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El demócrata del futuro

Julián Castro, alcalde de San Antonio, EE.UU., será el encargado de dar el discurso principal en la convención de su partido, que se inicia mañana en Charlotte. En 2004, esa misma misión le correspondió a Obama.

02 de septiembre de 2012 – 04:00 p. m.
Julián Castro  es la clave del voto hispano en la campaña de  Obama. / AFP
Julián Castro es la clave del voto hispano en la campaña de Obama. / AFP

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El Partido Demócrata sabe que Estados Unidos no pasa por la mejor de sus épocas. Lo sabe y lo ha dicho el presidente Barack Obama, a quien la Casa Blanca le deparó un camino escarpado de cuatro años, atiborrado de obstáculos, justo cuando se lo veía como el antídoto para varios males. Las encuestas dicen que a pesar del desgaste existe una confianza mayor en el presidente que en su rival Mitt Romney, pero el fuego del entusiasmo se ha ido extinguiendo. Obama apunta que ya vendrán mejores momentos y “esta gran nación” regresará por sus cauces. El mensaje está claro y desde mañana será el día para enviarlo: Julián Castro, el hombre joven y con potencial dentro del partido, afina su discurso —el principal de la convención— para contagiar de esperanza.

Al encontrarse con él por primera vez en la Casa Blanca, Barack Obama quiso divertirse un poco: —¿Es usted el nuevo becario? —No, presidente. Soy el alcalde de San Antonio. —Ya sé quién eres, estaba bromeando contigo.

Castro había visto al presidente no sólo como el líder de su partido en las elecciones anteriores. Lo había visto en 2004, cuando siendo senador por Illinois los demócratas lo escogieron para ser el orador principal durante la Convención Demócrata de 2004, un lugar que se les entrega a los potenciales voceros del futuro. En ese entonces, Julián Castro era un concejal de San Antonio que cinco años después se convertiría en el alcalde más joven de la ciudad más importante del estado de Texas. Obama también lo sabía, pero con los 34 años de edad de Julián Castro quizá era más probable ser un becario en la Casa Blanca que el alcalde de la séptima urbe más poblada de Estados Unidos.

La primera dama, Michelle Obama, lo había invitado a un foro sobre energías renovables. Casi dos años más tarde, Castro era reelegido alcalde con el apabullante 82% de los votos.

Los demócratas se juegan sus fichas a su nombre. Julián Castro tiene los estudios necesarios, su hoja de vida dice que estudió Leyes en Stanford y Harvard, su oratoria es magnética, su imagen, amable. Su trayectoria es ejemplar: su abuela llegó de México buscando un mejor futuro; su madre, Rosie Castro, creció en Texas y en los años 70 cargó sobre sus espaldas la lucha por el movimiento ‘Chicano’, por los derechos de las personas de ascendencia mexicana en Estados Unidos y contra la discriminación. Así, Rosie Castro llegó a ser dirigente del movimiento La Raza Unida y paralelamente sostenía a sus hijos gemelos Julián y Joaquín como madre soltera.

Hoy los dos hermanos son figuras políticas en San Antonio. Joaquín Castro aspira a llegar al Capitolio en las elecciones del 6 de noviembre y a Julián le restan dos años de gestión como alcalde. Él es la metáfora del país, indicada para los demócratas que sostienen que de los tiempos hostiles se puede surgir con oportunidades, desde la base. En una entrevista con The Observer, Julián Castro aseguró: “No creo que mis pensamientos en política pública puedan ser categorizados de una manera fácil, pero creo en una sociedad y cultura de oportunidades. La historia de mi familia es común para muchos latinos. Trabajo duro y sacrificio, altas aspiraciones que son pasadas de una generación a la otra”.

Ahora Julián Castro tiene 37 años y se yergue como la llave demócrata para captar el voto latino, que parece estar mayoritariamente con Obama a pesar de que dentro de las promesas incumplidas está una reforma migratoria y los índices de deportación sustentan que desde 2009 los casos alcanzaron una media anual que supera los 300.000 casos. La contracara de Castro en el Partido Republicano y la esperanza de un futuro exitoso hacia la Casa Blanca es el senador por el estado de la Florida, Marco Rubio, de 41 años, quien intenta acaparar la atención latina en contracorriente con las duras posturas migratorias del ultraconservador Tea Party.

Los vaticinios políticos dicen que entre alguno de los dos estará la primera presidencia hispana de Estados Unidos, pero en la Convención Demócrata el turno de figurar le corresponde a Julián Castro, cuando su rostro aparece en la prensa catalogado como ‘El Obama Latino’.

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