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Grove City, Ohio — Durante cinco horas, Dana Smith estuvo hecha bolita, pasmada y desorientada, en la sala de su casa en los suburbios, mientras el cuerpo de su hijo Arthur Eisel IV de 31 años yacía sin vida en un baño del piso superior, junto a una aguja hipodérmica.
Entraron familiares y amistades. Los detectives corrían de un lado a otro. Smith tomó conciencia fríamente de que Artie, su hijo mayor — reservado, tímido, entusiasta de los coches, aficionado al futbol americano y al softbol — estaba muerto debido a una sobredosis de heroína.
La muerte fue el final de un horror particular para Smith, manifestó, cuyos otros dos hijos, hermanos menores de Eisel, también cayeron en la adicción a la heroína "como fichas de dominó", y aún luchan contra ella.
Para el gobierno federal, que llevó a juicio a unos distribuidores de heroína por la muerte de Eisel, es un ejemplo drástico de cómo los carteles mexicanos han empujado la venta de la droga más allá de las principales ciudades, hasta los suburbios y los caminos rurales de Estados Unidos, algunos de los cuales habían visto poca heroína antes.
En Ohio, por ejemplo, las muertes relacionadas con esta droga se propagaron a 18 condados nuevos de 2004 a 2007, el año más reciente para el que hay estadísticas disponibles. La cifra aumentó a 546 en ese período, de 376 en 2000 a 2003.
Funcionarios federales ahora consideran que los carteles son la mayor amenazada de crimen organizado en Estados Unidos. Asimismo, dicen que las organizaciones les están quitando la distribución a los colombianos y dominicanos, y están haciendo nuevas incursiones en todo el país, impulsando una forma poderosa de heroína cultivada y procesada en México, conocida como "chapopote negro" por su color oscuro y textura pegajosa.
Es frecuente que la población inmigrante mexicana, agobiada y en aumento, lleve a cuestas sus operaciones. En un caso que proporciona una ventana al funcionamiento de esto, dos distribuidores inmigrantes ilegales se declararon culpables de homicidio sin premeditación el año pasado por la muerte de Eisel, en un raro juicio federal por homicidio sin premeditación por una sobredosis de droga.
Los investigadores determinaron que dos inmigrantes, José Manuel Cazeras Contreras de 30 años y Víctor Delgadillo Parra de 23, empezaron a distribuir heroína cuando no pudieron encontrar empleo. Parra, en una entrevista desde la prisión donde fue sentenciado a pasar 16 años y medio, dijo que al principio temió ser detenido, pero decidió hacer el trabajo para mantener a su esposa e hijo, así como a familiares en México. "Llevaba una vida dura aquí en Estados Unidos", dijo Parra. "Y no tenía otro trabajo a donde ir".
A otro hombre de la banda, que no estuvo directamente conectado con la muerte y, por tanto, no fue acusado de homicidio sin premeditación, lo reclutaron en las calles de México y lo metieron de contrabando a Estados Unidos con el propósito expreso de traficar con drogas en Ohio, dijo el gobierno.
Repletos de ganancias obtenidas en gran medida en Estados Unidos, los narcotraficantes en México están inmersos en una guerra sangrienta entre ellos y con el gobierno mexicano, que empezó a ejercer medidas enérgicas contra ellos hace tres años. Desde entonces, la violencia, incluidos asaltos contra la policía y el Ejército, ha dejado más de 10,000 muertos. Sin embargo, de este lado de la frontera, los narcotraficantes siguen expandiendo su alcance.
Funcionarios del Departamento Estadounidense Antidrogas (DEA) dicen que Ohio inquieta particularmente debido a la red de vías rápidas que tiene y que hacen que el estado sea un punto propicio para el transbordo. Anthony C. Marotta, quien dirige la oficina del Departamento en Columbus, dijo que la heroína relacionada con los distribuidores del área de esta ciudad ha estado aumentando en estados cercanos como Indiana, Kentucky y Virginia del Oeste, y, tan lejos como la zona de Baltimore.
El caso de Arthur Eisel y los hombres detenidos por venderle heroína muestra cómo los narcotraficantes han empujado su producto y cómo encontraron en Eisel, ya adicto a analgésicos caros debido a una lesión en la espalda, un cliente listo para la heroína, que es más barata.
Los investigadores dicen que Arthur Eisel no es el único que ha cambiado de los analgésicos que requieren receta médica o controlados a la heroína. Esta proporciona un estado eufórico similar por una fracción del costo, 10 a 20 dólares por un "globo" — una dosis, por lo general un gramo o menos — en contraposición a más de 60 dólares por una dosis en pastilla controlada, adquirida en las calles.
Los narcotraficantes encontraron un mercado maduro en Grove City, un suburbio de Columbus, como lo han hecho en otras partes del país. Las confiscaciones bajan y suben al paso de los años, pero la cantidad de heroína confiscada a nivel nacional ha llevado una
curva ascendente desde mediados de los 1990, de 370 kilogramos en 1998 a nivel nacional a cerca de 600 kilogramos — un valor aproximado de 150 millones de dólares en heroína — el año pasado, aunque funcionarios creen que es una pequeña fracción de lo que está disponible en las calles.
La parte de juicios relacionados con la heroína entre los casos federales por drogas en esta región también ha estado aumentando, alcanzando 15 por ciento de ellos el año pasado en comparación con cuatro por ciento hace una década. Las cifras aquí son bajas en comparación con otros estados populosos como Nueva York, California o Texas, que siempre han sido centros de drogadicción. Sin embargo, el crecimiento en Ohio ha provocado gran introspección.
Marotta dijo que se alarmó recientemente al ver la compra de droga en el estacionamiento de un supermercado en Dublín, un suburbio tranquilo y elegante de Columbus, donde hacía sus compras. Paul Coleman, el director de Maryhaven, el mayor centro de rehabilitación en la región, dijo que el porcentaje de pacientes que dicen que sus preferidos son los opiáceos, principalmente la heroína — sea fumada, inhalada o inyectada — aumentó de 38 por ciento en 2002 a 68 por ciento el año pasado.
Coleman dijo que cree que la tendencia refleja un incremento en el suministro de esa droga. Mike G., quien está en tratamiento en Maryhaven y pidió no mencionar su apellido por temor a que sus enemigos en las calles se enteren que está allí, explicó: "En algunos lugares, es como ir a recoger cerveza".
Un vínculo fatal
La banda vinculada al cartel mexicano que le vendió la dosis fatal a Arthur Eisel es sólo una de al menos 10 organizaciones de narcotraficantes, conocidas por las autoridades como células, que operan en el centro de Ohio, comentó Tim Reagan, un agente del
DEA que investigó el caso como parte de la Fuerza de Tarea de la Frontera Suroeste, una unidad de funcionarios encargados de aplicar la ley en Ohio, centrada en las drogas provenientes de México.
Cada célula consiste de un puñado de personas que distribuye la droga después de que se mete de contrabando por la frontera suroeste, a 1,500 millas de distancia. Muchos de los integrantes, como Parra y Contreras, tienen sus raíces en Nayarit, un estado en la costa de México en el Pacífico.
Adicciones compartidas
De pie ante un juez federal el verano pasado, de cara a una sentencia de 20 años en la cárcel por homicidio sin premeditación por la muerte de Eisel, Contreras suplicó perdón.
"De verdad que no pretendía hacerle ningún daño a su familia", dijo Contreras de 30 años, antes de que el juez dictara la sentencia de 15 años. "Tengo dos hijos, y no me gustaría que algo como esto les pasara a mis hijos".
Dana Smith escuchaba horrorizada. En su casa, sus hijos menores todavía luchaban con la adicción. Arthur había sido, según ella, el típico niño de los suburbios, tímido con las chicas, un aficionado al programa de radio de Howard Stern, miembro de una liga local de softbol, popular con los hijos de amistades.
Finalmente, encontró trabajo como empleado bancario y rentó un departamento con Robby, uno de sus hermanos. Robby Eisel, quien está en tratamiento en un centro de rehabilitación en Columbus, explicó que pasar de la medicina controlada a la heroína fue fácil "porque la heroína está en todas partes por aquí".
Cuando Arthur Eisel se lesionó la espalda en un accidente automovilístico en 2005, empezó a tomar medicamentos controlados, Percocet y OxyContin para el dolor crónico, bajo supervisión médica.
Robby Eisel expresó que había estado tomando medicinas parecidas porque se rompió un brazo en el empleo como trabajador de mantenimiento en un campo de golf. Pronto, los tres muchachos estaban comprando OxyContin ilegalmente y también compartiéndolo. Cuando se agotaron los suministros y su vendedor sugirió la heroína, la probaron y pronto desarrollaron la adicción.
Smith dijo que batalló para comprender qué les pasó a sus hijos. Ella es empleada en un tribunal y ha visto pasar el desfile regular de drogadictos e infractores. Sin embargo, un día de 2007, escuchó anunciar los nombres de dos de sus hijos, Arthur y Robby, en el juzgado procesal penal. Habían entrado a robar una tienda. "Fue devastador", contó.
Hubo más horrores. Encontraba agujas en las fundas de las almohadas, en abrigos, bajo los sillones de la sala. Observó a sus hijos retorcerse por la agonía del dolor de cabeza y huesos, y por la diarrea, cuando experimentaban la abstinencia al tratar de derrotar a la adicción en su casa.
Los fiscales pidieron a Smith que fuera a las audiencias en las que se dictó sentencia e hiciera una declaración. Estuvo parada a unos pies de los hombres acusados de asesinar a su hijo y escuchó sus palabras de arrepentimiento.
"Parte de mi corazón va a sus familias", dijo en una entrevista reciente. "Pero se tiene que hacer algo para detener esto".