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¿Dónde está Amadou Toumani Touré? Sólo sus hombres de confianza lo saben. El 22 de marzo pasado se retiró a un campamento militar de la capital, Bamako, y a hoy sólo ha aparecido una vez en la radio para decir que pretendía regresar al poder y que el golpe militar, liderado por el capitán Amadou Sanogo, no es legítimo ni representa los intereses del pueblo de Malí.
La historia le dio la posibilidad de convertirse en uno de los líderes más carismáticos del país, de ser el presidente de una nación con más defectos que virtudes, de una historia de colonialismo francés y de gobiernos totalitarios. Touré siempre fue un militar, un soldado formado en París, que llegó a general por dedicación y que en 1991 lideró, como lo hizo Sanogo en su perjuicio, un golpe de Estado contra Moussa Traoré, dictador, 22 años en el poder y cientos de muertes encima.
El país empobrecido comenzaba a despertarse del letargo y a alzar la voz contra Moussa, quien daba la orden de reprimir las protestas, aunque Touré no estaba dispuesto a aceptarla. El dictador fue detenido y condenado a muerte y el general llegaba al poder para prometer que en menos de un año citaría a elecciones e introducía la opción del multipartidismo en la nación. En 1992 cumplió la palabra y un hombre llamado Alpha Oumar Konaré se convirtió en presidente por cinco años con derecho a ser reelecto por un período más.
Hoy el paradero de Amadou Toumani Touré es desconocido, porque fue demasiado pasivo para llevar a cuestas un país, porque su cualidad conciliadora tal vez no era apta para una historia accidentada como la de Malí. Él llegó a la presidencia del país cuando Konaré agotó sus dos períodos presidenciales. En 2002 obtuvo el apoyo del 65% del electorado, que tenía fresca la imagen de un Touré recorriendo el país y luchando contra los problemas: el hambre y las enfermedades, principalmente.
Ese trabajo, que emprendió apenas al encauzar el país en un modelo democrático, le valió una larga lista de reconocimientos. Su idea de crear una fundación por la infancia en su país lo llevó a ser escogido como director de la Red Interafricana para los Niños de la Calle y condecoraciones de organizaciones como S.O.S. Injusticia Internacional y la estadounidense Hunger Project, que le otorgó el premio de África al Liderazgo en la causa de la Erradicación del Hambre. El Observatorio Panafricano de la Democracia también lo distinguió con el diploma a la Promoción de la Cultura y la Democracia en África.
Así llegaba Touré a la presidencia en 2002, como un gobernante tranquilo que había construido su apoyo con sacrifico y una filosofía de unión maliense. Agradeció a su antecesor e incluso al dictador Traoré por los avances que entre los problemas habían logrado y se mostró como un hombre sin resentimientos, proyectado hacia un país tranquilo a pesar de las diferencias. Todo iba bien.
La gente ratificó su mandato con la reelección cinco años después, lo que con el tiempo lo introduciría en la parte descendente de la curva del éxito.
La lucha rebelde de los tuaregs, un pueblo sahariano de antaño, de ideología islámica, comenzaba una ofensiva por sus históricas reivindicaciones territoriales. Irrumpieron como el Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad (MNLA), donde Azawad corresponde al nombre tradicional de las tierras del norte de Malí.
La ofensiva fue controlando porciones de territorio progresivamente, ante la precariedad de un Ejército no resuelto a recobrar su legitimidad. Así llegó el 22 de marzo pasado, el día en que los tuaregs se tomaron la ciudad de Tombuctú, uno de los enclaves más representativos del norte.
Ese mismo día, mientras los rebeldes —de quienes se dice tomaron un segundo aire y robustecieron su arsenal con la revolución en Libia— celebraban la victoria, el capitán Amadou Sanogo reunía a sus hombres pera tomarse el poder. La conclusión era contundente: Malí necesita un presidente resuelto a ejercer la autoridad, a evitar que la insurgencia crezca a costas suyas. A Amadou Toumani Touré le dejaron claro el mensaje de que en ocasiones es más efectivo ser agresivo que pasivo, conciliador y hoy pocos saben en dónde está el presidente que no logró culminar su segundo mandato.