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Este miedo tuvo su aparente confirmación con el bombardeo del campamento de las Farc en marzo de 2008, que supuestamente tenía apoyo logístico de la base; algunas fuentes oficiales de Ecuador han insistido que el ataque utilizó pilotos y armamento estadounidenses.
De alguna manera, la decisión de trasladar la base o —Forward Operating Location (FOL)— a Colombia es lógico, dado que es el principal teatro de operaciones de la lucha “combinada” contra insurgencia y drogas. Además de las preocupaciones acerca de la coordinación con las autoridades colombianas y la dependencia sobre las necesidades y percepciones de seguridad del Norte, fortalece la alianza estado-colombiano en un momento crítico.
Llega cuando se está produciendo un incremento progresivo del poder militar de Brasil y también del gasto elevado militar de Venezuela, además de una integración regional cada vez más basada en la “soberanía” latinoamericana (Unasur, Consejo Suramericano de Defensa, Alba, etc). Aumentará, claro, la disyuntiva estratégica en el corazón del continente, aunque la nueva presidencia de Barack Obama podría intentar sellar estas diferencias con una diplomacia más ágil y un enfoque militar dedicado exclusivamente al territorio colombiano.
Por lo pronto, no creo que Chávez se sorprenda ni se alarme con la noticia que dio el ministro Juan Manuel Santos sobre el uso de algunas bases colombianas por parte de aviones estadounidenses. Pero si la presencia del “imperio” amenaza su paisaje ideológico, eso lo llevará a probar más provocaciones geopolíticas, al estilo de la armada rusa en aguas caribeñas. El acercamiento de ingenieros nucleares iraníes en la frontera colombiana se ve algo más factible.
* Coordinador, Paz, Seguridad y Derechos Humanos, FRIDE