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En Argelia la clase política en el poder es vista por la juventud como un museo de dinosaurios. La comparación se hace para denunciar lo obsoleto, antiguo y corrupto que se convirtió el aparato estatal para miles de manifestantes que llevan meses protestando. En este tiempo hay una seguidilla de errores cometidos por unas autoridades que, intentando anestesiar la ira general, se encontraron con un monstruo más fuerte que cualquiera: el Hirak. El movimiento no es nuevo, surgió hace varios años, pero durante las manifestaciones de este año parecen haber renacido.
“Todo el pueblo está con el Hirak. No hay diferencias entre las generaciones, pero los jóvenes somos su energía. Representamos el 65 % de la población. Sin nosotros, sería débil”, afirma Fuad, un joven profesional. Y es que cuando el entonces presidente Abdelaziz Buteflika renunció a postularse para un quinto mandato el pasado 2 de abril, se creyó que las manifestaciones se callarían. Lo mismo cuando ganó las elecciones presidenciales del pasado 12 de diciembre su candidato, Abdelmajid Tebboune, y le tendió la mano al movimiento, como gesto de buen vencedor. El Hirak, sin embargo, no se sintió perdedor, porque ni siquiera sus miembros salieron a votar, solo el 39 % del electorado nacional lo hizo.
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Lo que parece no haber entendido la clase política dominante argelina es que el Hirak ya no pelea contra uno o dos nombres. Se trata de la lucha de un pueblo traumatizado por la violencia que el académico español Rafael Bustos de Castro separa radicalmente de las primaveras árabes, porque estas se contentaron con la salida de algunos mandatarios y porque tuvieron manipulación extranjera. “El Hirak argelino ha sido un movimiento que enraíza con la guerra de independencia (1954-1962), que rechaza expresamente la instrumentalización por parte de los islamistas o de los poderes extranjeros, a los que se ha exhortado en múltiples pancartas a mantenerse al margen (Francia, EE. UU., Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí)”, afirma el experto.
Se trata de un aprendizaje colectivo, en el que se recuerdan la violencia y el terrorismo de años anteriores, y se adopta un método que se aleja de la violencia y se acerca al acto de protesta cívico y pacífico, en su esencia. Las cosas cambiaron y parece que para esta nueva generación ya no es viable la vía constitucional, sino un empoderamiento civil tal, que logre extinguir a los dinosaurios. “Antes teníamos miedo de hablar y de dar a conocer nuestra opinión, pero las cosas cambiaron desde el Hirak”, asegura Hanya Assala Abdedaim, estudiante de 24 años.