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El chileno Sebastián Piñera está a punto de agrandar su lista de logros. Con su victoria el domingo en las elecciones presidenciales de su país, este doctor en economía, multimillonario, dueño de LanChile, Chilevisión y el equipo Colo Colo, podría convertirse en el hombre que corte la racha de dos décadas de izquierda moderada.
Con el 44% de los votos, Piñera arrolló a su rival, el ex presidente Eduardo Frei, quien no pudo capitalizar la popularidad de su copartidaria, la mandataria Michelle Bachelet, y se quedó el domingo con el segundo lugar y el 32% de los votos.
Con estos resultados, la derecha chilena y la socialdemocracia oficialista se van a una segunda vuelta, que se llevará a cabo el 17 de enero. Su futuro estará hasta entonces en manos del candidato independiente Marco Enríquez-Ominami y, en menor medida, del socialista Jorge Arrate. El primero, un disidente de la gobernante Concertación, se llevó el 19% de los votos; el segundo, el 5%.
Sumando los votos de Frei, Ominami y Piñera, el oficialismo podría en un mes evitar ser desbancado del Palacio de la Moneda, tras dos décadas de gobierno progresista. Y conscientes de eso, desde medio día los principales líderes hicieron vehementes llamados a la unión.
El hoy secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, ex ministro de Interior del gobierno del hoy candidato, Eduardo Frei, aseguró que en los años de transición a la democracia, Enríquez-Ominami había sido muy cercano a la Concertación. “Recuerden de dónde viene (…)”, dijo Insulza. “Allá por 1982 estuve en un famoso encuentro en el exterior. Una de las personas que me invitaron era Enríquez-Ominami. Espero que no nos olvidemos de eso a la hora de la verdad”, señaló, recordando los años en que ambos trabajaron para acabar con la dictadura de Pinochet.
Enríquez-Ominami, por su parte, le había hecho guiños a la Concertación para así evitar el ascenso al poder de la derecha, que es visto por muchos sectores como el retorno de sectores muy cercanos a la dictadura de Augusto Pinochet. “Invito a que nos unamos todos para que derrotemos a los conservadores, pero con ideas de presente”, había dicho por la mañana. Sin embargo, al conocer los resultados, afirmó ante sus seguidores que no endosaría sus votos a ningún candidato, pues “no les salía del alma”.
Piñera, sin embargo, basó su campaña en reconocer algunos logros de la Concertación, desmarcándose a su vez tanto del oficialismo como de los sectores reaccionarios, nostálgicos del pinochetismo. En muchas ocasiones, Piñera recordó que durante la transición siempre había apoyado la salida de Pinochet, a diferencia de muchos de sus aliados políticos.
Tras emitir su voto, Piñera criticó al oficialismo por querer acomodarse en el poder y fustigó una posible alianza: “He escuchado mucho ese llamado a ‘unirnos en contra de’. Creo que nunca hay que unirse en contra de algo, siempre hay que unirse a favor de algo”, dijo.
El ex presidente Eduardo Frei (1994-2000), contra quien se medirá Piñera, se mostró el domingo abierto a generar de nuevo la coalición e insistió en la importancia de estos comicios: “Hoy definimos el futuro del país, aquí lo que se determina son dos maneras y dos visiones de Chile. Nosotros no queremos un salto al vacío ni volver al pasado”.
También el domingo se llevaron a cabo unas históricas votaciones para la mitad del Senado y toda la Cámara de Diputados. A estos órganos colegiados aspiraba a regresar el Partido Comunista, que desde hace décadas se encuentra marginado del Congreso. Asimismo, el nieto del general Augusto Pinochet, Rodrigo García Pinochet, se mostró con confianza en su aspiración a ocupar un asiento en la Cámara de Diputados. García Pinochet, que tuvo que lanzarse como independiente pues no fue aceptado por la Concertación ni por los conservadores, afirmó al votar: “Habrá un Pinochet en el Parlamento”.