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En los últimos años, Nigeria, que debía ser uno de los estados más prósperos del África subsahariana, se ha sumido en una espiral de violencia provocada en primera instancia por la violencia entre cristianos y musulmanes y, seguidamente, por la entrada del temido grupo Boko Haram en el circuito de los enfrentamientos.
El fondo del problema no es sólo el terrorismo, sino las dificultades para encontrar un equilibrio político entre el norte musulmán y el sur cristiano animista. La violencia sistemática contra la población cristiana comenzó con la elección del actual presidente, Goodluck Jonathan, cuando éste decidió alterar el principio del zoning, un acuerdo informal y no escrito para que al término de dos mandatos la presidencia del país cambie de comunidad religiosa.
Por lo tanto, se suponía que un presidente del norte musulmán debía permanecer hasta 2015, pero ante la muerte del entonces mandatario Umaru Yar’Adua, el vicepresidente Jonathan, representante del sur cristiano, asumió el cargo. Algunos esperaban que renunciara para permitir que un musulmán dirigiera el país hasta 2015, tal como lo planteaba el zoning. No obstante, Jonathan decidió permanecer como presidente encargado y posteriormente presentarse para las elecciones de 2011, en las que venció al rival del norte musulmán, Atiku Abubakar.
Desde ese entonces la violencia ha sido constante, con algunos picos como el actual, que islámicos extremistas han aprovechado para ganar control ante la debilidad estatal en algunas regiones del norte. Este contexto explica el ataque lanzado la semana anterior por el grupo Boko Haram en una escuela agrícola al nororiente del país, en el estado de Yobe, donde 40 estudiantes fueron asesinados mientras dormían.
El grupo extremista se opone a cualquier tipo de influencia occidental, de ahí que uno de sus objetivos sean los colegios donde se imparten enseñanzas que se alejen del islam. Votar, asistir a la escuela o usar alguna prenda occidental es considerado como una falta grave objeto de punición, tal como lo afirmaba Farouk Chotia de la BBC hace unos meses, cuando el mundo comenzaba a hablar de Boko Haram. Aunque el nombre formal del grupo es Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal-Jihad que significa “El pueblo comprometido con la difusión de las enseñanzas del Profeta y la yihad”, es conocido en el norte como Boko Haram, que significa “Prohibición de Occidente o de lo falso”.
Lo más grave es que en el norte el grupo tiene una capacidad de afectación considerable. En 2009 se pensó que desaparecería con la captura y muerte de su fundador, Mohammed Yusuf. Sin embargo, los ataques continuaron, y con la radicalización de la lucha contra el terrorismo en el mundo, Boko Haram ha encontrado fuente de inspiración para preconizar una lucha a muerte contra el Occidente cristiano.
Nigeria, que padece el terrorismo, ha encontrado que la mejor forma de combatirlo consiste en mejorar los indicadores sociales en el noreste, donde Boko Haram es fuerte. De resultar esta salida, significaría una revolución a la hora de enfrentar el flagelo global más incidente en materia de seguridad en lo corrido del siglo XXI.
* Profesor U. del Rosario.