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Chen, desafío para la lucha por la libertad de EE.UU.

Aunque no es oficial que el disidente esté en la embajada estadounidense en China, el tema clave de la reunión bilateral entre ambos gobiernos serán las negociaciones por el destino del abogado ciego que escapó de su arresto domiciliario.

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La embajada de Estados Unidos en China se ha negado a pronunciarse sobre el paradero del invidente opositor del Partido Comunista chino, Chen Guangcheng, quien logró hacerse invisible al control de las autoridades y escapó de su arresto domiciliario el 22 de abril. La organización China Aid, sin embargo, afirma que el prófugo se encuentra bajo protección estadounidense.

A Pekín acaba de llegar Kutt Campbell, el asesor de la Secretaría de Estado de EE.UU., para preparar la visita que hará mañana la jefa de la diplomacia norteamericana, Hillary Clinton. La visita puede entenderse como un esfuerzo para apagar una posible crisis diplomática entre ambas potencias.

La reunión de las dos mayores economías mundiales estaba programada para tratar temas económicos. Además de Clinton, el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, también asistirá en Pekín a la celebración del Foro Estratégico y Económico anual entre China y EEUU, que se desarrollará durante el jueves y el viernes.

Pero el encuentro económico estará ensombrecido por las complicaciones diplomáticas que genera el caso de Chen. El viceministro chino de Relaciones Exteriores, Cui Tiankai, dijo que es probable que se reúna con Clinton por fuera de la agenda, para darle un mensaje claro sobre el involucramiento de EE.UU. con los disidentes chinos.

La atención mundial está puesta sobre la espectacular fuga del ciego y el futuro de este personaje empieza a poner al Gobierno estadounidense en una encrucijada. Bob Fu, presidente de China Aid y amigo de Chen, ha manifestado que se trata de «un momento crítico para la diplomacia de derechos humanos estadounidense, ya que, debido a su amplia popularidad (de Chen), la administración de Barack Obama debe mantenerse firme si no quiere perder credibilidad como defensora de las libertades». Añade que «si hay una razón por la cual los disidentes chinos respetan a EE.UU., es por momentos como éste».

Ni la diplomacia estadounidense en Pekín ni el régimen comunista se han referido al caso. El consejero de lucha antiterrorista del presidente Barack Obama, John Brennan, declaró ayer que EE.UU. intentará alcanzar «un balance» entre la defensa de los derechos humanos y la buenas relaciones con China». Lo cierto es que el asunto deberá ser tratado con pinzas para evitar mayores escándalos en un año en que las dos naciones cambiarán su gobierno. Los comicios estadounidenses están fijados el próximo 6 de noviembre y el relevo de poder del Comité Permanente del Partido Comunista Chino (PCC) está programado para octubre.

La fuga de Chen ya se convirtió en un tema electoral en norteamérica. El aspirante a candidato republicano en las próximas elecciones de EE.UU., Mitt Romney, ayer instó a Washington a «hacer todo lo que pueda para proteger a Chen», que goza de gran popularidad entre la sociedad estadounidense. Romney añadió que «nuestro país debe jugar un papel fuerte en urgir las reformas en China y apoyar a quienes luchan por las libertades de las que nosotros disfrutamos».

Ademas, el caso de Chen llega en momentos en que Estados Unidos busca el apoyo de China para solucionar varios asuntos internacionales, entre ellos para tratar de restringir las ambiciones nucleares de Corea del Norte e Irán, así como convencer al gobierno sirio de detener la guerra contra la oposición en ese país. China, miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, ha vetado las iniciativas del gobierno estadounidense para imponer sanciones más drásticas que las ya existentes, logradas en otras instancias internacionales, contra estos tres países.


El abogado descalzo

En los últimos días han salido a la luz más detalles para reconstruir la fuga del abogado que se hizo famoso cuando empezó a hacer públicas las denuncias de vecinos en Linyi, su comarca, sobre abortos y esterilizaciones forzosas -e ilegales- contra 7.000 mujeres que no cumplieron la «política del hijo único», creada en China a finales de los 70 para frenar su superpoblación. Alrededor de su casa, un centenar de policías y un muro impedían a Chen y su familia una vida normal. Bob Fu cuenta que Chen escaló el muro la noche del 22 de abril para escapar a cerca de seis años de tortura, malnutrición y aislamiento.

Después de pasar el muro, Chen cruzó un río y deambuló 20 horas, cayendo «200 veces», según su amigo y también perseguido disidente, Hu Jia, hasta que finalmente fue recogido por un automóvil de una amiga, He Peirong, quien le llevó a Pekín en tres días de viaje por carretera. Peirong ahora está detenida y se desconoce su paradero.

En 2006, después de ser condenado a 51 meses de prisión por haber hecho sus denuncias, y acusado de «destrucción de propiedad» y «asamblea con posterior disturbio del tráfico», Chen fue considerado uno de los 100 personajes más influyentes del mundo por la revista «Time». A los 23 años, analfabeto, ingresó en un colegio para ciegos en la ciudad de Qingdao, y cuatro años después, en 1998, fue a la Universidad de Medicina de Nankín. En 2001 se graduó y se estableció como masajista terapéutico en un hospital, una ocupación frecuente entre los invidentes chinos, pero decidió rebelarse contra su destino y empezó a estudiar derecho por su propia cuenta. Pocos años después ya era conocido en su comarca como el «abogado descalzo» (en China el adjetivo se suele usar para gente que asiste a personas humildes, especialmente en el campo), sus vecinos acudían a él en busca de protección legal y así fue como se involucró en la lucha por los derechos sociales.

Durante su cautiverio, criticado por Amnistía Internacional y otras organizaciones pro derechos humanos, a Chen se le otorgó, desde Filipinas, el premio Ramón Magsaysay, el «Nobel Asiático», por su «irreprimible pasión por la justicia a la hora de liderar a los ciudadanos chinos en la defensa de sus derechos legítimos». Chen finalizó su pena de prisión en septiembre de 2010, pero, como suele pasar con los disidentes chinos que han ganado fama internacional, su privación de derechos continuó e incluso empeoró al salir de la cárcel, ya que él y su familia fueron sometidos a arresto domiciliario desde entonces hasta la actualidad.

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