Publicidad

El papa en la Sinagoga

Continuando con la tradición de sus antecesores, el papa Francisco visitó hace pocos días la Gran Sinagoga de Roma, un acto cargado de simbolismo y alta emotividad.

Marcos Peckel
20 de enero de 2016 – 11:16 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Fue en la antigua Roma donde se estableció la primera comunidad judía en Europa, la que hasta el día de hoy mantiene su identidad única.
 

Hace 50 años se abrían las puertas de una nueva relación entre la Iglesia Católica Romana y el pueblo judío con la promulgación de la declaración “Nostra Aetate”, rubricada por Pablo VI (“Yo, Pablo, Obispo de la Iglesia católica”), que se erigía como uno de los documentos seminales del Concilio Vaticano II. Dos mil años antes, durante los primeros concilios de la Iglesia (en Jerusalén, Elvira y Nicea), ya se debatía la “cuestión judía” y se emitían los primeros decretos canónicos en los que se marginaba a los judíos de la naciente civilización cristiana señalándolos como “enemigos de la Iglesia”. Se entronizó la acusación de deicidio extendida en tiempo y espacio a todos los judíos, sembrando las semillas de lo que serían las cruzadas, expulsiones, guetos, discriminación, persecuciones, la Inquisición, los líbelos de sangre y la conclusión en el siglo XX con el Holocausto.

“Nostra Aetate” desmontaba la acusación colectiva de deicidio, reconocía los orígenes judíos de los padres de la Iglesia y de la Virgen María, reivindicaba el Antiguo Testamento y “reprobaba” las persecuciones a los judíos. A pesar de ciertas ambigüedades en el texto, una nueva era comenzaba una vez el Sumo Pontífice (“Yo, Pablo”) suscribía las 1.800 palabras contenidas en la declaración.

Un torrente de hechos ha ocurrido desde entonces. En 1974 se crea en el Vaticano la Comisión para la relaciones entre judíos y católicos, cuyo primer documento condena irrestrictamente el antisemitismo considerándolo “contrario a las enseñanzas de la Iglesia”. En 1988, la comisión pontificia Justicia y Paz, en un escrito sobre racismo, indica que “el antisemitismo es la más perniciosa forma de racismo que llevó al Holocausto y que desafortunadamente no ha desaparecido del todo”. En 1986 Juan Pablo II, en su visita a la sinagoga de Roma, declara: “los judíos son nuestros hermanos mayores”. Y en 1993 la Santa Sede establece relaciones diplomáticas con el Estado de Israel.

En octubre el papa Francisco afirmaba que “el Estado de Israel tiene derecho a existir en seguridad y prosperidad” y agregaba que “denegar el derecho de Israel a existir es antisemitismo”. El Vaticano no as ajeno al conflicto palestino-israelí, en el que debe mantener un delicado equilibrio. Hace pocos meses la Santa Sede reconocía de facto al Estado de Palestina, lo que no suscitó mayores protestas por parte de Israel.

La sinagoga de Roma, ubicada en lo que fue el gueto en el que los judíos fueron confinados por la autoridad papal en la Edad Media, es hoy símbolo de una reconciliación iniciada hace 50 años.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido