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En busca de los culpables

Aunque hay consenso acerca de la utilización de un misil tierra-aire para derribar la aeronave civil con 298 personas a bordo, aún no se ha determinado cuál bando (rebeldes prorrusos o fuerzas de Ucrania) es el responsable del ataque.

Los rebeldes prorrusos controlan el acceso al sitio de la tragedia. / AFP
Los rebeldes prorrusos controlan el acceso al sitio de la tragedia. / AFP
Foto: AFP - DOMINIQUE FAGET

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Lo poco que parece realmente claro en medio del fuego cruzado de declaraciones por la caída del vuelo MH17 de Malaysia Airlines es que la aeronave no sufrió un accidente sino que fue derribada por un misil tierra-aire, según confirmó Barack Obama, presidente de Estados Unidos. El origen del misil y los responsables de su operación son otro tema.

En una agitada sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, los representantes de Ucrania y Rusia se acusaron mutuamente por el derribo de la aeronave, que con 298 personas a bordo cubría la ruta Ámsterdam-Kuala Lumpur. Aunque la balanza de la culpa pareció inclinarse hacia el lado de los rebeldes prorrusos (y por ende, en contra de Rusia), a juzgar por la intervención de la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Samantha Powers, quien afirmó que su gobierno no tiene información de que las fuerzas ucranianas posean misiles capaces de derribar un vuelo comercial en el Este de Ucrania, región en donde desde hace meses el ejército lucha contra la insurgencia prorrusa. La diplomática también resaltó que el ejército de Ucrania no ha utilizado misiles antiaéreos durante el conflicto con los rebeldes.

Explicar cómo llegaron los misiles conocidos como Buk, de fabricación soviética, a manos de los rebeldes es de vital importancia porque aclararía si este tipo de armamento fue proporcionado por Rusia, país que, se cree, ha venido armando extraoficialmente a los rebeldes que piden independencia del gobierno de Kiev. Esto tendría enormes consecuencias, por decir lo menos, porque no sólo demostraría la influencia de Moscú sobre un grupo armado irregular que derribó un vuelo comercial con civiles inocentes a bordo, sino que también podría vincular a los milicianos, y quizá a los rusos, en el derribo de por lo menos dos aeronaves más esta misma semana en la misma zona, ambas del ejército ucraniano.

El origen de los misiles tiene por lo menos dos teorías que, como todo en este asunto, son contradictorias. Por un lado hay reportes de prensa del mes pasado (agencia Itar-Tass) en los cuales los rebeldes afirmaron haber obtenido misiles Buk en un ataque a una base militar ucraniana en la región de Lugansk, uno de los puntos fuertes de la insurgencia.

Por el otro, el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, Pavlo Klimkin, aseguró que las fuerzas de su país no tienen este tipo de armamento en las regiones del Este y que ningún misil ha caído en poder de los rebeldes: “Estamos absolutamente seguros. Ayer (jueves) revisamos y ningún misil ha sido hurtado al ejército ucraniano. Nuestros militares no usan ningún tipo de armamento anti aéreo en la región, donde estamos conduciendo las operaciones antiterroristas, así que no hay ninguna posibilidad, ni siquiera teóricamente, de la captura de un misil de este tipo”. Lo dicho por Klimkin habría sido confirmado de cierta forma por las declaraciones dadas el viernes por la embajadora Powers ante la ONU.

Lo cierto es que el armamento convencional de los rebeldes no habría sido capaz de derribar un vuelo comercial que viajaba a más de 10.000 metros de altura. Los misiles que se cree tienen los insurgentes cuentan con un alcance operacional de, máximo, 4.000 metros. Los Buk pueden alcanzar un blanco mayor de 28.000 metros de altura y recorrer una distancia de poco más de 40 kilómetros. La idea de su diseño, de origen soviético, es proveer cubrimiento aéreo para tropas en tierra. Cada unidad es móvil y cuenta con cuatro misiles, capaces de entrar en operación en apenas cinco minutos. El tiempo estimado de recarga de la batería antiaérea es de 15 minutos.

Para operar armamento de este tipo se requiere de cierto nivel de entrenamiento y en este punto la balanza de la culpa parece volver a inclinarse en contra de los rebeldes prorrusos. El diario inglés The Guardian reportó que en un video reciente colgado en internet (ya fue borrado), Sergei Kurginyan, una reconocida figura prorrusa, afirma que los rebeldes les robaron misiles Buk a las fuerzas ucranianas y que, además, especialistas de Rusia viajaron a la región ucraniana de Donetsk para reparar este sistema antiaéreo, como “un gesto amable con una nación hermana”.

Por la labor para la que fueron diseñados, los misiles Buk cuentan con un espectro de radar limitado, pues no se conectan a redes de defensa aérea nacionales y esto limita la información a la que tienen acceso, explicó Dave Majumdar, consultor en temas de seguridad aérea en Technology Review del Massachusetts Institute of Technology. Esto podría explicar el derribo accidental del vuelo MH17, teoría que comienza a cobrar cierta fuerza.

Esta hipótesis apunta a que los rebeldes prorrusos (sin acceso a radares de alcance nacional) habrían intentado derribar una aeronave militar a gran altitud (escenario que ya se dio esta semana) y la confundieron con el avión de Malaysia Airlines a la hora de operar el sistema de misiles.

El viernes, un grupo de 20 investigadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE, por sus siglas en inglés) fueron expulsados de la zona del siniestro en Ucrania por rebeldes prorrusos que hicieron disparos al aire para impedir la entrada de los expertos. Al mismo tiempo que esto sucedía, Denis Pushilin, líder de la llamada República Popular de Donetsk, renunció a su puesto a través de una carta. Pushilin se encontraba en Moscú en el momento de su renuncia, para la cual no se dio explicación alguna.

slarotta@elespectador.com

@troskiller

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