe culminar en unas fronteras “reconocidas internacionalmente”.
Su otro objetivo en los países del Golfo Pérsico es darles garantías de que Estados Unidos, que tiene bases militares en la zona, seguirá manteniendo su seguridad.
El Gobierno de Washington pretende fortalecer su alianza con esas naciones como una forma de contrarrestar la influencia de Irán.
La visita se ha complicado después de que el pasado domingo lanchas iraníes hostigaran, según la versión del Pentágono, a barcos estadounidenses en el Estrecho de Ormuz, de gran importancia estratégica al situarse en la boca del Golfo Pérsico.
Pero en la primera mitad de su jornada del viernes Bush dejó de lado todas estas preocupaciones.
Comenzó el día en el Yad Vashem, el museo de Jerusalén que rememora la exterminación de seis millones de judíos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
“Es un recuerdo sombrío de que existe el mal y envía el mensaje de que cuando nos topamos con él debemos combatirlo”, dijo Bush.
“Lo que más me ha impresionado es que ante del horror y el mal, las personas no se olvidaron de su Dios”, dijo Bush a modo de resumen de su visita, que describió como “una experiencia conmovedora”.
Con la cabeza cubierta con el kipá, el pequeño casquete judío, Bush paseó circunspecto por los corredores en penumbra del museo.
Posteriormente colocó una corona de flores sobre una urna que contiene las cenizas de judíos de seis campos de concentración, durante una ceremonia en la “Sala del Recuerdo”.
El director del museo, Avner Shalev, le entregó una réplica de una Biblia que la judía Carol Deutsch ilustró mientras estaba escondida en Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial.
Deutsch fue denunciada y murió en el campo de concentración de Buchenwald en 1944
Bush, un metodista devoto que da gran importancia a su fe, viajó después en helicóptero hasta el mar de Galilea, dominado al Este por los Altos del Golán, arrebatados por Israel a Siria en 1967.
Allí visitó las ruinas de Cafarnaún, donde Jesús comenzó a predicar, escogió a unos pescadores para ser sus apóstoles y realizó milagros, según los Evangelios.
Mientras Bush recorría los restos de la ciudad, una lancha policial vigilaba las aguas de la laguna, que es la principal fuente de agua dulce de Israel.
Bush también se acercó hasta la Iglesia de las Beatitudes, un edificio construido en la ladera donde la tradición dice que dio el Sermón de la Montaña, después de que el jueves también orara en la Iglesia de la Natividad en Belén, erigida donde se cree que nació Jesús.