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El norcoreano Kim Jong-un y el ruso Vladímir Putin se han visto dos veces en el último año. Hace pocos meses firmaron un tratado de defensa mutua y cooperación, que los compromete a apoyarse en caso de que se dé una agresión contra cualquiera de sus países. Además, según funcionarios de defensa surcoreanos, su vecino le ha mandado a Moscú desde agosto de 2023 más de 13.000 contenedores de carga con munición de artillería, cohetes antitanques y misiles balísticos de corto alcance. Ahora, de acuerdo con información dada por Estados Unidos, se sabe que tropas de Pionyang llegaron a Rusia en medio de la guerra de Ucrania, que ya va para su tercer año.
El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, confirmó el movimiento de soldados, aunque dijo que “todavía está por verse qué están haciendo exactamente” allá. Si bien no se conoce el número preciso de tropas, desde Washington se calcula un envío de 2.500 militares, sin saber cuántos más podrían seguir, mientras que los números que manejan los gobiernos de Ucrania y de Corea del Sur apuntan a que más de 12.000 hombres estaban entrenándose para combatir con sus pares rusos. Por ahora, el Kremlin no se ha pronunciado al respecto, aunque en ocasiones anteriores ha negado informes sobre la presencia de combatientes norcoreanos en su territorio.
Lo que dio a entender Austin es que Putin “puede estar en más problemas de lo que la mayoría de la gente cree”. Algo parecido insinuó el presidente Volodímir Zelenski a principios de esta semana: “No diría que se han quedado sin personal. Sin embargo, la renuencia a movilizar a su propia gente está ciertamente aumentando, y existen formatos para movilizar tropas norcoreanas. Esto definitivamente está sucediendo e indica que las consecuencias de esta guerra ya están impactando a la sociedad rusa”.
No es que Moscú no tenga hombres, dice Vladímir Rouvinski, profesor de la Universidad Icesi, a pesar de que se cree que hay más de 600.000 muertos o heridos en la guerra, según funcionarios estadounidenses. El asunto es que se estaría tratando de evitar una nueva movilización, ya que la última generó un importante éxodo de personas. “Un nuevo llamado podría poner en riesgo la estabilidad del régimen, aunque sea a corto plazo. Esto implica no buscar más rusos para que mueran en el frente de batalla, sino norcoreanos”, agrega el docente. En eso coincide el internacionalista Jesús Agreda Rudenko: “Cada vez es más difícil para el gobierno de Putin justificar el número de pérdidas, por lo que el acceso a soldados provenientes de otras partes, cuyas muertes no debe explicarle al pueblo ruso, es una bocanada de aire fresco”. Falta por ver qué tan preparadas están estas tropas. Corea del Norte tiene un Ejército grande, con 1,2 millones de soldados que están en constante entrenamiento. Sin embargo, no ha participado en años de una guerra real, más o menos desde 1953.
Lo que se está viendo ahora apunta a que se estaría dando un escalamiento del conflicto que puede tener implicaciones globales, no solo regionales. Es un giro mayor en la internacionalización de la guerra, que se diferencia de la llegada de mercenarios a las filas de Kiev, provenientes de diferentes países, incluido Colombia, pues lo que está sucediendo podría implicar el involucramiento de un tercer país en el enfrentamiento bélico. Con ello, al menos para Agreda Rudenko, se estaría mostrando que a Ucrania le cuesta mucho más reponer sus propias pérdidas y que Rusia, en cierto sentido, lleva una ventaja en esta guerra de desgaste.
Hay quienes coinciden en que Pionyang estaría transitando el mismo camino que Seúl tomó años atrás, cuando envió casi 320.000 soldados a la guerra de Vietnam, a cambio de que Washington le ayudara a modernizar su Ejército y a estimular el crecimiento económico con préstamos baratos. El envío de militares de Corea del Norte a Rusia podría significar algo parecido, apostando por un intercambio tecnológico, pero también por un respaldo en escenarios multilaterales, como en Naciones Unidas. De hecho, este año, Moscú vetó una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que buscaba prorrogar el mandato de un grupo de expertos que supervisaba la aplicación de sanciones contra Corea del Norte, sobre todo en lo relacionado con las armas nucleares.
“Con la invasión rusa de Ucrania y luego con Medio Oriente, el mundo se empezó a olvidar de Corea del Norte”, cree Rouvinski. “Ese país quiere demostrar que es relevante y que no es simplemente un Estado gobernado por un dictador”. A su parecer, es una estrategia que busca mostrar la relevancia que Pionyang tiene en los escenarios globales. Es algo, que en palabras de Agreda Rudenko, le está dando más visibilidad, sobre todo ante los ojos de Estados Unidos y Corea del Sur, aunque no está muy claro cómo se va a capitalizar eso. A la sombra, como lo ha estado desde hace tiempo, está el fantasma de lo nuclear, alrededor de lo cual Putin ha intensificado su narrativa y Kim Jong-un ha redoblado esfuerzos, al declararse desde 2022 como el líder de un Estado con armas nucleares. “Esta es la verdadera ‘alianza sin límites’”, le dijo a The New York Times Victor Cha, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales: “Estamos en una era completamente diferente (…). Esto aumentará las exigencias cuando Kim haga las suyas, y Putin le dará lo que quiere”.
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