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La que fue senadora por el estado de Nueva York y secretaria de Estado en el primer mandato de Barack Obama, Hillary Clinton, hizo gala a su experiencia. Desde el inicio de su campaña en abril de este año fue favorita y en la noche de este martes lo ratificó al verse firme frente a su principal rival de los demócratas, Bernie Sanders, en el primer debate de esta colectividad de cara a las presidenciales de Estados Unidos. Su desempeño así lo mostró aunque los estadounidenses no desconocieron el de Sanders a quien en muchas encuentas calificaron como ganador.
“Durante mi vida, siempre he luchado por los mismos valores y principios, pero, como la mayoría de los humanos, incluyendo aquellos que aspiramos a llegar a la Casa Blanca, absorbo nueva información. Observo lo que está pasando en el mundo”, expresó la candidata en medio de un debate en el que se mostró serena y muy alegre, y como muestra de su creciente experiencia en la escena política.
Y aunque se esperaba que su punto débil fuera el “escándalo de los correos” -después de que se revelara que hizo uso de un servidor privado de para comunicaciones oficiales cuando era secretaria de Estado-; fue sorpresivamente Sanders quien pidió no centrar las miradas en esta polémica, lo que puso punto final a dicha discusión en el debate cuando- además- Clinton se negó con un rotundo “no” a debatir el tema con el aspirante Lincoln Chafee (ex senador y ex gobernador del pequeño estado de Rhode Island).
«¡El pueblo americano está harto de oír hablar del tema de sus correos electrónicos!”, expresó Bernie Sanders, lo que dio pie al primer apretón de manos entre los candidatos.
Con el tema de los correos de Clinton cerrado se dio paso a un asunto que llevó a la candidata a recibir una de las principales ovaciones para esta, el debate de armas en EE.UU., un asunto “caliente”, después del reciente tiroteo registrado en el centro de estudios superiores Umpqua Community College de Roseburg, en Oregón, donde un joven ocasionó la muerte de 10 personas y dejó otras 20 heridas.
“Esto ha ido muy lejos y es tiempo de que todo el país se vuelque contra la Asociación Nacional de Rifles (NRA, por sus siglas en inglés)”, puntualizó la candidata, quien aprovechó para criticar a Sanders por no mostrar suficiente firmeza como senador independiente por el estado de Vermont a la hora de respaldar proyectos legislativos contra el acceso de armas en EE.UU.
La polémica por el ciberespionaje masivo de EE.UU. hecha pública gracias al exagente de la NSA en 2013, Edward Snowden, también tomó partido en el debate. Entonces fue Sanders quien tuvo la palabra. «Incumplió la ley, pero lo que hizo por educarnos, eso debe de ser tomado en consideración», resaltó el candidato frente a Snowden, una posición exaltada por la gran mayoría de estadounidenses que desaprobaron la campaña de espionaje masivo.
Así, en medio de la destacada presentación de Clinton también ganó terreno Martin O’Malley, actual gobernador del estado de Maryland y el más joven de los aspirantes Demócratas en campaña; quien le apuntó a los inmigrantes en uno de sus turnos para hablar. «Necesitamos entender que nuestro país está hecho de la llegada de nuevos americanos, somos una nación de inmigrantes”, señaló, destacando que de ser electo como mandatario continuaría con las políticas en esta materia adoptadas por Obama y actualmente benefician a cinco de los 11 millones de indocumentados que viven en el país.
Entonces Clinton continuó impactando con actitud serena pero firme, al referirse a política exterior frente a la intervención rusa en Siria, apostándole a la propuesta de crear «zonas de exclusión aérea» en este país en conflicto, donde consideró que la Casa Blanca debe dejar claro a Vladimir Putín que no puede crear más caos. Una posición más de lo que muchos consideraron como «las dos mejores horas de su candidatura hasta la fecha», tal como escribe este miércoles el diario The Washington Post.
Pero lo cierto es que en el encuentro no solo primó Clinton, quien amaneció ratificando su posición de favorita. Los demócratas quedaron muy bien parados tras un debate muy distinto al protagonizado por los republicanos. «En este escenario no han oído a nadie denigrar a las mujeres, no han escuchado a nadie hacer comentarios racistas sobre los nuevos inmigrantes estadounidenses, no han oído a nadie hablar mal de otro estadounidense debido a sus creencias religiosas», señaló O’Malley en una frase que para muchos analistas marcó la diferencia entre las dos colectividades.