El nuevo circo romano

Masacres en Brasil, ejecuciones en Filipinas: el sistema carcelario muestra su peor cara.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Ya no se trata de vigilar y castigar, parafraseando al filósofo francés Michel Foucault. El sistema carcelario, alrededor del mundo, es hoy la cloaca de la sociedad. Y cuando no se le da la gana de permanecer en el olvido, se convierte en el nuevo circo romano: el dispensario de sangre para una sociedad frustrada.

Las cárceles son en teoría para resocializar delincuentes. Pero gobiernos y ciudadanos, convencidos de que aquellos “no tienen arreglo”, han hecho de ellas el lugar de la basura. Como la base de la cama: a donde tiramos lo que no queremos ordenar, para luego asustarnos cuando de ese lugar salen “monstruos”.

“El mejor delincuente es el delincuente muerto”. Se trata de una frase que ha hecho carrera. Según una encuesta realizada antes de las masacres de Manaos y Boavista, ocurridas el 2 y el 6 de enero, y en las que murieron 56 y 33 presos, respectivamente, el 57 % de los brasileños está de acuerdo con ella.

En Filipinas, donde el hacinamiento carcelario asciende al 300 %, el presidente Rodrigo Duterte anda feliz deteniendo presuntos narcotraficantes y drogadictos. Y el 80 % de los filipinos lo apoyan. Todos andan felices de que Duterte, como si fuera Rambo, acabe con esa “escoria”.

Qué dirán cuando la bomba de tiempo en la que se han convertido las prisiones filipinas les estalle en la cara. Bastaría con que los filipinos vieran hacia Centroamérica para que se dieran cuenta de lo que se les viene: en El Salvador, el hacinamiento carcelario es igual al de Filipinas. Sin embargo, en El Salvador, las pandillas se han apoderado de las prisiones y controlan gran parte del país desde allí.

En un fallo del 3 de junio de 2016, la Corte Suprema de Justicia dijo que el sistema carcelario salvadoreño es “inconstitucional” y ordenó una serie de medidas. Un saludo a la bandera.

La Corte Constitucional de Colombia hizo lo mismo hace 18 años y no pasó nada: el hacinamiento carcelario en Colombia es del 54 % y las condiciones en las que viven los reclusos son inhumanas, en muchos casos sin salud y sin agua. Y, sin embargo, los congresistas ni siquiera se contienen a la hora de recurrir al populismo punitivo.

Cada que se da un caso como el de la menor Yuliana Samboní, brutalmente asesinada, los parlamentarios, antes que crear medidas que protejan realmente a los menores, reviven la propuesta de la cadena perpetua, ya convertida en una muletilla legislativa y que, a ciencia cierta, no va a resolver el problema.

Y la sociedad, en vez de darse cuenta de que ese delincuente ha salido de su propio seno, lo califica de enfermo y pide su muerte, evitándose de esa forma la tarea de analizar qué está mal con ella. Hay hasta un nombre para eso: populismo punitivo.

Hay sociedades donde el hacinamiento no es problema y, sin embargo, el sistema carcelario es inhumano. Estados Unidos, por ejemplo, el país con la mayor población carcelaria: 2’500.000 reclusos. Pese a tener apenas un 5 % de la población mundial, uno de cada cuatro reclusos del mundo está recluido allí.

Y ese país es el único en la región en el que sobrevive la pena de muerte. Aunque en este campo pareciera haber avances: en 2015 ejecutaron a 28 personas, la cifra más baja desde 1991. Y 52 personas fueron condenadas a muerte, la cifra más baja desde 1977. Pero Guantánamo sobrevive.

Esta cárcel, ubicada en Cuba, pese a la oposición del gobierno cubano, es conocida por los abusos que se han cometido por parte de militares estadounidenses, en contra de los supuestos terroristas allí detenidos. El presidente Barack Obama prometió cerrarla. Pero no cumplió.

Y ahora el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, ha prometido que no la cerrará y que, muchos menos, liberará a algunos de los reclusos que allí se encuentran. Si a esto se suman los pronunciamientos que ha hecho Trump a favor de torturar reclusos, el panorama adquiere otras dimensiones.

Otras potencias, como Rusia y China, tienen problemas similares con sus sistemas carcelarios. En la otra orilla, los países con el mejor índice de desarrollo humano tienen los mejores sistemas carcelarios del mundo, como Noruega. Allí, eso de rehabilitar delincuentes es una realidad, no letra muerta.

“La mayoría de los presos comienzan a pagar sus penas en cárceles de alta seguridad”, le dijo Erik Sandlie, subdirector del Sistema Correccional de Noruega, a un periodista de la BBC. Luego se les transfiere a “una prisión de menor seguridad, con la idea de crear una transición gradual de la prisión a la libertad”.

En ese país combinan desarrollo con bajas tasas de criminalidad —allí los policías andan desarmados— y cárceles medianamente humanas. Mientras, por estos lados, algunos, como el exsecretario de Juventud de Brasil Bruno Júlio, piensan que lo que hay que hacer es matar más presos, que haya “una matanza por semana”.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido