Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No ha sido una semana fácil para Estados Unidos en Afganistán. La matanza de 16 civiles, perpetrada por un sargento estadounidense en Kandahar, desató un torbellino de reacciones que han obligado al presidente Barack Obama a prometer una investigación exhaustiva e incluso a ratificar, junto al primer ministro del Reino Unido, David Cameron, que no se modificará el plan de retiro de tropas. Según esta hoja de ruta, la autonomía de las operaciones de seguridad no será entregada a las fuerzas oficiales afganas hasta 2014.
En un informe publicado gracias al testimonio de una fuente del gobierno de Washington, reservada en el anonimato, el diario The New York Times revela que el suboficial señalado de ser el responsable de la masacre tenía problemas de estrés, había ingerido alcohol y pasaba por un difícil momento con su pareja. Aparentemente, la tensión acumulada del sargento se había desatado tras la que fuera su cuarta operación de combate y el consumo de licor en la noche previa al día en el que accionó su arma contra los civiles: “Simplemente explotó”, le aseguró la fuente al diario neoyorquino.
En el mismo informe se revela que el sargento acusado espera en Kuwait para ser trasladado en los próximos días a Estados Unidos, probablemente a la base de Fort Leavenworth, en Kansas. A pesar de que el secretario de Defensa de la Casa Blanca, Leon Panetta, afirmara que en caso de ser hallado culpable el sargento podría enfrentar la pena de muerte, la fuente citada por The New York Times no descarta que el proceso penal se pueda desarrollar en Afganistán.
Más allá de la expectativa por lo que pueda pasar, lo cierto es que, ante la matanza, el presidente afgano, Hamid Karzai, es presionado por congresistas para solicitar el retiro de la tropas extranjeras del país. Entre tanto, ya hizo público su pedido a la OTAN de retirar a todos los soldados de las aldeas rurales y regresarlos a sus bases. La insurgencia talibán también emitió un comunicado en el que rompía con el diálogo que sostenía con representantes estadounidenses en Qatar desde comienzos del año.
Mientras la Casa Blanca hace frente a los problemas recientes, otro diario, The Washington Post, publicó una columna escrita por David Ignatius donde se cita un informe de inteligencia en el que consta que justamente en Afganistán, antes de su muerte, Osama bin Laden planeaba atentar contra Barack Obama y el general David Petraeus, quien fuera el comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF). Según esta versión, Al Qaeda pretendía atacar la flota aérea estadounidense, asesinar a Obama y obligar al vicepresidente Joseph Biden, “un hombre que no estaba preparado para el cargo”, a asumir la presidencia. El caso de Petraeus era diferente: considerado un hombre fuerte por Bin Laden, era fundamental eliminarlo para el triunfo de la guerra en Afganistán.