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Colombianos en la tragedia

Marcela  Durán se percató de la magnitud de la tragedia desatada por el terremoto de Haití hasta que recorrió las calles de Puerto Príncipe y fue testigo de la destrucción.

15 de enero de 2010 – 05:28 p. m.

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El martes pasado, como miembro de la Misión de Paz de la ONU en ese país, Durán se movilizaba en uno de los carros de la organización cuando la tierra comenzó a temblar. El vehículo detuvo su marcha y una vez el movimiento cesó, emprendió marcha nuevamente para encontrarse con una ciudad destruida y envuelta en la desesperación de sus habitantes.

De los miembros de la misión que resultaron ilesos, ella quizá fue la más afectada. Sus compañeros, entre enfermeros y psicólogos, mientras trabajaban como máquinas para atender a la población, le recomendaron descansar. “Estaba en shock  —relata Durán— y con un estado de nerviosismo impresionante. Al ver que el edificio en el que trabajaba se había caído, no pude evitar pensar en que la mayoría de la gente que veía y con la que hablaba todos los días podía estar muerta o atrapada entre los escombros”.

Ayer, luego de tres días refugiada en el aeropuerto de Puerto Príncipe, esperando a que un avión de la Fuerza Aérea la trajera a Bogotá, Marcela Durán pudo volver a comer bien. Al lado de nueve colombianos más que regresaron al país, desayunó en la base aérea de Catam antes de irse a su casa a descansar. Con ella llegaron Íngrid López, Claudia Pérez, Jorge Arenas, Hermes Peñalosa y los menores de edad Sofía y Camilo Arenas,  así como Vanesa y Natalia Martínez.

Otro de los casos que resultó afortunado para un ciudadano colombiano fue el de Nubia Perdomo, una profesora vinculada a la Alianza Francesa en Haití que hasta ayer al mediodía era reportada como desaparecida. Sin embargo, en la tarde se comunicó con su esposo vía internet para contarle que se encontraba en Francia a salvo con sus dos hijas. Un avión del gobierno de Nicolás Sarkosy despegó de Puerto Príncipe el jueves por la noche con ella a bordo.

No obstante, la zozobra sigue acompañando a Simón Araneda. De su esposa, Sandra Liliana Rivera, no se ha sabido nada diferente a que el día del temblor se encontraba hospedada en el hotel Montana, hoy en ruinas. Araneda se apega a una fotografía que encontró en internet en la que se ve a una mujer de espalda que viste una camisa roja. “Por la fisionomía puede ser mi esposa. Espero que sea ella”.

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