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Las operaciones militares de Israel sobre la Franja de Gaza han dejado un número muy grande de víctimas civiles y de infraestructura destruida (residencias, hospitales, mezquitas…), sin embargo, no han logrado lo que se supone que es su objetivo principal: diezmar la capacidad bélica del brazo armado de Hamás, las brigadas de Ezzeldin Al Qassam, creadas en 1992.
Todo lo contrario. En los últimos años, a los cohetes caseros que dispara Hamás indiscriminadamente al territorio enemigo se ha sumado un nuevo arsenal, que ha incrementado la capacidad de esta organización para amenazar la seguridad del Estado vecino.
En 2001, los primeros cohetes lanzados por Al Qassam apenas llegaban a Israel y caían en áreas remotas del desierto. En noviembre de 2012, durante la operación Pilar Defensivo que realizó Israel en Gaza, por primera vez un M75 de Hamás llegó hasta Tel Aviv, lo cual fue motivo de celebración por los integrantes de la organización islámica. Ahora, Hamás ha utilizado cohetes que pueden atacar ciudades a más de 140 km y pueden llegar hasta Jerusalén, Tel Aviv, Hadera o Haifa.
Pero el incremento en la capacidad de sus armas no ha sido proporcional al aumento en la eficiencia de las mismas. Entre el 75 y el 90% de los cohetes lanzados por Al Qassam y organizaciones afines son interceptados por el sistema antimisiles israelí, el Iron Dome, y otros caen lejos de las áreas urbanas. Al parecer, Hamás aún no tiene la tecnología para dirigir sus ataques hasta blancos específicos. Por estas razones, el número de muertos en Israel es mínimo si se compara con las víctimas fatales en Gaza: en el actual enfrentamiento van más de 230 palestinos muertos (ayer se sumaron tres niños) frente a un israelí.
Hamás puede ver como una victoria estratégica haber obtenido la capacidad para amenazar prácticamente a todo el pueblo de Israel, aunque no logre concretar sus ataques. Lo mismo puede verse como un fracaso de las operaciones militares israelíes, así como del bloqueo marítimo, aéreo y territorial y del monitoreo y control constantes que ejercen las autoridades de ese país sobre Gaza.
Funcionarios israelíes han indicado a otros medios de comunicación que Hamás produce su arsenal en fábricas locales del interior de Gaza. Las mismas brigadas de Al Qassam han dicho que fabrican su propia versión del M-302, que tiene 160 km de alcance. Otros cohetes serían producidos allí con asesoría de Irán y con insumos que llegan desde el país persa y Siria, a través de los túneles que conectan Gaza con Egipto. Expertos de defensa han señalado que Hamás tiene alrededor de 10.000 cohetes, con los cuales podría sostener los enfrentamientos durante poco más de una semana.
Pese al incremento considerable de las armas de Hamás, es imposible hablar del enfrentamiento entre esta organización e Israel como una guerra entre dos ejércitos, y mucho menos una guerra simétrica. La capacidad de Hamás no es comparable a la del ejército israelí, que es el más poderoso de Oriente Medio y posee arsenal nuclear no declarado. Desde 1949, EE.UU. ha suministrado a Israel más de US$100.000 millones, de los cuales US$53.000 millones han sido ayuda militar. Palestina, en cambio, no tiene oficialmente un ejército y ha manifestado que no le interesaría tener uno, aun cuando se llegue a concretar un hipotético acuerdo de paz con Israel.