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El hombre detrás de Bill Clinton

El misterio envuelve la vida Frank Giustra, canadiense que en Colombia tiene intereses en petróleo, oro y carbón.

31 de marzo de 2009 – 06:00 p. m.

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Desde su llegada al país la semana pasada, el ex presidente y filántropo estadounidense Bill Clinton fue seguido de cerca por las cámaras de los medios colombianos. Su itinerario estaba definido: participar en la asamblea general del BID, en Medellín, y después visitar el colegio construido por la cantante Shakira en Barranquilla.

Pero pocos repararon en un detalle: su compañía. Clinton arribó al aeropuerto paisa en el avión del magnate minero canadiense Frank Giustra con quien comparte la sensibilidad por ayudar a los más necesitados. El millonario también lo siguió a Barranquilla, donde se mostró emocionado por el recibimiento de los futuros bachilleres.

Es un cuadro ya visto. Desde que se conocieron en 2004, en un evento que colectaba fondos para las víctimas del tsunami asiático, Clinton y Giustra han recorrido el mundo promoviendo actividades benéficas. Y ésta, como todas las demás, ha sido una amistad de mutuos beneficios y complicaciones. La gran diferencia es que cada una es registrada con sumo interés por la prensa internacional.

En enero de 2008, cuando la entonces senadora Hillary Clinton promovía su campaña a la Presidencia de EE.UU., el diario The New York Times señaló que la amistad con su esposo le había traído grandes réditos al magnate canadiense. Según la historia, Clinton y Giustra llegaron en el avión del millonario a la ex república soviética de Kazajistán, en 2005. Allí se entrevistaron con el presidente vitalicio Nursultan Nazarbayev  y revisaron los diferentes proyectos financiados por la Fundación Clinton.

Dos días después, Giustra firmó tres contratos con el gobierno kazajo para la explotación de uranio. Según el diario, una vez se sellaron los acuerdos, la fundación recibió US$31,3 millones en una donación proveniente de Canadá.

“Los acuerdos fueron cerrados luego de extensas negociaciones con compañías privadas —no el gobierno— y el pago de acciones bursátiles”, indicó Giustra en una carta de rectificación enviada a The Wall Street Journal, diario que retomó el caso en uno de sus editoriales. Y añadió nuevos datos.

Ese mismo 2005, en otro viaje filantrópico, Clinton presentó a Giustra con el presidente colombiano Álvaro Uribe. Meses después, la firma Pacific Rubiales, cercana al magnate, cerró con Ecopetrol un contrato de exploración petrolera por US$250 millones. Y desde entonces sus inversiones se han diversificado en los campos del oro y el carbón; de hecho, hoy en día, su mayor apuesta es la construcción del puerto carbonífero en la isla de Barú.

Colombia hace parte de un negocio más grande: desde febrero de 2008 la fusión con la compañía Goldcorp puso al canadiense al frente de  concesiones auríferas en México, Guatemala, Honduras, Argentina y Chile. Algunos periodistas, como Douglas Todd, de The Vancouver Sun, sugieren que su amistad con Clinton le ha dado a Giustra un gran impulso ante los gobiernos locales.

“Las democracias funcionan sólo si hay una sensación de justicia. Todo eso se arriesga si se deja crecer la brecha entre ricos y pobres”, le dijo el magnate de 52 años a Todd en una de las pocas entrevistas que ha concedido a la prensa.

El misterio envuelve la vida de Giustra: no aparece en la lista de millonarios de la revista Forbes, y siempre se refiere a su fortuna como “considerable”. Y también es un donante asiduo de la Fundación Clinton.

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