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El futuro de las relaciones Colombia-EE.UU. tras el triunfo de Obama

Pese a que Barack Obama parecía un candidato menos cercano a Colombia, es muy poco probable que el Presidente demócrata haga giros radicales en su relación con este país. Por el contrario, resulta previsible que una de las primeras acciones sea asegurar sus aliados en América Latina, lo cual incluye a Colombia.

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¿Adiós a la luna de miel? La nueva administración norteamericana sabe que Colombia juega un papel clave en el balance de fuerzas frente a la creciente presencia de gobiernos anti norteamericanos en la región. Junto a Perú, Colombia aparece como un muro de contención en los Andes. Y al contrario de lo que sucede con Alan García, quien continua con buenos indicadores pero baja popularidad, lo que abre las puertas a una candidatura populista como la de Ollanta, en Colombia el Presidente no sólo goza de alta popularidad, sino que los colombianos agradecen en su mayor parte el apoyo brindado por Estados Unidos para frenar el ascenso de las Farc.

La continuidad de las buenas relaciones con Colombia no significa que las cosas sigan igual. Por el contrario, la realidad es que ciertos ajustes son necesarios en la relación, no tanto por el cambio de ideología en la Casa Blanca, sino por las nuevas realidades a las que se enfrentará el próximo gobierno.

En lo que tiene que ver con  el Tratado de Libre Comercio, pese a que el gobierno considera que  existe una ventana de oportunidad para que el tratado sea ratificado en noviembre, esto  parece muy poco probable.  Los demócratas difícilmente permitirán que se vote un tratado de esta naturaleza en medio de la peor crisis económica y seguramente dirán que mientras no se definan nuevas reglas para este tipo de tratados, su prioridad será defender los empleos de los norteamericanos.  El gobierno deberá revisar su estrategia y empezar a entenderse con los demócratas, no sólo en la administración, que será más proclive a Colombia, sino en el Congreso, donde los manejos erróneos han dejado mucho resentimiento. De no ser

aprobado en noviembre, lo mejor será esperar con paciencia, pues el nuevo gobierno difícilmente tendrá entre sus prioridades el libre comercio con Colombia. Una labor paciente logrará que en un futuro se pueda avanzar de nuevo en esta materia.

La suerte del Plan Colombia también parece bastante comprometida. La crisis económica obliga al nuevo gobierno a hacer un tremendo esfuerzo para recortar gastos y es mucho más fácil reducir gastos de ayuda exterior que cortar programas que generarían resentimiento interno. Así, lo que veremos es una progresiva supresión de los recursos destinados al plan Colombia.
Al mismo tiempo, la composición de los mismos será mucho más equilibrada entre la ayuda militar y la ayuda al desarrollo, no sólo porque esta ha sido la tendencia más reciente, liderada por los congresistas demócratas, sino porque los escándalos de violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas armadas hacen un daño irreparable a este tipo de ayuda. El reto de fondo en relación con el plan Colombia será construir conjuntamente una estrategia de salida que permita al gobierno colombiano remplazar las actividades que hoy se financian con dichos recursos y que permita a los Estados Unidos terminar su Plan Colombia con un discurso victorioso. Una posibilidad sería que la nueva administración cambie su énfasis en el enfrentamiento militar y presione algún tipo de salida negociada. 

El tema de los derechos humanos será sin duda el principal dolor de cabeza para el gobierno colombiano. Aquí cabe destacar que las principales críticas no vendrán de la administración, sino de un Congreso demócrata que se encontrará envalentonado por haber ampliado su mayoría. Muchos congresistas, férreos opositores de Bush, no olvidarán que  Alvaro Uribe se convirtió en su principal discípulo y en el más ferviente seguidor de la lucha contra el terrorismo en los términos diseñados por George W. Bush. Las numerosas cartas enviadas por un congreso en la oposición no tendrán ahora el muro de contención de un Departamento de Estado ansioso de mostrar a Colombia como el ejemplo exitoso de la lucha contra el terrorismo.

Un asunto mucho más complicado de manejar por parte de Estados Unidos sería la posible reelección de Alvaro Uribe. El cambio de la constitución para permitir un tercer periodo sería rechazado por la Casa Blanca por razones de principio y por razones tácticas. Por razones de principio, Estados Unidos debe ser fiel a su política de defensa de la democracia  y por razones tácticas, porque un aval a Alvaro Uribe dejaría sin validez cualquier crítica futura a los intentos de permanencia en el poder por parte de Chávez, Evo o Correa.

En resumen, Colombia no dejará de ser el aliado que Washington necesita en la región, pero Alvaro Uribe dejará de ser el presidente consentido que ha sido durante los últimos 6 años.

* Coordinador del Grupo de Trabajo Colombia Estados Unidos. Fescol.

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