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El gobierno del Líbano, que enfrenta una movilización popular inédita, adoptó este lunes varias reformas bloqueadas desde hacía tiempo, pero no logró calmar los ánimos de los manifestantes contra una clase política acusada de hundir el país.
A pesar de que el Gobierno libanés ha conseguido finalmente aprobar los presupuestos generales, con importantes recortes y sin nuevas cargas para los ciudadanos, las protestas en las calles del país han continuado por quinto día consecutivo. Los ciudadanos exigen la salida de todos los dirigentes, a quienes acusan de ser los culpables de la baja calidad de vida de los libaneses.
Con incesantes cortes de agua y electricidad, 30 años después del fin de la guerra civil (1975-1990), el país no ha conseguido ofrecer a sus ciudadanos una oferta de servicios públicos dignos. Además, más de una cuarta parte de la población vive bajo el umbral de la pobreza, según el Banco Mundial.
El Espectador le explica algunas de las medidas que el gobierno libanés tomó (y no gustaron a los protestantes):
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Sin más impuestos Tras un Consejo de Ministros extraordinario, el primer ministro Rafic Hariri anunció ante la prensa que la coalición gubernamental que lidera adoptará «medidas esenciales y necesarias». Sin embargo, también aclaró que esto no representará un impacto económico para los contirbuyentes de su país.
En una rueda de prensa retransmitida por televisión, Hariri anunció que el gabinete había finalmente acordado este lunes los presupuestos generales para 2020 con un 0,6 % de déficit y que para reducirlo se gravarán más las ganancias de los bancos pero no se aplicarían nuevos impuestos a los ciudadanos.
Precisamente, las protestas que dieron comienzo el pasado jueves se desataron por la aprobación de un impuestos para las llamadas de voz por aplicaciones de mensajería en internet como WhatsApp o Facetime.
Reducción del sueldo de los gobernantes El Ejecutivo también anunció que bajará el salario en un 50 % a todos los ministros, diputados y otros altos cargos actuales como el presidente, además de eliminar el Ministerio de Información y otros organismos que Hariri consideró «no necesarios» y que pesan sobre las arcas del Estado.
Para argumentar su decisión, el primer ministro anunció que se elaborarán nuevas leyes antes del final del año para «recuperar los fondos saqueados del Líbano» y «establecer una autoridad para luchar contra la corrupción», uno de los principales motivos que ha llevado a los libaneses a las calles en los pasados días.
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Elecciones anticipadas Hariri afirmó que apoyaba el reclamo de los manifestantes de celebrar elecciones anticipadas. «Les hemos escuchado. Si su petición es elecciones parlamentarias anticipadas […] yo, Saad Hariri, estoy con ustedes en esta petición», declaró. El primer ministro libanés dijo por otra parte que estas decisiones no fueron adoptadas para poner fin a las protestas.
«Estas decisiones no se tomaron como moneda de cambio», declaró Hariri en una rueda de prensa. El gobierno «no pretende pedirles que dejen de manifestarse y de expresar su indignación», agregó.
Las últimas elecciones legislativas tuvieron lugar en mayo de 2018.
¿Por qué no gustan las medidas tomadas por el gobierno? Los anuncios de Hariri, retransmitidos en directo por altavoces por el centro de Beirut, en los principales puntos de encuentro de los manifestantes, no parecieron convencer demasiado a los libaneses, que exigen soluciones más drásticas a sus problemas.
Miles de manifestantes respondieron al grito de «¡revolución, revolución!» y «el pueblo quiere la caída de régimen», principales lemas coreados en estos cinco días de protestas.
«Mentira, es una mentira», declaró a la AFP Chantal, una manifestante de 40 años, que llevaba la bandera libanesa pintada en la cara. «Es puro maquillaje. ¿Quién puede garantizar que las reformas se aplicarán?», preguntaba.
«Voy a continuar manifestándome porque estoy cansada de las mentiras de los dirigentes que están en el poder, algunos desde hace más de 30 años, y son incapaces de darnos lo mínimo como electricidad, agua y medicinas», dijo a EFE Renée Kadura, una ama de casa.
Ante la respuesta negativa de la calle a las reformas de Hariri, los bancos y muchos otros establecimientos comerciales han mantenido el cierre, clausurados desde el viernes, mientras que el ministro de Educación, Akram Cheaybe, dejó en manos de los centros escolares la decisión de reabrir sus puertas mañana.