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Con motivo de la llegada a Colombia de la fundación Ayuda a la Iglesia que Sufre, vino al país el padre Carlos Khalil Jarr, uno de los personajes más reconocidos del catolicismo y el cristianismo en Oriente Medio. Su labor para acercar a árabes e israelíes ha sido aplaudida varias veces por el Vaticano. Para Khalil, la vía para salir de la espiral de violencia en esa convulsa región es la educación contra el fanatismo.
Usted es palestino, nacido en Belén. Pero, como muchos palestinos, tuvo que huir de su tierra. ¿Cómo fue?
En 1967 tuvimos que salir como refugiados a Jordania y de ahí a Honduras, porque allí estaba mi familia. Me quedé 17 años y regresé a Jerusalén para entrar en un seminario de la diócesis y mi ordenación sacerdotal fue en 1976. Desde entonces estoy en Jordania y Palestina como párroco.
Muchos tienden a pensar que el conflicto israelí-palestino es entre judíos y musulmanes. Usted es un ejemplo de que también hay católicos en medio.
También hay que distinguir entre israelíes, allí hay judíos y no judíos. En Palestina hay cristianos y musulmanes. Es un conflicto de muchos años y ambas partes sufren. Mi educación de niño fue como palestino contra los judíos. Pero más adelante, ya cuando era sacerdote, me mandaron como párroco a Áqaba, Jordania, y a Eilat, una ciudad en el sur de Israel. Sirviendo como párroco en Jordania a los árabes y como párroco en Eilat para árabes y judíos, tuve la ocasión de cambiar mi visión hacia el pueblo de Israel, porque ellos también sufren.
¿En qué consiste el proyecto de reconciliación que usted lidera?
Empecé un proyecto con el título “One step towards peace” (Un paso hacia la paz). Había muchos jóvenes de Israel y de Jordania, cristianos y musulmanes. La razón de este proyecto era educar a los jóvenes y hacerles entender que es posible convivir juntos. Empezamos con el deporte, el fútbol, y he tenido un equipo que se llama Áqaba-Eilat United, y juntos fuimos muchas veces a competir en Génova, Italia, para mostrar a nuestro pueblo que uniéndose se puede realizar algo más bonito que la guerra. Al principio, los gobiernos de Israel y Jordania no apoyaban tanto el proyecto, tenían miedo. Pero al regresar de la primera visita a Italia, ya estaban de acuerdo en que se puede realizar algo por la educación.
¿Qué resultados ha tenido?
Hoy tenemos más de 500 familias de ambas partes que conviven juntas. Además, tenemos proyectos de deporte, música y teatro que impulsan la convivencia pacífica.
Sin embargo, la violencia entre Israel y Palestina aún es muy grande. ¿Qué hace falta?
Tenemos que empezar por la educación. Educar a nuestros hijos en que tienen el deber de respetar al otro, aceptar y respetar su religión, sus ideas, convivir juntos. Antes de llegar a esto, es imposible llegar a la paz.
En Irak y Siria, el surgimiento del Estado Islámico ha afectado a minorías cristianas.
Tenemos claro que la iglesia en Oriente Medio es una iglesia que sufre desde hace muchos años. Tras la caída de Sadam Hussein en Irak, los cristianos empezaron a sentir malestar. Pero la llegada del Estado Islámico fue el culmen de la persecución. Recuerdo que el viernes 10 de junio, durante la oración en la mezquita de Mosul, dieron una noticia a los cristianos por altoparlante: tienen tres opciones: uno, convertirse al islam. Dos, pagar un impuesto por ser cristianos que vienen a un país musulmán, de 200 dólares al mes por persona, lo cual es imposible. Tres, salir del país o la espada. Y tienen 24 horas para decidir. Así fue que más de 15 mil cristianos salieron de Mosul hacia la ciudad de Erbil, caminaron 35 kilómetros. Muchos empezaron a llegar a Jordania. Fue un acto muy apreciado del rey de Jordania que los acogió. El rey es musulmán, pero de primera clase, moderno , abierto. Hoy en mi parroquia, en Jordania, tengo 150 familias de esas. Son refugiados. Yo soy hijo de refugiados, tengo que recibirlos.
Usted sufrió la violencia contra cristianos en Irak, cuando estuvo secuestrado en Bagdad.
Me secuestraron cuando acababa de llegar a Bagdad. Estuve secuestrado una semana que fue horrible, una agonía tremenda. Yo, que soy un sacerdote católico que enseña a la gente a rezar durante momentos difíciles, no podía rezar. Me olvidé de todo, por el miedo. En un momento le dije a Dios que si estoy aquí es por usted, vengo a Irak para ayudar a los niños que lo necesitan, para llevarlos a Jordania. Luego vino el jefe de los militantes a interrogarme. Le expliqué que solo venía para llevar a unos niños a Jordania, porque necesitaban tratamiento médico. Le pedí que me ayudara a seguir con ese trabajo de misericordia y le mostré los tiquetes aéreos de los dos niños. Dos días después me liberaron y regresé a Jordania con los dos niños. Desde entonces no puedo ir a Irak.
¿Qué futuro les ve a Irak y Siria, teniendo en cuenta la aparición del Estado Islámico y la coalición internacional que lo está bombardeando?
El futuro es muy oscuro. Estamos viendo el resultado de una educación hacia el fanatismo, que hemos tenido desde años. Por eso, mi mensaje es dejar de educar los niños hacia el fanatismo y regresar a la raíz de nuestra fe, que es amor, paz y respeto.
* dsalgar@elespectador.com / @DanielSalgar1