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La crisis financiera ha dejado mucho más que empresas y bancos quebrados a lo largo del mundo. Protestas, malestar social generalizado, ruptura de alianzas políticas y cambios de gobierno han plagado los titulares de los últimos meses.
Grandes cambios se han registrado en el planeta. Las naciones que protagonizaron en las últimas décadas el crecimiento económico y cuya población vivía con abultados salarios y comprando a crédito, sufren hoy las consecuencias de ese estilo de vida.
“Los bancos europeos y norteamericanos hicieron malas inversiones, algo que no se repitió en América Latina. Por eso la crisis no se ha sentido en la región. Sin embargo, a mediados de 2009 se vivirá una crisis generalizada en el Viejo Continente y comenzarán a sentirse sus efectos en la región”, pronostica el economista y académico César Ferrari.
La economía se encuentra al revés. Islandia busca el renacer de sus finanzas en el mar, Hungría sufre el derroche de los años dorados y China ve reducidos losmercados para sus productos. Expertos pronostican que El Salvador y Ecuador abandonarán la dolarización y acuñarán una moneda propia.
El panorama colombiano no es menos crítico. Según Ferrari, el país verá cómo caen las exportaciones, seguidas por una reducción importante en las remesas. “Y también es probable que la moneda se devalúe y crezca la inflación”, asegura.
Los problemas de decir la verdad
Las autoridades de Letonia no permitirán que el Estado se vea perjudicado por la opinión de sus académicos. Así quedó demostrado por el caso de Dmitrijs Smirnovs, el economista arrestado por predecir el comportamiento de la economía.
En octubre pasado, poco después de que estallara la crisis económica mundial, el periódico letón Ventas Balss le preguntó a varios expertos por el futuro de las finanzas públicas. “Recomiendo dos cosas: no ahorrar en los bancos e invertir en divisas, porque el lat –moneda letona– es muy inestable en estos momentos”, declaró Smirnovs.
Días más tarde, la Policía lo arrestó por el delito de “difundir información incierta relativa a la condición del sistema financiero nacional”. De ser encontrado culpable, el experto pagaría una pena de hasta seis años de cárcel.
Sin embargo, el tiempo demostró que su pronóstico tenía fundamento. Una verdadera bomba le estalló en las manos al Gobierno tras revelarse que la economía se contrajo 4,6% en el tercer semestre de 2008. Las reformas propuestas (congelación de los salarios, recorte del gasto público en un 15% e impuestos más caros) desataron la furia de los ciudadanos.
Letonia amanece hoy en medio de la ingobernabilidad. El presidente Valdis Zatlers amenazó con disolver el Parlamento si éste no reforma la Constitución para celebrar elecciones anticipadas. También le exigió al primer ministro Ivars Godmanis “entregar los ministerios a profesionales y no a líderes políticos”.
La isla que colapsó
Islandia, esa pequeña nación enclavada en las aguas del Atlántico Norte, encabezó en 2006 la lista de países desarrollados de la ONU. Dos años después un anuncio de internet causó conmoción: el país buscaba comprador.
La crisis financiera llevó al colapso a la isla. A comienzos de octubre, una semana después de prenderse la alarma mundial, el gobierno nacionalizó los tres principales bancos y asumió sus deudas, estimadas en nueve veces el PIB nacional.
El caos llegó en los meses siguientes. La krona, la moneda nacional, se desplomó mientras las cifras del desempleo se treparon al 5%; por si fuera poco, la inflación llegó a las nubes.
Los islandeses, acostumbrados a vivir del crédito, salieron a las calles para protestar porque ningún político asumió la responsabilidad del descalabro económico. Las manifestaciones desembocaron en los peores disturbios de la historia reciente.
Esta semana la crisis cobró su primera víctima. Geir Haarde, el primer ministro elegido en 2007, renunció a su cargo; los US$2.100 millones que el FMI le prestó a la isla en noviembre pasado no evitaron el colapso de la coalición en el poder.
Ante las crisis, los islandeses han vuelto a mirar a la pesca, la industria nacional, como la respuesta a sus plegarias. “Un banquero dijo que el país podía ganar dinero con los bancos. Me gustaría verlo hablar ahora”, le dijo el ingeniero naval Helgi Sigurgeirsson a la agencia AP.
España en recesión
“A trabajar, ahorrar energía y también conviene que consumáis”. Con estas palabras el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, les solicitó a los españoles ayuda para que el país pudiera soportar los graves efectos que se avecinaban por cuenta de la crisis financiera global.
Sus llamados cayeron en oídos sordos, pues según los datos oficiales revelados esta semana, el consumo de los hogares españoles en el último trimestre fue “nulo”. La negativa de los españoles a subir sus niveles de consumo fue el factor que más contribuyó a que España haya entrado oficialmente en recesión. A eso se sumó el colapso de la burbuja inmobiliaria, motor de la economía española en la última década.
Así lo informó el Banco de España esta semana, cuando anunció que la economía del país no sólo no crecía sino que iba hacia atrás. Este retroceso hizo saltar las alarmas en la región, pues es la primera vez en 15 años que España, la quinta economía de Europa, genera números rojos en su Producto Interno Bruto.
El economista español Antonio Argandoña aseguró a AP que, “las familias viven tan endeudadas, que no van a gastar más, estamos en la fase de cerrar empresas y de más desempleo. El panorama parece muy negro y todavía nos queda bastante recesión por recorrer”.
Hungría, una deuda fatal
A comienzos de 2008, los 10,5 millones de habitantes de Hungría recibieron el nuevo año con una promesa: estaban preparados y entrarían en algunos meses a hacer parte de la zona euro, ese exclusivo club con una de las monedas más sólidas del mundo.
Pero la fiesta tuvo que esperar. La llegada de la crisis económica se encontró en esta ex república soviética con un Estado endeudado, con sus bonos por el piso y su niveles de riesgo volando. La bolsa de Budapest se desplomó en cuestión de días, llegando al récord insostenible del 57,1% a finales de año.
Durante la Guerra Fría, el país había sido un pionero socialista con modelos de liberalización económica; y en los noventa, un santuario de multinacionales que producían por montones automóviles y electrodomésticos. Pero paradójicamente, aquellos mismos elementos que la convirtieron en la joya de la otrora cortina de hierro, la llevaron al borde del colapso.
Al desplomarse el país a finales del año pasado, analistas económicos coincidieron en que su condena había sido su alto endeudamiento y el exceso de inversión extranjera. Al caerse la bolsa y al subir los índices de riesgo, las empresas empacaron maletas y se fueron con su capital.
A Hungría le tocó entonces pedir de urgencia, de nuevo, un jugoso paquete de ayuda para contar con liquidez. Quien vino al rescate fue el Banco Central Europeo, con 5.000 millones de euros.
Con el dinero, Hungría se propuso revitalizar su producción interna, incrementar las exportaciones y refinanciar los sectores afectados. Y posponer de paso su entrada a la zona euro, que quedó programada para 2011.
La siesta del Dragón
Carretas con tablas, ropa y herramientas. Es una escena que se ha vuelto recurrente en las ciudades chinas. La crisis económica por la que atraviesa el gigante asiático ha obligado a más de 300.000 obreros a regresar a sus pueblos de origen en el campo.
El gobierno central chino pidió a las provincias que afronten de la mejor manera esta emergencia. En Hubei, por ejemplo, las autoridades ordenaron a las compañías no despedir a ningún trabajador, aunque están en libertad de reducir salarios.
Los números son menos amables. Por primera vez en siete años el país creció por debajo del 10% y se estima que unos 10 millones de trabajadores provenientes del campo han perdido sus empleos por el cierre de fábricas.
Para los expertos, la triste realidad de la economía se explica por la reducción en la demanda de manufacturas chinas, el gran motor del crecimiento nacional.
“China se convirtió en la fábrica del mundo sin asumir un papel de liderazgo en tecnología, que está en el nivel más bajo en el orden mundial. Muchos de los componentes en sus productos electrónicos se importan de otros países”, explicó la economista He Qinglian a la revista La Gran Época.