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El hombre fuerte de India

Narendra Modi se perfila como el próximo primer ministro de esta Nación, según las primeras proyecciones.

Un Sadhu, hombre sagrado, usa un gorro de la campaña de Narendra Modi. / AFP
Un Sadhu, hombre sagrado, usa un gorro de la campaña de Narendra Modi. / AFP
Foto: AFP - ROBERTO SCHMIDT

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Tras una década en el poder, el gobernante Partido del Congreso, de la dinastía Nehru-Gandhi, llegó muy desgastado a los comicios: falta de empleo, inseguridad, altos precios de los alimentos y corrupción, los problemas por lo que los indios le pasan la cuenta de cobro.

Rahul Gandhi, 43 años, heredero de la dinastía política más célebre de la India, se encamina a una abrumadora derrota en las elecciones más grandes de la historia: 814 millones de electores comenzaron a votar el 7 de abril hasta el 12 de mayo; las autoridades estiman que cerca de 552 millones de indios votaron en los comicios. Si los resultados de las encuestas se confirman, terminaría el dominio de la familia Gandhi, que ha estado en el poder durante 49 de los 67 años de independencia del dominio británico.

La razón para la derrota, explican los analistas, no es otra que la mala imagen del Partido del Congreso, que ha enfrentado varios escándalos de corrupción, además de hacerle frente al desempleo y la economía, que atraviesa su peor momento desde hace una década. El nieto de Indira Gandhi, asesinada en 1984, e hijo de Rajiv Gandhi, fallecido en 1991 también en un atentado, se presentó sólo como jefe de campaña electoral del partido, pese a ser el último de la línea sucesoria de la dinastía que fundó su bisabuelo, Jawaharlal Gandhi.

La presidenta del partido y su madre, Sonia Gandhi, fue quien decidió que no fuera formalmente el candidato, con la excusa de que en el Congreso se ha hecho tradicionalmente de esa manera y debe ser el Parlamento el que después elija al primer ministro del país.

 El favorito

 La derrota de la dinastía tiene nombre: Narendra Modi, quien según los primeros sondeos al cierre de las urnas, el lunes de esta semana, sería el próximo primer ministro indio, un líder hinduista con fama de honesto que le dio un vuelco a la forma de hacer política: les cobra a quienes quieren escucharlo hablar. Aun así, sus seguidores llenan estadios, pues NaMo (como lo llaman) les habla de cómo hacerse a pulso, desde abajo, con esfuerzo y trabajo; la antítesis de Rahul Gandhi. Modi ha dado muestras de ser un gran administrador. Desde 2001, es jefe de Gobierno del Estado de Gujarat, muy reconocido por su gestión económica y porque cumple lo que promete. Los pequeños empresarios lo reconocen por su eficacia y la lucha contra la burocracia.

Hijo de un vendedor de té, Modi nació en una familia de casta baja en Vadnagar. Se casó a los 18 años con una joven elegida por sus padres como manda la costumbre india. La dejó a los tres años de matrimonio. La mujer, hoy una maestra de escuela, reclama ser la esposa.

Modi habla un hindi bastante vulgar y evita el inglés, asociado con las élites de Nueva Delhi. Su vida privada es un misterio. Vive solo en su residencia de Gujarat y orgullosamente muestra su colección de pájaros. En su juventud, habría pasado varios años en el Himalaya en una especie de viaje iniciático antes de lanzarse en cuerpo y alma en la política.

El abandono a su cónyuge coincidió con el fin de los estudios de Modi y su ingreso en 1971 en el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), grupo de extrema derecha hindú que simpatizó con la Alemania nazi y del que formó parte Nathuram Godse, el asesino del Mahatma Gandhi. Tras más de una década de afiliación a ese grupo, que se ocupa de la manutención de sus afiliados, Modi se hizo militante en 1985 del Bharatiya Janata Party (BJP), partido hinduista con un perfil más moderado, pero que se inspira en el ideario y la doctrina del RSS. Desde entonces, su carrera política despegó hasta catapultarlo a esta elección, en la que parece ser el seguro ganador.

Después de ganarse la confianza de los dirigentes y escalar sin pausa en el organigrama del partido, Modi fue en 2001 candidato al gobierno local de Gujarat, donde aún conserva el cargo de primer ministro regional tras triunfar en cuatro comicios consecutivos.

Sin embargo, hay un episodio oscuro que lastra su transparente hoja de vida. A los pocos meses de asumir su primer mandato, 59 peregrinos hindúes murieron al incendiarse un tren, que, según radicales, fue incendiado por activistas islámicos. Al poco tiempo llegó la venganza: una matanza indiscriminada que costó la vida a más de un millar de musulmanes en el Estado. Modi nunca fue llevado a los estrados judiciales, pero dicen que le pidió a la Policía dejar actuar a los asesinos. Ningún tribunal lo ha condenado, pero Estados Unidos le tiene prohibido el ingreso a ese país.

La idea principal que Modi ha tratado de transmitir en los mítines es que el progreso de Gujarat es extrapolable al resto del país. Esa circunstancia explica que, pese a definirse como “nacionalista hindú”, Modi haya hecho hincapié durante la campaña en los aspectos económicos de su programa, y haya obviado en la medida de lo posible el tinte religioso que impregna el hinduismo político.

alagos@elespectador.com

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