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Como ha sido habitual en los últimos días, los norcoreanos suspendieron su vida cotidiana para contemplar el noticiero de televisión. En la pantalla, el presentador, con tono enérgico y un paisaje de la capital a sus espaldas, informó a sus compatriotas que el régimen militar echaba a la basura el Armisticio de 1953 y decretaba el regreso virtual de la guerra a la Península de Corea.
Según el mensaje oficial, la decisión de Corea del Sur de unirse a un tratado internacional para interceptar buques sospechosos de colaborar con la proliferación nuclear equivalía a una declaración tácita de guerra.
“Ahora que los títeres surcoreanos tuvieron la actitud ridícula de participar de esa extorsión y se atreven a declarar la guerra contra los compatriotas, nos vemos obligados a tomar esta medida decisiva”, pronunció el periodista ante la cámara, leyendo un comunicado del Comité para la Reunificación Pacífica de Corea.
Kilómetros al sur, en Seúl, la agencia de noticias Yonhap reprodujo una declaración cargada de una beligerancia similar. “Nuestra principal prioridad es mantener la actual superioridad armada sobre Corea del Norte”, dijo un funcionario del Ministerio de Defensa surcoreano, quien advirtió que su país “devolverá el golpe con rapidez”.
Y mientras las tensiones siguen incrementándose casi un siglo después del final de la guerra que dividió en dos la Península de Corea, las potencias del mundo envían mensajes abogando por la calma.
En Moscú, el canciller ruso Sergei Lavrov hizo un llamado solemne al régimen norcoreano para que regrese a la mesa de conversaciones y busque, junto con Estados Unidos, Corea del Sur, China, Japón y la misma Rusia, una alternativa a su programa nuclear. El proceso se encuentra congelado, pues Pyongyang abandonó las negociaciones en diciembre pasado por discrepancias sobre la verificación de su arsenal atómico.
Pero una seria advertencia se produjo en Washington, donde Hillary Clinton, secretaria de Estado estadounidense, prometió fuertes sanciones contra Corea del Norte.
“Sus acciones no hacen sino profundizar aún más su aislamiento de la comunidad internacional y de los derechos y obligaciones que ellos mismos se han comprometido a seguir”, señaló, en el mismo sentido, el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs.
Sin embargo, al norte de la Península de Corea tales declaraciones son consideradas como normales dentro de la política exterior del régimen. “Hemos vivido durante décadas con las sanciones estadounidenses, pero hemos mantenido firmemente nuestra ideología y sistema mientras empujamos nuestros logros”, consignó el diario norcoreano Minju Joson en su editorial de ayer.
Al cierre de esta edición, el Consejo de Seguridad de la ONU aún no había acordado las sanciones que emprendería contra el régimen norcoreano.
El Armisticio de Corea
Tres años de guerra y casi dos millones de víctimas llevaron tanto a Corea del Norte como a su vecino del sur a acordar un armisticio.
El documento fue firmado el 27 de julio de 1953 en la ciudad de Panmunjon y estableció la frontera entre ambas naciones y una zona desmilitarizada alrededor del paralelo 38 (la línea divisora original de las posesiones comunista y pro estadounidense).
El acuerdo detuvo las agresiones armadas pero, oficialmente, no puso punto final a la guerra en la Península de Corea; sus términos fueron respetados por casi 56 años, hasta el anuncio de ayer realizado por el régimen militar de Pyongyang. Por su parte, Seúl se unirá a los ejercicios militares de EE.UU. en la región.