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De los 20 colombianos que estaban a bordo del accidentado crucero ‘Costa Concordia’, sólo Jorge Ernesto Sánchez, quien formaba parte de la tripulación, tuvo que recibir atención médica por hipotermia. La Cancillería colombiana confirmó la noticia, al tiempo que una delegación de funcionarios de la Embajada de Bogotá en Roma se desplazaba a la isla de Giglio (Italia) para prestar la atención necesaria y agilizar los trámites necesarios para su repatriación, dado que sus documentos se quedaron en el barco.
La pesadilla parece haber llegado a su fin para los colombianos y, en general, para la enorme mayoría de las 4.229 personas que se encontraban a bordo. El número de muertos hasta ahora se establece en seis y en 15 el de desaparecidos. La última jornada de rescate fue poco fructífera, pues el mal tiempo obligó a cancelar las operaciones de búsqueda.
La preocupación aumenta en el Ministerio de Ambiente italiano, que decidió declarar el estado de emergencia en la isla, temiendo que se viertan al mar las cerca de 2.380 toneladas de combustible de la embarcación.
De otro lado, los ministerios del Exterior trabajan para rescatar a los ciudadanos de una pequeña isla poco preparada para recibir semejante cantidad de visitantes. En el caso de Colombia, aún no es claro el número de pasajeros que regresarán al país. La mitad de ellos abordaron la embarcación en Barcelona, donde algunos de ellos tienen su residencia. Uno de ellos, Édgar López, camarero en el crucero, relató que en la noche del viernes, cuando ocurrió el accidente, “el capitán nunca habló. Fue el encargado de ceremonias quien nos ordenó tranquilizar a la gente. Nosotros solemos hablar en código y nos dijo ‘india, víctor y azucena’, que quiere decir fuego y heridos”.
A medida que el tiempo avanza y los pasajeros comienzan a relatar su experiencia, empiezan a nacer nuevas historias, como la de la argentina María Inés Lona de Ávalos, de 72 años, quien ante el pavor del choque y la cercanía a la isla se arrojó al mar para nadar unos 200 metros antes de tocar tierra: “Me dijeron que el capitán estaba enfiestado con mujeres”.
Las investigaciones no lo han confirmado así, pero sí han dejado claro que a medida que los traumas del accidente se aplacan, el agua está al cuello para el detenido capitán de la embarcación, Francesco Schettino, detenido y acusado por homicidio culposo.
La compañía Costa Crociere ratificó en un comunicado que el accidente había ocurrido por un error del capitán, mientras que por revelaciones entregadas por investigadores a la prensa se supo que al parecer Schettino se acercó a la isla haciendo un favor a Antonello Tivoli, jefe de la cocina del barco, cuya hermana había enviado un mensaje a sus amigos de Giglio a través de Facebook para que salieran a la costa a saludar al barco, una práctica común entre los turistas. La aproximación habría sido tal, que el crucero chocó con una roca que le causó una abertura de 70 metros en el casco y desencadenó el naufragio.