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“En virtud del derecho natural e histórico del pueblo judío, proclamamos la fundación del Estado judío en Tierra Santa. Este Estado llevará el nombre de Israel”. Estas palabras, pronunciadas hacia las cuatro y 37 de la tarde del 14 de mayo de 1948 ante los líderes sionistas reunidos en un edificio de piedra levantado en la avenida Rothschild de Tel Aviv, resumen el emblemático momento en que Israel cobró identidad como Nación, y así mismo representan el máximo instante de gloria del carismático líder que condujo al pueblo hebreo a su destino como país: el periodista, político y estadista David Ben Gurión.
Nacido en la aldea de Plonks (Polonia) en 1886, en tiempos en que esta región de Europa Oriental hacía parte de la Rusia zarista, desde temprana edad David Green —como era su verdadero nombre—, se educó en los principios de su familia judía en una escuela fundada por su padre. Y en ese entorno, también de intenso sionismo, creció animado por un ideal político. Por eso, siendo apenas un adolescente, constituyó con sus amigos el movimiento Ezra para animar la emigración a Palestina, y luego se unió al partido político de corte socialista Poaléi Zión (obreros sionistas).
A los 20 años, convencido de la necesidad de entrar en contacto con los campesinos, emigró a Palestina, entonces bajo dominio del Imperio Otomano, y multiplicó su actividad política. Tres años después ya hacía parte de la organización hebrea Hashomer por la defensa de los asentamientos judíos y, en 1910, obró como fundador y editor del periódico Ajdut (Unión), donde inspirado en la memoria de Yosef Ben Gurión —líder de la rebelión judía contra la ocupación romana en el año 66—, adoptó el seudónimo que sustituyó su nombre: David Ben Gurión. Desde entonces su vida sólo tuvo un sentido: Israel.
Vivió exiliado en Estados Unidos en tiempos de la Primera Guerra Mundial; volvió a Palestina para vivir la transición entre el dominio del Imperio Otomano al poder del imperio británico; orientó la Confederación General del Trabajo, que fue determinante para organizar al electorado hebreo; ejerció como Secretario de la Agencia Judía (virtual poder ejecutivo del Estado en formación) que trazó el camino hacia la Nación definitiva, y al lado de su pueblo fue decisivo para que en 1947 las Naciones Unidas adoptaran la determinación de que Israel cobrara vida.
Lector consumado, escritor absoluto, guerrero implacable, al día siguiente de la declaratoria del Estado de Israel ya enfrentaba militarmente a siete estados árabes. Fue Primer Ministro entre 1948 y 1954, regresó en 1955 y regentó los destinos de su pueblo hasta 1963. En ese momento ya tenía 77 años, pero estaba lejos de retirarse de la vida pública. Abandonó a sus antiguos copartidarios del Partido Laborista y creó una nueva colectividad, y solo a los 86 años decidió recluirse en sus cuarteles de invierno a escribir sus memorias. Falleció el 1º de diciembre de 1973 y de nuevo empezó a vivir, esta vez en la memoria de un pueblo indómito que proclamó como independiente hace 60 años.