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— A éste no hay que dispararle, hay que cargárselo a golpes.
— Pues sí, tráenoslo aquí, que lo vamos a matar.
— Nos va a joder a todos, nos tiene que devolver todo el dinero. Me importa tres pesos… si no lo tiene, pues que venda el alma.
Vender el alma era un consejo poco amigable, una amenaza que al otro lado de la línea telefónica un hombre con voz disgustada exigía al hoy procesado Antonio Bellavista, exjugador de la Associazione Sportiva Bari, un club de fútbol italiano. Hablaban de Marco Paoloni, arquero de un pequeño equipo de segunda división llamado Benevento Calcio, de la región de Campania.
Algo malo hizo Paoloni para que alguien estuviera pensando en ponerle una lápida sobre el pecho. En efecto, no había vendido el alma hasta ahora, pero sí sus manos: alguien, desde la clandestinidad, le había pagado una suma de cinco cifras de euros para actuar mal en el partido del 21 de marzo del año pasado, contra Pisa Calcio. Benevento debía perder por goleada y la mafia había ido directo al punto: comprar al arquero era más fácil que hablar con cada uno de los 10 jugadores que lo acompañarían en la cancha. El detalle estaba en que al final de los 90 minutos el marcador era un ajustado 1-0 a favor del Pisa. Era necesaria una vendetta, alguien no había cumplido con la parte y ellos sí saben qué es el karma.
Juega fútbol, pero no se te ocurra jugar con la mafia. Si las autoridades italianas no estuvieran escuchando la conversación, quizá a Paoloni se lo habrían cargado a golpes, hasta sacarle el alma. Detrás estaba el crimen y su mano a veces invisible. Al portero tenían que protegerlo de la red, qué paradoja.
Ya tenía razón el célebre entrenador británico Bill Shankly cuando aseguraba que “el fútbol no es un asunto de vida o muerte. Es mucho más que eso”. En Italia, a juzgar por las revelaciones de las semanas pasadas, el fútbol también es un asunto de apuestas clandestinas, gran contribuyente de la industria ilegal del juego y el azar y uno de los principales métodos de control territorial de las organizaciones criminales. Es un asunto de Estado.
El país está sumido en una seria crisis económica, una crisis que ha convertido a la mafia en la principal generadora de recursos de la nación y que llevó al presidente Giorgio Napolitano a ordenar un cambio de frente en el gobierno hace apenas dos meses, cuando Mario Monti asumió el cargo de primer ministro en reemplazo de Silvio Berlusconi, dueño del AC Milán, un equipo no alejado de los escándalos (ver recuadro arriba ‘Calciopoli’). La realidad de los últimos tiempos, acompañados de ajustes para evitar la bancarrota, contrasta con el buen momento de los negocios mafiosos, que en sólo 2011 movieron algo así como 140.000 millones de euros, más que cualquier otro “sector empresarial”. Casos como los de Paoloni componen cerca del 1% de dicha generación de dinero, una cifra redonda como la pelota, unos 1.400 millones de euros al año.
Paoloni, quien había iniciado su carrera en el AS Roma, declaró a las autoridades que lo desbordaban las deudas y que su salario no le permitía atajarlas, por eso le vendía sus manos a la mafia desde hacía ya varios meses. Antes de ser de Benevento, el portero trabajaba para la Unione Sportiva Cremonese, también de la segunda división, en donde según el fiscal de la ciudad lombarda de Cremona, Roberto di Martino, les había suministrado calmantes ocultos entre las bebidas hidratantes a sus compañeros en noviembre de 2010. La mafia necesitaba que el Paganese obtuviera la victoria, tal y como sucedió. Poco importó que al terminar el partido cinco de los compañeros de Paoloni y el masajista del equipo tuvieran que recibir atención médica por fuertes mareos.
El arquero fue puesto a disposición de las autoridades a mediados del año pasado, junto con 15 implicados de la aparente red que se dedica al arreglo de partidos, entre quienes se encontraba también la retirada estrella de la Lazio de Roma en los años 90 Giuseppe Signori, subcampeón del mundo en 1994 con la selección nacional de Italia. El avance de la investigación apunta a la camorra, la mafia de Nápoles, y los jueces les apuntan por el que sería un complot para manipular los partidos de fútbol de acuerdo con sus intereses en las apuestas clandestinas.
Francesco Forgione es fanático del Inter de Milán, hace cuatro años ocupaba el puesto de presidente de la comisión antimafia del parlamento italiano y hace dos lanzaba el libro Mafia export, un juicioso recuento de cómo la mafia nacida en Italia ha hecho metástasis en el mundo. Responde al teléfono amablemente antes de partir hacia una conferencia, con una voz mucho más amable que la escuchada por Bellavista en esa vieja llamada interceptada por la Policía: “en las mafias no hay mercado único. Donde hay posibilidad de blanquear dinero y de multiplicar su fuerza económica, siempre va a haber un interés hacia la visible dimensión financiera legal y la clandestina ilegal-criminal”.
Forma parte del modus operandi de la camorra emplear el fútbol, un sector explotado en mucha menor medida por las demás mafias italianas como la calabresa ndangheta y la siciliana cosa nostra. No es una relación nueva como explica Forgione. Incluso fueron públicos los escándalos de finales de los 80 del SSC Nápoli que vinculaban a Maradona y a su representante, Guillermo Coppola, con la ‘camorrera’ familia Giuliano, en problemas de arreglo de partidos y otros asuntos que incluso incluyeron posesión de drogas. “No se puede decir que sólo es un tema de truca de apuestas, son millones de euros andando por ahí, invertidos también en empresas fachada que patrocinan equipos de fútbol y en la inversión de las escuelas deportivas para el control de la juventud”.
En este reciente caso, adelantado por la fiscalía de Cremona, la segunda gran redada vino en las dos últimas semanas del año pasado. Otras 17 personas fueron detenidas, entre quienes se encontraba el excapitán del Atalanta de Bérgamo —también con paso en la selección nacional— Cristiano Doni y se hacían públicas posibles implicaciones de equipos de primera división como el AS Roma, el Cagliari, el Génova, la Fiorentina y el Lecce. Nombres como Genaro Gattuso, Fabio Cannavaro y Gianluigi Buffon —todos campeones del mundo en 2006— se filtraron a la prensa de forma extraoficial por la declaración de uno de los ‘arrepentidos’ participantes de la truca, aunque hasta ahora no se conozca ningún cargo en su contra y tampoco el llamado a declarar de parte de un juez. Es extraoficial, como la posible implicación del clan D’Alessandro —un apellido ligado a la camorra— por las autoridades, en la trama.
Los detalles dan a entender lo que podría ser un ejemplo de globalización: aparentemente los arreglos se concretaban a través de la firma Singapore Pools, con sede en Asia, por medio de bases operativas en Europa del Este. Las manipulaciones tendrían lugar no sólo para el fútbol italiano, sino que podrían tocar a Alemania, Finlandia, Croacia, Hungría, Turquía, Macedonia, Eslovenia y Argentina. Hay apuestas —simbólicas, claro— que sugieren que este es apenas el principio de un partido largo y disputado, en el que la justicia italiana acaba de lanzar un pase al vacío.
El reciente caso ‘Calciopoli’
A pocos día de comenzar el Mundial de Fútbol de 2006, en Alemania, estalló en Italia un escándalo por corrupción de partidos de fútbol al que la prensa bautizó ‘Calciopoli’. El caso vinculó a cinco equipos de la Seria A italiana: Juventus FC, Reggina, Fiorentina, Lazio y AC Milan. Algunos de sus dirigentes manipularon el desarrollo del campeonato a través de chantajes a los árbitros que llevaban la conspiración a la cancha en juegos que resultaban claves para los intereses de los equipos.
El más perjudicado fue el Juventus de Turín, del que Luciano Moggi era director general. El club perdió el campeonato obtenido en la temporada 2005-2006 y fue descendido a la segunda categoría. Los demás fueron castigados con penalizaciones de puntos en la temporada que comenzó en seguida del Mundial y varios de sus directivos fueron suspendidos, como Adriano Galliani, del AC Milán. Ese mismo año, Italia ganó la Copa Mundo.
El poder corruptor de la mafia
Robos sucesivos
A finales del año pasado, tres jugadores del Napoli, Edinson Cavani, Ezequiel Lavezzi y Marek Hamsik, sufrieron robos sucesivos. Según el diario ‘Corriere della sera’, podría ser una venganza de la mafia luego de que el presidente del club, Aurelio De Laurentiis, tomara medidas para controlar la reventa de boletas, un negocio tradicional de la camorra.
¿Mito o realidad?
Según Salvatore Lo Russo, antiguo integrante de la mafia napolitana que hoy colabora con la justicia, el Balón de Oro que Diego Maradona obtuvo tras el mundial de 1986 fue robado en 1989 de una de las bóvedas del Banco de Nápoles. Dice Lo Russo que la camorra lo fundió y lo convirtió en lingotes. Lo cierto es que nadie sabe dónde está ese balón.
Excapitán investigado
Fabio Cannavaro, excapitán de la selección italiana, enfrenta una investigación en la fiscalía de Nápoles por presuntos nexos con Marco Iorio, encargado de conseguir testaferros para el lavado de dinero originado en la mafia. La investigación comenzó por las sociedades comerciales que Cannavaro sostenía con algunos implicados.