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El príncipe Enrique y su misión en Afganistán

El Capitán Gales, como se le conoce en el ejército, terminó su misión en Afganistan y regresó contando que había matado Talibanes.

Fotografía tomada el 12 de diciembre de 2012 que muestra al príncipe Enrique de Inglaterra, o Capitán Gales como se le conoce en el ejército, antes de despegar en Camp Bastion al sur de Afganistán. / EFE
Fotografía tomada el 12 de diciembre de 2012 que muestra al príncipe Enrique de Inglaterra, o Capitán Gales como se le conoce en el ejército, antes de despegar en Camp Bastion al sur de Afganistán. / EFE

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El príncipe Enrique terminó su misión en Afganistan y regresó contando que había matado Talibanes. Esta afirmación podría considerarse normal en cualquier otro soldado del ejército londinense e, incluso, podría pasarse con más naturalidad de tratarse de otro príncipe distinto, de uno que no haya causado tanta polémica desde su posición. ¿Pero del príncipe Enrique? No, de él no puede pasarse a la ligera. Hay ya dos historias que hacen que su afirmación llegué a ser mucho más sensacionalista. La primera fue su aparición en una fiesta de Halloween, cuando tenía 20 años, con un uniforme Nazi y un brazalete en su brazo derecho con una esvástica dibujada. Sus fotos aparecieron en el diario londinsense “The Sun” y fueron polémicas en una época en la que justo se estaban celebrando en Europa las conmemoraciones del sexagésimo aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz. En esta ocasión el príncipe se disculpó: «Lo siento mucho si he causado alguna ofensa o vergüenza a alguien. Fue una mala elección de disfraz y me disculpo».

La segunda ocasión en la que causó revuelo en los medios, no hubo lugar para disculpas. El soberano fue descubierto por las cámaras de los periódicos, en compañía de sus amigos, completamente desnudo mientras jugaba una partida de “Strip billar”. Las fotos no se publicaron porque, se dijo, podían atentar contra la seguridad del príncipe; en una de ellas se le podía ver completamente desnudo, tapándose el sexo con las manos y, en otra, aparecía de espaldas abrazando a otra persona – no se supo si hombre o mujer –, también desnuda. La que habló en esta ocasión fue su secretaria personal que, para extrañeza de los medios, reconoció la autenticidad de las fotos y dijo que, por el momento, no tenían ningún comentario que hacer al respecto. Este hecho ocurrió en agosto del año pasado, cuando el príncipe contaba con 27 años de edad, y vino acompañado con un acontecimiento más: el soberano retó públicamente al nadador estadounidense Ryan Lochte, medalla de oro olímpica en Londres, en la piscina del hotel donde se hospedaba. Claramente no ganó pero se vio acompañado de mujeres en bikini a las que, cuentan, les pidió su número de habitación.

Este es el príncipe al que nos enfrentamos a la hora de escuchar una respuesta como ésta, frente a la pregunta de si había matado insurgentes desde su helicóptero de combate: “Sí, como ha hecho mucha gente, cobrarse una vida para salvar una vida”. El soberano pasó 20 semanas en Afganistán como piloto artillero de helicópteros Apache, su misión comenzó el 7 de Septiembre del año pasado y consistía en vigilar y apoyar las tropas de la coalición internacional que luchaban contra los talibanes, escoltar a los aparatos británicos y estadounidenses en misiones de rescate y, de ser necesario, entrar en combate. Mientras estaba en la misión fue entrevistado varias veces bajo la condición de que las agencias no divulgaran nada hasta el final de su labor y en las diferentes entrevistas sostuvo su posición:” Si hay gente tratando de hacer algo malo contra los nuestros, entonces los ponemos fuera de juego (…) disparamos cuando tenemos que disparar, pero esencialmente somos más una fuerza disuasiva que cualquier otra cosa”.

Es curioso escuchar al tercero en la línea de sucesión al trono de Inglaterra decir estas palabras de las que dependen la vida o la muerte de algún ser humano. Ya no es el juego de ponerse un disfraz con la esvástica, de desnudarse- seguramente borracho – en un juego de billar o de retar a uno de los mejores nadadores del mundo en una piscina de hotel. Esto ya hace parte de una guerra y hace pensar en aquella época en la que los dirigentes de un reino andaban en caballo, con espada y escudos. Ahora va en helicóptero y habla de estrategias bélicas. Qué lástima que sus anteriores acciones – o el sensacionalismo de los medios, vaya usted a saber – no permitan tomar este tema con seriedad y se trate, casi, como si fuera otra de las ocurrencias del ‘desinhibido’ príncipe Enrique.

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