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Túnez se despertó este lunes inmerso en una grave crisis política luego de que el presidente, Kais Said, anunció el cese del primer Ministro, Hichem Mechichi, y la suspensión del Parlamento, así como la retirada con efecto inmediato de la inmunidad parlamentaria de todos los diputados “para recuperar la paz social y salvar al Estado y la sociedad”. Unas medidas que llevaron al principal partido gobernante Ennahdha a denunciar un “golpe de Estado”.
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Tunecinos, enojados por las luchas de poder y la cuestionada gestión de la crisis social y sanitaria por parte del gobierno, salieron a la calle a pesar de un toque de queda, lanzando fuegos artificiales y haciendo sonar las bocinas de sus autos en la capital Túnez y otras ciudades. “Ese es el presidente que nos gusta”, exclamó Nahla, una mujer de unos 30 años envuelta en la bandera de Túnez en medio de una multitud. A su lado, un tunecino se preocupaba por el posible “nacimiento de un nuevo dictador”.
El presidente Kais Saied anunció estas medidas tras una reunión de urgencia en el palacio presidencial de Cartago, en un momento en que Túnez se enfrenta a una fuerte ola del covid-19 y una profunda crisis política que paraliza el país desde hace meses.
“La Constitución no me permite disolver el Parlamento, pero sí suspender su actividad”, dijo Saied, quien tomó su decisión con base en el artículo 80 de la carta magna, que permite adoptar este tipo de medidas ante un “peligro inminente”. Según dicho texto, el objetivo es garantizar el regreso a un funcionamiento regular del poder público “lo antes posible” mientras que el Tribunal Constitucional- pendiente de creación desde 2015- debe supervisar dicho proceso y tomar la decisión con respecto a su extensión.
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“He tomado las decisiones que la situación exige para salvar a Túnez, el Estado y el pueblo tunecino”, expresó el gobernante tras reunirse con los responsables de las fuerzas de seguridad. Saied anunció que se hará cargo del Poder Ejecutivo con la ayuda del gobierno, y que designará a un nuevo primer ministro.
La decisión se produce después de que miles de ciudadanos protestaran en varios puntos del país para reclamar la dimisión del Gobierno y la disolución del Parlamento por su mala gestión de la crisis sanitaria y por el deterioro de las condiciones de vida, lo que provocó enfrentamientos contra las fuerzas de seguridad.
En varias localidades, como Kairouan (centro), Sfax (centro-este) y Tozeur (suroeste), los protestantes atacaron diferentes sedes regionales del partido islamista Ennahda, primera fuerza parlamentaria y socio del Gobierno, tras reclamar millonarias indemnizaciones para las víctimas de la dictadura.
Desde comienzos de año el país magrebí vive un bloqueo institucional después de que el Parlamento apoyara la remodelación del Ejecutivo, con cambios en once de sus 25 carteras, y de que el presidente, Kais Said, se negara a aceptarla al considerar que no fue consultado previamente y debido a las sospechas de conflicto de intereses que planean sobre algunos de los nuevos miembros.
La grave crisis económica que arrastra el país en los últimos años, agravada por la epidemia, ha obligado al Gobierno tunecino a pedir ayuda a la comunidad internacional ante la falta de vacunas y de equipos médicos para hacer frente a esta cuarta ola de coronavirus, que suma ya más de 18.000 víctimas, la tasa más alta de mortalidad del continente según la Organización Mundial de la Salud.
Choques en el parlamento
“Lo que Kais Saied está haciendo es un golpe de Estado contra la revolución y contra la constitución, y los miembros de Ennahdha y el pueblo de Túnez defenderán la revolución”, indicó el partido islamista en un comunicado difundido en su página de Facebook.
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El líder de Ennahdha y presidente del parlamento, Rached Ghannouchi, junto a varios diputados intentaron ingresar a la sede la cámara custodiada por soldados, según un video difundido en la cuenta Facebook de su partido. “El ejército debe proteger el país y la religión”, dijo Ghannouchi dirigiéndose a los soldados para que abrieran la inmensa puerta del parlamento cerrada con una cadena.
Este lunes, frente al Parlamento -en la ciudad de Túnez-, varios centenares de seguidores del presidente Saied impidieron que los simpatizantes del principal partido parlamentario, Ennahdha, se acercaran a su jefe, Rached Ghannouchi. El presidente Saied y Ghannouchi están inmersos en un pulso político desde hace seis meses, que ha paralizado el gobierno y perturbado a los poderes públicos.
Frustración ciudadana
El domingo, miles de tunecinos protestaron contra la clase política, especialmente contra Ennahdha, fuerza mayoritaria en el Parlamento pero confrontada con el presidente. “Cambiemos de régimen” o “El pueblo quiere la disolución del Parlamento”, fueron algunas de las principales proclamas en las protestas, en las que abundaron las críticas al primer ministro Mechichi.
La opinión pública tunecina se muestra exasperada por los conflictos entre partidos que ha paralizado los poderes públicos y reclama también la falta de respuesta del gobierno a la crisis sanitaria, que ha dejado a Túnez sin abastecimiento de oxígeno.