Publicidad

Dilma Rousseff, contra las cuerdas

Las protestas en contra de la presidenta de Brasil se hacen más frecuentes. En lo que va corrido del año ya van tres nutridas manifestaciones en las que se pide su renuncia.

18 de agosto de 2015 – 10:19 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

El 26 de octubre de 2014, Dilma Rousseff logró ser reelegida en Brasil con el 51,5% de los votos, frente al 48,5% del socialdemócrata Aécio Neves. El reñido resultado mostró que el país estaba dividido y que tras 16 años en el poder, el Partido de los Trabajadores, que gobernará hasta 2018, ya no gozaba de respaldo tan contundente que tenía cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió el poder en 2003. La razón no es otra que los escándalos de corrupción que salpican al entorno presidencial.

Ya antes de las elecciones del año pasado las calles de las principales ciudades del país protestaban con fuerza. En junio de 2013 la mandataria fue sorprendida por una marcha que llegó a congregar a un millón de personas. Entonces las peticiones eran básicamente por mejoras en salud, educación y seguridad. Sin embargo, fue justo antes del Mundial de Fútbol cuando Brasil se rebeló. La corrupción comenzaba a asomar como la principal preocupación de los brasileños, esto por los sobrecostos en las obras para el evento deportivo y los altos costos para la población.

Pero fue el escándalo de Petrobras el que puso contra las cuerdas a Rousseff. En marzo de 2014 , un año después del inicio de la Operación Lava Jato (lavadero de carros), la policía federal comenzó con la detención de decenas de ejecutivos de empresas constructoras involucradas en un pago de sobornos por contratos con el gigante brasileño. La mayor trama de corrupción destapó una red de políticos cercanos al gobierno con un sinfín de problemas legales y financieros. Según datos, en una década la empresa estatal movió US$4.000 millones en sobornos.

Hasta el momento se han detenido 47 personas, entre políticos, financieros y funcionarios de Petrobras. Pero el escenario se agravó con la captura de José Dirceu, exministro de Lula da Silva y uno de los fundadores del Partido de los trabajadores (PT) acusado de ser uno de los líderes de la trama de corrupción. Incluso el expresidente Lula está bajo sospecha de tráfico de influencias. Estos temas aunque no tocan directamente a Rousseff sí la afectan y envalentonan a la oposición, que ahora pide su impeachment (juicio político para destituirla).

Eduardo Cunha, presidente de la Cámara de Diputados (investigado en la operación Lava Jato), y miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMBD), principal aliado del PT, rompió con el gobierno. Algo que complica a Dilma pues esta formación política es clave en la Cámara baja en un eventual proceso de impeachment. Ahora la presidenta se concentra en el impacto económico de la investigación. El megaescándalo ya provocó un impacto negativo en un 1% del PIB de este año (la previsión de la caída para el 2015 es del 1,49%).

Según la creencia popular en Brasil, agosto no es un buen mes. Y para Dilma pinta muy mal. El domingo otra multitudinaria marcha, la tercera en 2015, se tomó 150 ciudades del país. Aunque las manifestaciones fueron menos concurridas que otras anteriores, que llegaron a convocar a 2,5 millones de personas en marzo y abril, el grito de “Fuera Dilma” evidencia la encrucijada de Rousseff, sobre quien hay sospechas de “maquillar” sus cuentas. Dicen que se habría desviado dinero de Petrobras para financiar su última campaña electoral.

La presidenta brasileña ha luchado contra la corrupción. Desde que llegó al poder, por primera vez en 2011, destituyó a varios de sus funcionarios vinculados a escándalos. Sin embargo, eso no ha sido suficiente. Según Rousseff esta investigación de Petrobras “cambiará Brasil y supondrá el fin de la impunidad”. El caso le ha costado su popularidad y la ha hecho blanco de duras críticas, incluso de su mentor. Recientemente Lula dijo que “Dilma está en el fondo del pozo, el PT por debajo del pozo y yo, también en el fondo del pozo”. Criticó a la presidenta por no salir a la calle. “Compañera, ¿cuándo fue la última vez que le dio una buena noticia al país?”.

7,5% fue el promedio de crecimiento de la economía brasileña hace cuatro años.

0,1% fue el crecimiento que se registró en 2014

9% es el respaldo popular de Rousseff tras ocho meses de segundo mandato.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido